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Honduras: Carta por la vida y la verdad

26 Junio 2009
Por Raúl Samayoa. A mis hermanos y hermanas, compañeros y compañeras en el dolor y sufrimiento y en el camino de la verdad y la justicia. La verdad para Honduras y los pueblos de América Latina ha sido amarga y dolorosa. La entrada a este infierno de injusticia ha estado adobada con manjares, corrupción de líderes, falsos profetas creación de estructuras de violencia, leyes y concesiones vergonzosas para el saqueo garantizado de nuestras tierras y favorecer la voracidad de unos pocos, servidores de un sistema que ha creado la miseria en la mayoría de las poblaciones. En pleno siglo XXI, en Honduras se presenta el enfrentamiento de la verdad de la vida, con la mentira sobre la muerte, la enfermedad y la miseria; “la verdad os hará libres” y la mentira os hará prisioneros en la inmensa cárcel de lo que se llama pomposamente “constitución y democracia”. ¿Cuál es el tema del debate nacional?: Por parte del poder dominante prohibir la participación popular en una encuesta nacional que ha convocado el Poder Ejecutivo; para que el pueblo se exprese en la Cuarta Urna si se reforma o transforma la Constitución de la República mediante la convocatoria a una Asamblea Constituyente. ¿Cuál es el problema? ¿Quién manda en Honduras?, ¿Cómo se manda y para qué se manda? ¿Cuál es el objeto de reprimir la participación popular en una encuesta? ¿Quiénes son los ciudadanos, actores o sujetos históricos? ¿Quiénes son las víctimas, los victimarios? ¿De qué lado estamos? ¿Con el poder dominante o con los pobres y oprimidos y silenciados en las llamas del sufrimiento hacia su esperanza que son la libertad y la justicia? Cuatro discursos están en el escenario del problema sobre la Cuarta Urna y la Asamblea Constituyente en Honduras: el teológico, el jurídico, el publicitario y el discurso del pueblo y de los que se identifican con las causas populares. El discurso teológico tiene una fuerza ideológica y persuasiva cuando su fundamente se basa en el castigo si no se respetan los poderes terrenales; se torna por lo tanto sectario y fundamentalista, a diferencia de un discurso teológico que escucha y convive con el mundo de los pobres. La iglesia hondureña consecuente, sea católica o evangélica, tiene sus mártires, sus curas, monjas, celebradores de la palabra y pastores que han sido coherentes con lo que dicen y lo que hacen, son ecuménicos y partidarios del Jesús de los pobres y estamos seguros de que no están en contra de que el pueblo participe y se exprese sobre la Cuarta Urna y la Asamblea Constituyente. Como bien lo expresa el obispo emérito Pedro Casaldáliga “La religión y la política han de acoger esa respuesta hasta las últimas consecuencias. La vida de Jesús es esa misma respuesta… La opción por los pobres define toda política y toda religión. Los pobres definen, con su vida prohibida y con su muerte antes de tiempo, la verdad o la mentira de una sociedad, de una Iglesia”. Bien decía Gandhi que “la verdad es el objetivo y el Amor, es el medio para llegar a ella”. Si no se ama a la vida, a la familia, a todas y todos los seres humanos, la tierra, el agua, los aires, los suelos, los bosques, las plantas, los animales, y sobre todo a los pobres no se pueden manifestar ni defender la verdad. Tal como dice el célebre poeta Dante “El amor mueve el sol y las estrellas”; cuando el pueblo participa con amor por la verdad y la vida. El segundo discurso dominante es el Jurídico, donde la ley es la forma separada de la esencia de la vida y la justicia. El ser social (el pueblo) nunca es consultado y la Constitución se convierte en el dogma y la Carta Magna es la expresión fundamentalista donde "Dios es la constitución". Se trata de un documento dado y elaborado por la clase dominante, infalible, donde los poderosos deciden cuándo modificarlo, violarlo a favor de sus intereses y cuándo y en qué momento le dan permiso al pueblo para opinar. Es un discurso donde dice que todos somos iguales ante la ley y que el fin supremo de la Constitución es lo humano; sin embargo es todo lo contrario porque lo que vivimos es una profunda desigualdad económica y social, con discriminación de genero y étnica El tercer discurso es el publicitario; el poder recurre a todos sus medios, reúne a sus cuadros ideológicos e intelectuales; sus viejas y nuevas tropas; se ponen sus viejos uniformes o marchan bien limpios y vestidos porque son puros defensores de la constitución y quienes están en contra son sucios, impuros y corruptos. Aceitan sus cerebros para generar el terror y el miedo. La verdad es la verdad de ellos y del poder del coloniaje. Invitan a los golpes de estado. El pueblo tiene que tragarse la verdad de ellos, rumiarla pero no digerirla o cuestionarla y a los que están a favor del pueblo los y las insultan y denigran. El cuarto discurso es del pueblo que clama por la verdad, la vida y la justicia; y por el derecho soberano de participar y decidir una nueva Constitución y una Asamblea Constituyente donde participen las fuerzas sociales, los pobres y oprimidos y se reconozca los derechos de los pueblos originarios, los garífunas afro descendientes y todos los sectores que también están sumidos en la pobreza. Un pueblo es más grande que un ejército, está cansado de leyes ficticias, quiere decidir y para hacerlo tiene que exigir su derecho a transformar la Constitución y a estar representado en la Asamblea Constituyente por quienes han sido elegidos directamente para ello. Un pueblo digno no es servil a los intereses que lo han subyugado, el camino de la dignidad comienza el 28 de junio 2009; que significa votar por la defensa de los derechos del pueblo. No hay que tener miedo, jamás un pueblo será libre si no lucha por su verdad, por su dignidad; por el respeto a la vida y a la libertad soberana. Raúl Samayoa
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