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¡Bravo Señor Presidente de Honduras!

26 Junio 2009
¡Bravo Señor Presidente de Honduras! Por Víctor Manuel Ramos El Señor Presidente Constitucional de la República, Manuel Zelaya, ha tomado al toro por los cuernos y ha demostrado que donde manda capitán no manda marinero y que, consecuente con su interés por devolver la dignidad al pueblo hondureño, por darle la oportunidad de ser partícipe de decidir acerca de su propio destino, ha destituido al General Romeo Vásquez Velázquez, de su condición de Jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas y ha aceptado la renuncia del Ministro de la Defensa Edmundo Orellana Mercado. La poderosa minoría que ha tenido el control del país, desde su independencia de España, es la misma que impidió la consolidación de la República Federal de Centro América, la misma que asesinó a Morazán, la que combatió contra Cabañas, la que mantuvo al país sumergido en el caos de la guerra civil, la que se entronizó mediante la dictadura y lamió las botas de los militares golpistas y cooperó con los militares asesinos que encabezaba Álvarez Martínez y que permitió la utilización del territorio nacional para agredir a países hermanos convirtiéndonos, como nos calificó Gregorio Selser, en “republiqueta alquilada”, la que quiso convertirnos en protectorado de Los Estados Unidos, la que ha querido darnos atol con el dedo con una democracia hecha a su medida, está ahora contra la pared. Más no derrotada. El Presidente, sin embargo nos ha dado una lección de dignidad y de determinación de ir adelante con su proyecto político que, como consecuencia patriótica, debe ser seguida de la adhesión de la gran mayoría del pueblo, sobre todo de los que han sido eternos olvidados y que ahora tienen la posibilidad e emerger a la vida política como responsables y conductores del destino de Honduras hacia la meta de la justicia social y la democracia que nos tome en cuenta a todos. Los llamados golpistas de esta minoría poderosa surgieron de todas partes, queriendo llevar pánico al pueblo con el cuento ya conocido de que viene el lobo. Sin embargo el pueblo, a mi parecer ha despertado y se ha dado cuenta de que, como afirma D’Escoto que “no es humano ni responsable construir una Arca de Noé que salve solamente al sistema económico imperante dejando a la gran mayoría de la humanidad a su propia suerte, sufriendo nefastas consecuencias de un sistema impuesto por una irresponsable, aunque poderosa minoría”. En un abuso insensato de la libertad de prensa y de expresión que aquí se respira, muchos perifoneadores han llegado al extremo de irrespetar al Señor Presidente y algunos, como Renato Álvarez ha, incluso, montado una campaña pidiendo un golpe de Estado patrocinado por los militares. Por eso no ha tenido escrúpulos para reunir a los militares retirados que le han hecho eco a su afán golpista. Lo que no dijo Renato en su programa es que de entre esos señores hay quienes son responsables de las acciones criminales de Álvarez Martínez y otros que fueron actores en los gobiernos golpistas y criminales que condujeron al país al retraso económico y político. Renato, como dice Fabricio Estrada, los absolvió, para que en su condición de impolutos intentaran nuevamente volver a las viejas andadas, que siempre tuvieron la gracia de los santos óleos impartidos por los santísimos Arzobispos de Tegucigalpa en los Tedeum de rigor. Y tenían preparado el golpe de Estado. Por suerte el Presidente les madrugó. ¡Bravo señor Presidente! El golpe de Estado es el único camino que los grupos de poder, mediante el cual quieren legitimar lo ilegítimo de oponerse a que el pueblo pueda opinar, a que el pueblo quiera cambiar la Constitución que nos tiene atados como mecanismo para impedir de que surjan nuevas perspectivas y que se abran nuevos rumbos. El pueblo ya no se engaña y por eso se apresta a la movilización total en respaldo de su Presidente -¡Por fin tenemos un Presidente!-. Y, estemos todos listos para que el domingo vayamos a “votar y callar a estos bárbaros”. Víctor Manuel Ramos. Anestesiología, reanimación y dolor. Las Colinas, 6a. Calle, 3339, Tegucigalpa, Honduras.
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