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El Salvador: frágil equilibrio

07 Junio 2009
El recien inaugurado presidente de El Salvador, Mauricio Funes tendrá que hacer verdaderos malabarismos políticos para ejercer con éxito el mandato que le entregó el pueblo salvadoreño. El pragmatismo del cual hace gala Funes parece indicar que pretende quedar bien con moros y cristianos. El frágil equilibrio que deberá desarrollar en su naciente gestión presidencial no se basa en supuestos giros a la derecha como desearan los plumíferos congelados en la guerra fría de hace dos décadas sino en la realidad salvadoreña y las coyunturas internacionales. La victoria de Funes no fue un mandato arrollador, sino una ajustadísima victoria que lo obliga a la moderación, habida cuenta que el aparato gubernamental de Arena está prácticamente intacto. El ejercito, aunque obligado constitucionalmente a ser políticamente neutral, tiene mayor afinidad ideológica con Arena que con el FMLN, al cual combatió por mas de una década. El petróleo importado de Venezuela, es canalizado por las alcaldías mayoritariamente controladas por el FMLN, lo que obligará a Funes a entenderse con Chávez. A diferencia de Ortega de Nicaragua, Funes no tiene el control, ni la estabilidad de las instituciones democráticas. Fresco está el "fiasco de San José", en donde el presidente Arias de Costa Rica, quedó en ridículo al no lograr durante una rara cumbre presidencial, ningún compromiso serio entre los escasos presidentes centroamericanos y el vicepresidente Joe Biden, quien expresó que dada la crisis financiera, Estados Unidos no estaba en capacidad de brindarles ayuda económica. Similar es la correlación de fuerzas de la sociedad salvadoreña. El poder económico de la Oligarquía continua incólume, mientras los sectores populares que votaron por Funes sufren el flagelo de la crisis económica global, resultante de la disminución de las remesas familiares y la caída de las exportaciones a Estados Unidos. La herencia que Arena le deja a Funes es abrumadora. Dos millones de salvadoreños han emigrado a Estados Unidos, huyendo de la "democracia arenera" y su capitalismo salvaje. La delincuencia en El Salvador, la más elevada de Centroamérica, es agravada por las deportación desde Estados Unidos de jóvenes de la "Mara Salvatrucha", sin futuro ni esperanzas, nulificados por un sistema que los rechaza aquí y allá. Algunos comentaristas convenientemente ignoran estas realidades, obsesionados por resaltar un supuesto distanciamiento de Funes con el presidente Chávez de Venezuela. Funes visitó a Chávez en Miraflores días antes de asumir la presidencia, en una sorpresiva visita. Las palabras de Funes luego de la visita: "nos hemos encontrado con un gobierno y un presidente solidarios" han sido oportunistamente obviados por la prensa internacional. Oculto está también que los tentáculos del narcotráfico ya han alcanzado a El Salvador, como lo sugiere el asesinato de varios diputados salvadoreños en Guatemala. Esta precaria situación se ve agravado por la condición de El Salvador de país "corredor" de ruta del narcotráfico con destino a Estados Unidos, el mayor mercado de droga en el planeta, proveniente de Colombia, también el mayor productor de cocaína en el hemisferio occidental. Pero el punto equidistante crucial para la naciente administración salvadoreña lo dio el mismo Funes al anunciar que su gobierno reanudará a lo inmediato relaciones diplomáticas con Cuba, país acusado por Arena y por Estados Unidos de estar detrás del conflicto bélico de los 80s, anunció que equilibró con la mención del mas querido pastor del pueblo salvadoreño, monseñor Oscar Romero, asesinado por los escuadrones de la muerte, creados precisamente por el fundador de Arena, derrotado en las últimas elecciones. Funes y su pueblo están de luna de miel, ahora deberán hacer realidad el sueño de monseñor Romero: "Resucitaré en el pueblo salvadoreño". Carlos Escorcia
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