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Falsos jueces, criminales protegidos

05 Abril 2019
Falsos jueces, criminales protegidos

Por Vicente Verdaguer

 

Digamos que estamos asistiendo a pelea de boxeo. Fuera del ring los jueces anotan los puntos de cada uno de los boxeadores. Punto para A, punto para B, y así va marchando la contienda, acumulándose los puntos de uno y de otro, hasta que la pelea llega al final y el juez, o los jueces, suman los resultados y determinan el ganador.

 

Eso es lo que hace un juez de boxeo. Y pasa lo mismo en cualquier asunto en el que un juez tenga la obligación de determinar la responsabilidad de los hechos, la culpa y la inocencia de los implicados.

 

Para determinar la responsabilidad de los sucesos lamentables de abril a julio del año pasado, el gobierno de Nicaragua les dio potestad a jueces internacionales, que creímos imparciales y con sentido de justicia. Estos jueces fueron la CIDH, el GIEI y el MESENI.

 

Estos jueces desde el inicio mostraron que traían ceguera parcial. Miraban los golpes de uno, pero de los otros no. Cada golpe era anotado favorablemente al tramposo boxeador protegido, y en cambio todos sus "golpes bajos" eran anotados al lado contrario, sin ningún sentido de justicia.

 

Así, en aquella triste realidad de abril a julio, los nombres de policías y simpatizantes del gobierno que habían sido asesinados de las formas más aberrantes por las decenas de delincuentes que mantenían a arma y fuego el dominio de los tranques, fueron incluidos por esos jueces en la lista de víctimas de la represión y fueron estruendosamente adjudicados al Presidente Daniel Ortega sin más ni más.

 

Asimismo, esos mismos jueces con su parcializada ceguera y sin sentido de la justicia, minimizaron cualquiera de las expresiones de golpes bajos usadas por la estructura criminal de los tranqueros. Esos golpes bajos se usaron para denunciar en sus foros internacionales lo que ellos llamaban "criminal represión", y para respaldar y fortalecer las sanciones arrogantes impuestas por EEUU, que nos afectan a todos los nicaragüenses sin excepción.

 

Golpes bajos como la avioneta de mentira que roció cipermetrina para matar monimboseños, o como la camioneta cargada de paramilitares que debió ser mágica o voladora pues se apareció disparándole a un funeral en la Masaya de barricadas ubicadas a media cuadra una de otra, o como aquel persistente grito mentiroso de todas las noches "nos están matando", o como los hostigamientos diarios a la policía acuartelada que los anunciaban al revés, o como los enfrentamientos que jamás existieron y que dejaban –decían en las redes– regueros de muertos y heridos, o como los auto ataques que eran percibidos como reales por quienes llenos de miedo dentro de sus casas, rezaban u oraban tirados al piso o simplemente ponían a circular en las redes lo que creían verdad.

 

Y ni hablemos de los francotiradores adjudicados con pasmosa rotundidad a Ortega, aun cuando jamás fueron identificados y operaban invisibles en la noche y a distancia y extrañamente jamás dispararon a líderes de manifestantes y en cambio fueron si, muy efectivos y certeros matando niños y jovencitos.

 

Cada detalle fue puesto por esos jueces en la lista de puntos que más favorecía a los que desde hace años han venido planificando las acciones para un Golpe de Estado. Elementos muy bien programados y ejecutados para crear el resultado más favorable de la guerra psicológica, avalados por unos jueces parcializados y mentirosos.

 

Eran los jueces y también se comportaron como los ejecutores intelectuales del crimen y de la división de este pueblo que fue arrastrado a una aventura inútil y destructiva.

 

¿Cómo podría alguien confiar en un juez así? Yo no podría. Insisto: no era necesario destruir Nicaragua.

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