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No quieren aprender porque les sobra odio

01 Abril 2019
No quieren aprender porque les sobra odio

Por Ramón E. Matus

 

En un año Nicaragua quedo irreconocible. La realidad y los sueños de un país han sido seriamente abollados, precisamente cuando sus indicativos económicos y sociales tomaban vuelo hacia un crecimiento sostenido, es decir, progresábamos después de 50 años de estar en el fondo de la olla.

 

Pasaron cosas horribles, propias de las guerras o aquellas situaciones donde la gente se enfrenta por asuntos de credo, raza o hambre. Acá solo fue odio, manipulación e intereses políticos. "Nada más".

 

Pero entre tantas cosas horribles, tres cosas quedaron grabadas indeleblemente en mi mente: un niño inconsolable llorando sobre el ataúd de su padre policía emboscado, asesinado; un hombre humilde del pueblo asesinado por tranqueros porque el hombre se atrevió a preguntarles el motivo por el cual asesinaron previamente a su hijo. Su cuerpo fue tirado a un basurero. Y lo que también a todo el país impactó: la saña con que fue torturado, asesinado y quemado un joven policía en Masaya.

 

Pero como la lluvia empieza con una gota, estas atrocidades empezaron entonces con "cosas sencillas" como fajear o pintarrajear a jóvenes creyéndolos miembros de la Juventud Sandinista, como si eso fuera un delito. Luego vinieron las golpizas, el escarnio público, desnudando y linchando inicuamente a personas de todas las edades y sexo, siempre por la misma razón: la intolerancia y el odio.

 

Así que el sábado pasado, en un cómplice Centro comercial de Managua, la película volvió a rodar.

 

Ellos no aprenden porque no quieren aprender. Los mueve un plan o un salario, pero sobre todo les sobra odio. Odio al sandinismo, odio al país, odio a la paz.

 

Los que desde su cómodo exilio o sus guaridas cobardes dirigieron y financiaron los disturbios y la destrucción, los que manipularon a centenares de jóvenes irreflexivos los cuales hoy están pidiendo un pedazo de pan en Costa Rica o sufren su mal proceder en otros caminos, esos, han vuelto a sus andadas. Ya empezaron de nuevo.

 

No les importa Nicaragua ni su gente ni el progreso ni las leyes, ni sus propios seguidores, pues no hay motivación razonable en su actuar aunque se arropen con nuestra bandera y griten nuestras consignas.

 

Esperemos que nuestras autoridades detengan su paso con el uso de la ley, o todo volverá a descontrolarse. Eso es lo que esos insensatos quieren.

 

Peo hay que avisarles que es imposible solo pensar en una Nicaragua sin sandinistas, aunque los mismísimos gringos lo quieran, pues somos parte de este pueblo y de esta nación. Se debe contar con nosotros. No nos deben subestimar, ni siquiera ignorarnos, mucho menos querer desaparecernos o matarnos. Somos millones.

 

Los sandinistas somos buenos en la Paz, tendemos la mano, olvidamos las ofensas. Pero somos grandes guerreros cuando se nos provoca y nos obligan a pelear.

 

Por el bien de todos: sigamos negociando, buscando la paz conversando.

 

¡No provoquen otra vez!

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