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El sacrosanto libre mercado

02 Febrero 2008
El sacrosanto libre mercado Un conocido político-empresario-economista, en entrevista a un canal de TV el día 30 de enero, vertió sus opiniones sobre la comparecencia del presidente Daniel Ortega en cadena de radio y televisión el día 29. Entre otras cosas, el economista-empresario-político comentó sobre el "precio justo" al que Daniel se refirió varias veces en esa comparecencia y en otras ocasiones. La explicación de Daniel sobre el precio justo, fácil de comprender por nosotros, los analfabetos económicos, fue fuertemente cuestionada por el economista-político-empresario, citando incluso datos de escritos del famoso Joseph E. Stiglitz, para reforzar sus argumentos. Por supuesto para los economistas, es imposible comprender un intercambio justo, basado en la solidaridad. Esa maravilla que ya está funcionando en varios países de nuestra América, gracias a la Alternativa Bolivariana para las Américas, ALBA.. Desde que Nicaragua se integró al ALBA, la lógica del intercambio, del mercado, que se realiza entre los países que lo conforman, ha dejado de ser sobre la base de relaciones de explotación de un país sobre otro más débil, para convertirse en relaciones de fraternidad, de solidaridad, con intercambio de productos, y técnicas, según las necesidades de cada país. Pero más asombroso fue escuchar al empresario-economista-político, sus opiniones sobre las relaciones salariales. Según ese señor, el gobierno del presidente Ortega, cometió un grave error, al aumentar el 12% al salario mínimo. Y por supuesto también erraron los sindicalistas, con sus exigencias sobre el nuevo salario mínimo, por las consecuencias negativas para la clase trabajadora, ya que crecerá la tasa de desempleo. Los argumentos del señor, que para más bochorno, se auto considera "de izquierda" son exactamente los mismos del señor Bolaños. Dijo el empresario-economista-político, que en la zona franca, producto de ese aumento en el salario mínimo, fueron despedidos 3.500 trabajadoras y trabajadores, porque las empresas vieron mermadas sus jugosas ganancias y cerraron fábricas. Es decir, según este famoso empresario-economista-político, el gobierno nicaragüense debe mantener salarios de hambre en general, y en las zonas francas en particular, para poder contar con esa inversión extranjera, que tantos "beneficios" le traen al país: cero pago de impuestos, trato esclavizante para las y los trabajadores, violación de leyes laborales por la prohibición de formar sindicatos, contaminación de fuentes de agua, por sus desechos líquidos no tratados debidamente… Esas empresas "invierten" en el país exclusivamente porque -para nuestra vergüenza- encuentran aquí los salarios más bajos de la región. Por lo tanto, según ese señor, hay que mantener a los obreros sin posibilidades de superación económica ni cultural. Nada de mano de obra calificada. Para ser atractivos para esas empresas, basta con mantener salarios de hambre para los trabajadores. Sólo somos un país atractivo, si tenemos trabajadores dispuestos a vender su fuerza de trabajo por unos centavos, para que las ganancias de las empresas sean lo suficientemente jugosas, y "no se nos vayan los inversionistas". Las condiciones de vida de nuestras obreras y obreros no le preocupan al señor empresario-economista-político. Parece imposible que un empresario-político-economista, con tanta cultura, desconozca, o no quiera conocer, que lo que da posibilidades de crecer a un país, no es mantener una mano de obra barata por debajo de los precios regionales, que atraiga a inversionistas de zona franca, sino emprender un plan de producción adecuado, para vencer el desempleo, aumentar el poder adquisitivo de los trabajadores y de la población en general…incluidos los empresarios, y ser competitivo a nivel internacional. Y ese aumento de la producción es lo que el gobierno está buscando, entre otras cosas, con la integración de Nicaragua al ALBA. Desafortunadamente el entrevistador, al que considero un buen periodista, acucioso, con preguntas a veces incisivas, en esta ocasión -¿quizás por el impacto de semejante argumento de tan conspicuo entrevistado?- no estuvo a la altura a que nos tiene acostumbrados, y aceptó, sin rebatirlas, las opiniones de ese señor. Un voto de confianza (a pesar de las sesudas declaraciones del político-empresario-economista) para nuestras autoridades. Esperemos que no serán las leyes del sacrosanto libre mercado las que nos rijan en estos cuatro años que restan del gobierno sandinista. Aunque quizás no lo puedan entender los políticos, los economistas ni los empresarios.
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