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Abril de 2018

22 Noviembre 2018
Abril de 2018

Por Carlos Corea Lacayo (*)

La situación es complicada y creo que la estamos entendiendo mal puesto que la hemos dividido en 2 campos esenciales:

1) el de la lógica; y

2) el de los sentimientos.

Y hemos forzado a que uno suprima al otro.

Considero que podríamos —para entender mejor— simplificar un poco y nos encontramos con 2 opciones:

1- Olvidar o suprimir la evidencia ante nuestros ojos (el esfuerzo permanente de la oposición desde abril del 2018).

2- Observar mejor los acontecimientos para que estos se vuelvan más claros y nosotros a lo mejor más objetivos, y así —con la evidencia a mano— los podamos entender mejor.

Propongo —ante lo que he dicho anteriormente— que comencemos con algunas preguntas importantes:

1— Desde el 10 de enero del 2007 al 13 de abril del 2018, ¿a cuántas personas asesinó el gobierno de Daniel Ortega Saavedra? ¿Cuántos edificios públicos quemó el FSLN? ¿A cuántos policías tiroteó? ¿Cuántas alcaldías y estaciones de radio fueron consumidas por las llamas del Sandinismo?

La oposición nicaragüense afirma que el gobierno Sandinista —a partir del 13 de abril— asesinó a mas de 400 personas, lo cual es una acusación muy grave desde el punto emocional; más grave aún, si existiera la evidencia que pudiera comprobar la acusación.

2— ¿Por qué no hay videos ni audio de funcionarios del gobierno (o de las fuerzas coercitivas oficiales) secuestrando, amarrando, pintando, torturando, matando y quemando cadáveres, mientras hay sobreabundancia de videos mostrando a la oposición en estas mismas actividades?

3— ¿Por qué la evidencia existente sugiere que la violencia surge de la oposición y que el sandinismo tomó una posición defensiva en donde la misma Policía y el Ejército permanecían acuartelados, mientras los opositores quemaban varias estaciones mismas de la policía nacional? ¿Por qué es que hay 22 policías asesinados y otros 401 con heridas de bala, mientras todos los líderes de la oposición (en los tranques mismos) están ilesos?

4— ¿Tiene alguna lógica que el sandinismo haya pasado 10 años construyendo la infraestructura del país, desarrollando la economía, garantizando la seguridad ciudadana y desarrollando grandes programas sociales, para que arbitrariamente un día de abril de 2018 decidiera destruirlo todo?

Como consecuencia de esas 4 preguntas, surge una quinta aún mas importante:

5— ¿Cómo reconciliamos la lógica con las emociones?

La oposición culpa al sandinismo de todos los males posibles en el país y estas acusaciones salen cargadas de inmensas emociones y dentro de un paquete de exageraciones y rumores que nos tienen confundidos tanto a sandinistas comodidad a los opositores mismos, lo cual sugiere que se ha hecho muy difícil el acceso a la verdad.

El acceso a la verdad

La verdad es la primera víctima del golpe: en cuestión de minutos (a veces de segundos), desde diferentes puntos del planeta se esparcieron y reprodujeron "noticias" inverosímiles e imposibles de corroborar pues la mayoría de los "reportes, informes, cables, despachos, etc.", venían de nicaragüenses viviendo en el exterior (Miami, Costa Rica, Los Angeles, España, etc.), quienes crearon —desde sus computadoras caseras— un diluvio de fantasías que produjeron un clima tenebroso (menciono las que yo mismo leí en mi computadora desde mi oficina en Luxemburgo):

"Mataron a 2 curas en Matagalpa".
"Hay 50 desaparecidos en Monimbó".
"30 muertos en Estelí"
"200 torturados en Rivas"
"Gases venenosos que violan la Convención de Ginebra en Nindirí y ausencia de médicos para tratar a los afectados".
"Francotiradores en el Barrio San Judas".
"Una madre con sus 7 hijos perecen ametrallados cuando se disponían a protestar en un tranque".
"Policías violaron a 5 monjas cuando se iban a reunir para rezar un rosario por la paz de Nicaragua".
"Un policía le sacó los ojos a un muchacho después de decirle 'no vea lo que no le conviene chavalo contra curioso'".
"Los sandinistas le pegaron fuego a una casa por enarbolar la bandera azul y blanco".

El bombardeo de noticias falsas eliminó cualquier posibilidad de estar debida y propiamente informado y generó un problema —diría simplemente— hasta de salud pública, al causar terror, inseguridad, disociación con la realidad y angustia psicológica. Esta enfermedad de la noticia falsa se extendió por todo el país, haciendo que Nicaragua entera entrara en una zozobra nunca vista desde los días de la Guerra Contra, en donde el terror era la moneda de curso.

Una realidad incuestionable es que cualquier persona puede decir lo que quiera o lo que piensa que es la verdad, pero a menos que sus palabras estén respaldadas con evidencia concreta, a lo mejor después de un tiempo muy corto, nadie les va a creer —y con razón.

Debido a esta dinámica espectacular de noticias falsas, es necesario que rescatemos la verdad.

¿Cómo rescatamos la verdad?

Para esto necesitamos ponernos de acuerdo en cosas básicas como por ejemplo:

Si vemos que A mató a B, no podemos decir que A es la víctima de B.

En resumen, tenemos que ponernos de acuerdo en que vamos a aceptar la evidencia, independientemente de nuestros propios sentimientos. Por ejemplo, supongamos que me tiro del piso #15 de un edificio porque “no creo” en la teoría de la gravedad. En este caso, mi creencia es irrelevante ante la irrefutable evidencia de la fuerza de la gravedad y la fragilidad de mi cuerpo.

Si vemos que hay 22 policías muertos y otros 401 heridos de bala, resultaría ridículo argumentar que los 22 se suicidaron para que el gobierno culpara a la oposición pacífica (créanme, leí este argumento escrito por un ex compañero de colegio viviendo en Miami, quien es activista tranquero a medio tiempo y en sus momentos libres se dedica a escribir poesía y a modelar anteojos de verano).

No quiero descartar los sentimientos —pues aunque son parte importante de la experiencia humana, no tienen el peso de la evidencia— cuando se trata de rescatar la verdad.

Entonces, es posible que rescatemos la verdad una vez que nos pongamos de acuerdo y digamos juntos: "creo en la evidencia concreta, a pesar que algunas veces no esté en armonía con mis sentimientos".

El golpe

Daniel fue electo para terminar su período el 10 de enero del 2022 (elecciones en noviembre del 2021). Cualquier intento de acortarle el período presidencial que no esté contemplado en el calendario electoral, es un golpe de estado —así le llamemos rebelión, protesta pacífica, marcha de colores, auto-convocado, grito popular, etc.— . La ley existe y prevalece aún por encima de mis propios sentimientos.

Fue un intento de golpe y fue derrotado —eso es lo que muestra la evidencia— aunque el corazón de muchos esté un poco dolido.

¿Quién quiere el golpe?

La evidencia muestra algo sencillo y muy revelador: todas las organizaciones involucradas en el golpe de estado son financiadas por el NED —Fundación Nacional para la Democracia (ned.org). Esto lo refleja el mismo NED en su informe anual en su propia página web —o sea que es evidencia palpable e irrefutable. En algunos casos el financiamiento es de cientos de miles de dólares, en otros es de millones.

Aquí caben 3 preguntas:

1— ¿Por qué los estadounidenses quieren botar a Daniel?

2— ¿Por qué la clase política nicaragüense se puso al servicio de una potencia extranjera para dar un golpe?

3— ¿Es esta una experiencia nueva o, ya la hemos visto antes en nuestra historia nacional?

¿Qué hacemos de aqui en adelante?

Esta experiencia del golpe estremeció a Nicaragua y puso a la oposición en una cumbre de protagonismo no experimentado durante los 10 años de sandinismo; y también los puso en un estado de fatiga política, ya que invirtieron financiera y emocionalmente demasiado, pero sin los resultados esperados, dejándoles una frustración extraordinaria.

De igual manera el sandinismo quedó emocionalmente exhausto pues por un breve momento, pensó que se le podía frustrar el sueño de una revolución popular dedicada a beneficiar a las grandes mayorías históricamente excluidas.

Este es un momento importantísimo para Nicaragua pues a pesar del desgaste emocional, podemos aprovechar para ver los hechos fríamente y concluir sencillamente:

1— Hubo un intento de golpe de estado que fue derrotado.

2— Una potencia extranjera fue el agente activo que financió el golpe, con el consentimiento de las organizaciones nacionales que gustosamente aceptaron el financiamiento.

3— El golpe generó una crisis que se balanceó entre la lógica y los sentimientos.

Los nicaragüenses tenemos que aceptar la evidencia, aunque vaya en desacuerdo con nuestras emociones; y tenemos que aceptar que:

1— El FSLN es la fuerza política más grande y mejor organizada del país.

2— Tenemos que emprender una Reconciliación Nacional que —a pesar de nuestras diferencias políticas y nuestros sentimientos— nos empuje a seguir moviendo el país hacia la prosperidad, la seguridad ciudadana, y — sobre todo— hacia la paz y la fraternidad ciudadana.

Todos somos nicaragüenses y por consiguiente todos tenemos derecho a gozar de nuestra patria.

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