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Comentarios al artículo «La militancia en el Frente Sandinista»

18 Junio 2009
Como el resto de los 5.8 millones de nicaragüenses, nunca me he referido a los continuos ensayos políticos de Sergio Simpson, quien se dice director de un tal Centro de comunicaciones y estudios sociales, escritos con taimados ataques al Gobierno y al Frente Sandinista de Liberación Nacional, (FSLN), que a su vez reflejan miedo de llamar al pan, pan, y al vino, vino. Respeto su derecho a la libertad de expresión, y a exponer lo que considera es la verdad, pero el último, publicado este jueves 18 de junio en El Nuevo Diario (y que expongo al final), me obliga a abordarlo porque por un lado lacera a una gran masa de nicaragüenses, y por otro refleja un egoísmo sin límites. Obviamente, y lo confeso de entrada al reconocer mis limitaciones objetivas, políticas, ideológicas, cognoscitivas, etc., de la que hace gala en sus escritos, y que alguna vez le valieran, igual que hoy, supuestos méritos para creerse superior a la gran mayoría de los ciudadanos de este país. En su escrito, Simpson revela su dolor porque el FSLN decidió abrir las puertas del partido, sus estructuras, a todo el pueblo, que voluntariamente lo desee, por lo que arremete contra sus antiguos compañeros señalando que a los nuevos ingresados no se les provee de las "herramientas ideológicas" necesarias. En sus críticas, abunda en las concepciones y definiciones del "ser militante sandinista", del "ser revolucionario", categorías que le niega a aquellos que por su propia voluntad quieren ingresar al FSLN, sin percatarse en no reconocer la injusticia (Sentir en lo más hondo… Ché) histórica con ellos. Para no hacer más largo el asunto, Simpson arremete porque desde su criterio sólo merecen la militancia aquellos que en las primeras células de estudio del FSLN aprendieron el materialismo histórico y dialéctico, que se volvieron ser pensantes, estudiosos, "formado en el pensamiento sandinista con base en la filosofía materialista". No obstante, creo que es ser egoísta, y esa no es una de las cualidades de un "revolucionario", que aquellos que lograron recibir esa formación ideológica, no la masificaran desde hace 30 años, y en el caso de Simpson apuesto lo que tengo que jamás indujo a un nicaragüense siquiera por esos caminos. Dicen los sandinistas, que en 1980 "se contaron" los cuadros organizados en las estructuras del FSLN, unos dice que resultaron ser "más de 2,000", otros "más de 3,000", incluida -claro- la avalancha de oportunistas burgueses y oligarcas, que como en todas las épocas, se incrustaron como parásitos. Si bien entonces, aquellos que lograron acceder al "conocimiento científico" no se preocuparon por masificarlo entre todos los que apoyaron la gesta gloriosa del derrocamiento de la dictadura somocista con o sin el fusil, dejando para sí la alfabetización ideológica de las masas y mirándolas por encima del hombro. ¿Acaso no es vil, y esa no es una cualidad de un revolucionario, negar el acceso al FSLN o darle militancia, permanencia en el partido, a los cientos de miles de campesinos, que en las décadas de los 70 y 80 pusieron miles de muertos, y no pocos de ellos quieren abrazar oficialmente la bandera roja y negra? ¿No es una mezquindad, y esa no es una cualidad de un revolucionario, negarle la militancia sandinista a los miles de trabajadores, que como los campesinos, desde 1984 votan por el FSLN y han "mordido el leño" producto de las políticas neoliberales, sólo por ser ignorantes de la filosofía materialista? ¿No es ser ruin, y esa no es una cualidad de un revolucionario, rechazar a lo interno del FSLN a los cientos de miles de jóvenes, la mayoría de ellos que no saben ni supieron de la crueldad de la dictadura somocista, sólo porque no han pasado por una concientización ideológica marxista-sandinista? Simpson habla de que para él, "es inaudito, concebir a un sandinista sin rebelarse ante las arbitrariedades", pero aquí cabe preguntarse cuándo y con cuántos se rebeló en los años 80 contra ello, cuando entonces la autoridad en el partido era férrea y sin capacidad de debate, menos de disentir. Ataca la "masificación" de la entrega de la militancia porque en el fondo estima -y ese era el criterio ya superado- de que sólo los guerrilleros legendarios, los combatientes y colaboradores históricos tiene derecho al carné, en la 1ª, 2ª, 3ª, etc., promociones, «¿y el resto de la ciudadanía sandinista?» Si antes, durante la lucha contra la dictadura, grandes dirigentes del FSLN les abrían las puertas de la organización a los nicaragüenses, pese a los peligros de la lucha armada, de las delaciones, ¡cómo no se va a justificar ahora que se les abran masivamente para forjar un nuevo país! Dicen que entregarán al menos 1.5 millones de carne de militancia y eso sólo les duele a los arrogantes y egoístas, que se quedaron "arriba" en glorias pasadas, sin ver la necesidad de rescatar la obligación de educar en la formación revolucionaria a las nuevas generaciones, y a los viejos que quieran. ¿Qué habrá muchos oportunistas en la carnetización? Es seguro, pero facilita detectar y quizá reconocer a aquellos viejos sandinistas que con militancia y sin ella, es más: sin reclamarla nunca, también apoyaron la lucha de hace 30 años, curando, trasladando y escondiendo heridos, dejando a sus hijos sin comida y agua para darle a los combatientes, a las viudas, a las decenas de miles de civiles que cayeron en el fuego cruzado, llevando correos o informaciones, tantos hijos y familiares de héroes y mártires. Los habrá porque también ser oportunista es parte del ser nicaragüense, precisamente por la falta de educación, de concientización, de enseñar dignidad, y no uno hablará como el que cita Simpson en su artículo, que a su vez plagia de un diario local, demostrando su pereza como "periodista". Pero los cientos de miles que se quedan, seguramente más de 1.2 millones de sandinistas, tendrán la oportunidad de educarse en el conocimiento científico, en filosofía, ideología, etc., y esto no lo puede dejar pasar el FSLN, para ello lo puso a cargo de Carlos Fonseca Terán. ¿Qué será tarea titánica? Si pero eso no nos arredra. Todos sabemos que entre los sandinistas hay tres corrientes, la mayoritaria del FSLN de Daniel Ortega que sus adversarios llaman "oficial", una muy pequeña, el Movimiento por el Rescate del Sandinismo, que por sí sólo se explica, y la otra, también minoritaria que se abraza con la derecha, desde ahí escribe Sergio Simpson. La militancia en el Frente Sandinista Sergio Simpson La concepción revolucionaria de Sandino y el Frente Sandinista, está siendo suplantada, masificando la militancia sin proveerla de herramientas ideológicas para construir una nueva sociedad, un diferente ser nicaragüense. Los valores nacionales son producto de las doctrinas del sistema creado desde la colonia, sustentados en conceptos feudales. El pensamiento oligarca, lo sabemos, continúa siendo quien organiza el poder estatal. No hemos superado en el país: la imposición y la reverencia. Ser militante sandinista, en principio, es ser estudioso de los fenómenos sociales y plantear soluciones, programas que liberen a la clase dominada, vejada, y obtenga los derechos ciudadanos. Contradictorio es llamar militante sandinista a quien no conoce ni está comprometido con los conceptos de izquierda, ni concibe relaciones horizontales con el poder y se muestra sumiso ante las arbitrariedades o las comete. No somos perfectos los animales humanos, sin embargo, ser revolucionario es una actitud permanente para superar las imperfecciones animales. Podría llamarlo, mejor, ser evolucionista partiendo de Darwin. No imagino a un militante sandinista que desconozca el papel que jugó el trabajo en la transformación del mono en hombre, ni haya estudiado materialismo histórico y dialéctico, y se encuentre alienado. Partido de masas contra partido de cuadros Quienes apuestan por un partido de masas, restan importancia a un partido de cuadros, descartan las características del militante, formado en el pensamiento, o como escribía el comandante de la revolución, Ricardo Morales Avilés, formado en el pensamiento sandinista con base en la filosofía materialista. El sandinistas es un ser pensante, analítico, opuesto a la dominación de clase, de unos pocos sobre la mayoría de empobrecidos nicaragüenses, entre éstos militantes históricos, combatientes insurreccionales olvidados por quienes subieron al estrado como grupo dominante. Entregar militancia a personas que no disciernan sobre la diferencia entre el trabajo asalariado y el capital, sus consecuencias y daños a la clase trabajadora, es crear masas circunstanciales alrededor del simbología, y presentarlas en actos, sin contribuir a transformaciones sustanciales. La miseria en Nicaragua es consecuencia del criterio de quienes ostentan cargo público, sobre la mayoría de habitantes. Los primeros piensan sumar capital vertiginosamente, utilizando el Estado en beneficio propio y de grupos afines o socios. Los segundos, en suma jamás han salido de la miseria conceptual y económica. No se han liberado. El militante sandinista es quien se libera del señorío de quienes desde el Estado imponen sus ideas, sus formas de organización, y reprimen las libertades ciudadanas. Es inaudito, concebir a un sandinista sin rebelarse ante las arbitrariedades, abusos y corrupción de “la autoridad” cualquier sea. Existe diferencia entre el militante sandinista y el simpatizante del FSLN. No es un asunto de categorías en escala de mando, sino de formación ideológica, aun cuando muchos que se decían ideológicamente materialistas, ahora son capitalistas mitómanos y militantes del FSLN. En el FSLN, la hegemonía revolucionaria no existe. Por tanto, tampoco coexiste homogeneidad en sus cuadros, que oscilan entre millonarios y pobres, éstos, asignados al trabajo electorero, sin gozar los beneficios económicos, ni siquiera proporcionales a los ingresos de directivos. Esa desigualdad es consecuencia de las diferencias entre el trabajador asalariado y los capitalistas. En el FSLN, los capitalistas no quieren partido de cuadros, de pensantes con autoridad moral apegados a principios. En el FSLN quieren engañarnos con la masificación, como muestra de aceptación electorera. Un carné recibido sin méritos, o sin los méritos ideológicos y sus actos, es una farsa. Probable, algunos o miles quieran ser militantes del FSLN, tienen derecho, sin embargo debiesen transcurrir, al menos, por una formación política cognoscitiva. Serán militantes sin convicción Antonio Gramsci escribió: “Esto es el centralismo democrático: todos los cargos están abiertos a los militantes y son electivos, con libertad para deliberar pero, una vez elegidos los cargos y las líneas a seguir, todo es indiscutible, hay una subordinación jerárquica de los cargos. La autoridad viene de arriba, la confianza viene de abajo.” Con la masificación, en el FSLN obvian la calidad requerida para deliberar, la capacidad para solucionar, la habilidad para obtener resultados satisfactorios en beneficio de la sociedad y no me refiero a dádivas o proyectos asistenciales, sino a programas económicos y políticos alteradores de “la cultura nacional”. Más bien, en el FSLN tratan desvirtuar el pensamiento sandinista. Los sitúan arcaico, sino veamos dónde están las obras de Carlos Fonseca, Ricardo Morales Avilés, Óscar Turcios, José Benito Escobar, Leonel Rugama, Eduardo Contreras, Germán Pomares, entre otros pensantes. Imagine, que en el FSLN entregan militancia a personas que jamás han leído las reflexiones de los dirigentes mencionados, mucho menos estudiado historia y filosofía materialista. Y se le nombra militante a quien recibe carné por necesidad de un trabajo o carta preferencial. Están creando un partido de mentiras, de masas sin cuadros que dirijan científicamente el proceso de cambio. Debe ser que no quieren cambio de sistema, sino permanencia de métodos, tradicionales y culturales, para remozar las relaciones de poder, con muestras de sensibilidad social, obviando la lucha de clases entre dominante y dominado. Si no fuese, a la militancia del FSLN hubiesen convocado en todos los sectores, desde las bases, para discernir y elaborar planes programáticos. La intención con los Consejos del poder ciudadano, más bien ha contribuido a fraccionar al partido, imponiendo estructura que suplanta la que en las bases durante años han formado las personas para defenderse del capitalismo feudal o agruparse en busca de logros. Contradicción entre militantes viejos y nuevos Con la derrota electoral de Daniel Ortega y Sergio Ramírez, en 1990, cientos de militantes sandinistas quedaron empobrecidos, luego de entregarse al combate contra la Guardia Nacional de Somoza y defender la Revolución Popular Sandinista y a su Dirección Nacional. Por su capacidad de lucha y experiencia organizativa, la histórica militancia sandinista de base, ha sobrevivido a las exclusiones y opresiones de los gobiernos de la derecha tradicional. Nada más resistiendo las políticas clasistas del capitalismo feudal. Otros, los nuevos sandinistas, “más preparados”, y que no combatieron o fueron funcionarios menores en los ochenta, siempre en la burocracia, en los pasillos de la corte, se asociaron en el mercado, aprovecharon las influencias, capitalizaron al partido y ellos obtuvieron buenas comisiones. Pero no sólo capitalizaron al partido, muchos de ellos, demasiados, se convencieron de que merecen una vida cómoda, igual a los capitalistas, y fueron cooptados con todos y sus malos gustos de consumo y presentación. Hasta escenificar el ridículo y lo cursi, made in. Siendo como es de burlesco el nica, escucho a militantes insurreccionales y defensores del FSLN en los ochenta, expresar que es lesivo recibir de nuevo el carné de militante de quien no tiene méritos o a la par de quien hasta, en este proceso masivo, dice ser revolucionario. Y prudente, como también es el nica, confiesa un trabajador del Estado: Mejor yo agarro ese carné, no vaya a ser y me corran del trabajo… y la cosa está fea, todo caro… y no hay chamba. Otros, firmes en sus convicciones, pregonan: Yo no voy a ir a recibir un nuevo carné de militante si me lo entrega fulano de tal, oportunista en el partido, con procedimientos viciosos. Por supuesto, hay quienes convencidos recibirán la militancia, orgullosos de autollamarse revolucionarios y reclamar con autoridad el rescate de los principios por los cuales murieron miles de compañeros y compañeras. Mientras las injusticias del sistema opriman al pueblo nicaragüense, el militante sandinista es el primero en desobedecer. Veremos si los nuevos militantes van a responder a las calidades conceptuales y asumirán juicios argumentados, votarán por el FSLN o reproducirán código de la sobrevivencia en la miseria: obedeciendo absurdos.
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