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Carlos Fonseca, omnipresente y omnipotente

07 Noviembre 2018
Carlos Fonseca, omnipresente y omnipotente

Autor anónimo

Desde siempre Matagalpa lo tuvo como su más grande héroe. Lo guardó en su corazón, lo cuidó y protegió del acecho criminal de la genocida. Muy pronto se volvió una leyenda y un mito.

"Dicen que anoche Carlos Fonseca vino a ver a su mamá".

"Dicen qué estuvo donde Marquitos Altamirano y con Ramón Gutiérrez".

"Carlos Fonseca estuvo en el entierro de doña Agustina. Andaba disfrazado".

La guardia echaba a rodar la bola de que lo habían matado, porque a él lo mataban en todos los combates, pero de nuevo aparecía y así estuvo en Raití, en Bocay, en Pancasán, en la Casa de Las Nubes entrenando al Comando Juan José Quesada y en cientos de combates.

Pero el pueblo, que siempre lo creyó invencible, como realmente lo es, decía que no. Que no lo han matado.

Y así crecimos en Matagalpa. Buscándolo por las calles porque todos creíamos que de repente se aparecía. O corriendo hacia la morgue del Hospital San Vicente cada vez que allí bajaba un helicóptero, que siempre presagiaba muerte, para ir a ver si no era Carlos Fonseca al que traían.

Él caminó junto a nosotros por estos cerros con sus calles empinadas y nosotros crecimos junto a él. Siempre nos hizo sentir que era de los nuestros y nosotros siempre lo quisimos así, omnipresente y omnipotente.

A ese vendedor de lecheburras y melcochas, voceador de periódicos, estudiante pobrísimo y genial -Estrella de Oro del Instituto Nacional Eliseo Picado, INEP- hombre con una profunda y acerada conciencia de clase, militante revolucionario de toda una vida se le puede decir lo mismo que Fidel al Che:

"(...) Hombre íntegro a carta cabal, hombre de honradez suprema, de sinceridad absoluta, hombre de vida estoica y espartana, hombre a quien prácticamente en su conducta no se le puede encontrar una sola mancha. Constituyó por sus virtudes un verdadero modelo de revolucionario".

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