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¿Ha llegado la hora del cardenal Brenes?

11 Abril 2019
¿Ha llegado la hora del cardenal Brenes?

Por Ramón E. Matus

 

Con cara compungida y a ratos conteniendo las lágrimas, Silvio Báez anunció en conferencia de prensa (siempre tan amante de las cámaras) el llamado a Roma que le hizo el mero Papa. A su lado, con esa cara de genio loco o viejito sin familia, el Cardenal Brenes, extrañamente serio y circunspecto, le daba más teatralidad al inesperado giro en la vida profesional (o apostolado, como gustan ellos nombrar a su chamba) de su obispo auxiliar.

 

La vida sacerdotal es lo más parecido a un régimen militar. Tienen una estructura "de mando" vertical donde las órdenes no se discuten y es común la rotación obligatoria e inconsulta en el servicio: un sacerdote hoy puede dar misa en la chapiolla iglesia del barrio Waspán y pasado mañana ser trasladado silenciosamente a una catedral gótica de Alemania o a una ermita de techo de palmas en Cabo Verde. Por eso el misterio de esa conferencia de prensa de caras largas y la alharaca mediática. ¿Será tan importante el traslado de monseñor o lo serán más los motivos ocultos de su traslado?

 

Los criminalistas, expertos a la hora investigar quién cometió un delito, se formulan la pregunta: ¿a quién beneficia el crimen?

 

Descartando culpables

 

Utilizando esta técnica, libramos de culpa a la propia "víctima", pues Báez se sentía a gusto acá, ayudando a mover los hilos de la trama iniciada un año atrás, donde él fue uno de los principales instigadores y jefes, aunque hoy sus compinches lo mantengan al margen de las negociaciones oficiales con el gobierno.

 

¿Serán los responsables sus colegas en la aventura golpista, sus camañecas obispos, algún grupo de laicos, el gobierno, los gringos o el propio Nuncio? ¿O el Papa Francisco y su mafia vaticana? Veamos uno por uno.

 

● Los jefes de la intentona lo adoran y necesitan. Si no ha sido por el enérgico veto a su persona por parte del gobierno, Báez estaría dirigiendo –con su voz de maestra de párvulos– el estira y encoje de las negociaciones.

 

● Los otros obispos golpistas son obtusos y ambiciosos y saben que no son nada sin el "talento" maquiavélico de su supuesto primus inter pares.

 

● Los laicos sandinistas recogieron cientos de miles de firmas denunciando al obispo golpista, con escaso o nulo resultado ante el Vaticano, pero en cambio, los laicos vendepatrias encontraron en Báez al Mesías nica.

 

● En cuanto al gobierno, es obvio que no tiene influencias benignas en la Santa Sede.

 

● Los gringos, esta vez, se libran de culpabilidad pues encontraron en la figura de Báez a una versión útil, barata, a escala y actualizada de Adolfo Díaz en Nicaragua.

 

¿Quién queda en la lista de "sospechosos"?

 

Las intrigas palaciegas

 

El Papa Francisco rodeado de intrigas palaciegas, escándalos de corrupción y pederastia, que brotan como hongos en todo el mundo a causa del comportamiento criminal de miles de sus sacerdotes, no creo que tenga el tiempo ni las ganas para dedicárselo a un gris obispillo del Tercer Mundo y que, aunque salpicado por la sangre de decenas de policías y sandinistas asesinados o torturados en los tranques y la destrucción de la economía de Nicaragua, ya ha sido apartado de cualquier protagonismo.

 

Tal vez por sus responsabilidades de "General en Jefe" de su ejército en sotanas, Francisco haya sido el ejecutor del expedito exilio del monseñor masayez, más no el instigador.

 

El Vaticano es un Estado de más muchos años de existencia y sus jerarcas no dejan pasar detalles por insignificante que parezca. Maestros de la intriga y la diplomacia perversa, saben de las andanzas de sus obispos nicaragüenses levantamasas y tácitamente los apoyaron, hasta que cambiaron las perspectivas y la derrota es un hecho.

 

El primer sospechoso

 

Entonces, pasaron al "plan B" que siempre tienen: la solicitada mediación (aunque por cautela no se le llame así) del Nuncio, Waldemar Stanislaw Sommertag, hombre inteligente, de toda la confianza papal y clerical, poliglota de seis idiomas, diplomático de carrera, prudente y ambicioso como todo clérigo polaco. Tenemos un sospechoso de propinarle la patada en el trasero al quisquilloso Báez y que lo hará rebotar abruptamente en la Plaza de San Pedro.

 

El Nuncio es un hombre de mediana edad (a los 50 años se es aun joven en el servicio vaticano) y aunque ha rotado en varias embajadas en tres continentes, Nicaragua es su primer gran destino y como bono adicional, aterriza en medio de un enorme conflicto sociopolítico, al borde de un golpe de Estado.

 

Esto, lejos de ser una tragedia para un sacerdote con ambiciones, es una bendición que puede catapultarlo (con el apoyo y contactos necesarios "allá") hasta un anillo cardenalicio (ya lo hicieron antes, en medio de las balas, Obando y Bravo y Karol Wojtyla, que llegó hasta la Santidad). Ser el héroe que resuelva el nudo gordiano de la paz y la reconciliación entre los nicaragüenses y el apoyo disimulado de algunos cardenales (polacos hay muchos en el Vaticano), podrían asegurar el currículo necesario para alcanzar tan "sagrados" objetivos.

 

¿Qué o quién le estorba al laborioso Nuncio de su Santidad? ¡Pues el Obispo Báez y sus intrigas, chifletas y denuncias!

 

El segundo sospechoso

 

Pero hay otro sospechoso: el propio Cardenal Brenes. Sí, el ingenuo e inofensivo Polito, que tan bien y floreado habló en la conferencia de despedida de su –hasta ahora– vicepresidente de la Conferencia Episcopal de Nicaragua.

 

Dice un proverbio bíblico que "el que lisonjea a su prójimo, una red tiende a sus pies". Y en la Iglesia católica la intriga y la traición, por siglos, han ido de la mano.

 

A simple vista, Polito es un hombre manso, un evangelizador que en sus tiempos en Matagalpa como obispo recorría las montañas a lomo de burro; un pastor cuya humildad hizo que su amigo el Papa Francisco lo nombrara Cardenal. Aunque popular, es también un hombre de letras, cualidad que no exhibe como sí lo hace Báez. Y aunque no lo parezca, también tiene picardía y parece que sabe cuándo algo lo amenaza.

 

Brenes ya llegó al tope en el escalafón vaticano: de cardenal no pasa. Eso lo sabe, pero necesita dejar su impronta, su huella en la historia de la iglesia nicaragüense y en la del propio país, jugar su papel como el jerarca de más alta investidura en Nicaragua y tal vez en Centroamérica. Ser el factótum a la hora de resolver los grandes conflictos sociales y políticos a los cuales cíclicamente se enfrenta Nicaragua.

 

En silencio, afilando cuchillos

 

Pero Báez no lo dejaba. Lo opacaba, lo minimizaba, lo ninguneaba, lo dejaba mal parado ante todos y hasta se burlaba a sus espaldas. Polito lo sabe y tal vez, calladamente, afiló el cuchillo y lo asestó con fuerza.

 

El Nuncio y el Cardenal. Cada uno por su lado o tal vez juntos.

 

Un misterio que será guardado, tal vez algunos siglos, en las mismas catacumbas del Vaticano que muy pronto Silvio Báez frecuentara en solitario.

 

¿Llego la hora en que Polito por fin se convierta en el Cardenal Brenes?

 

¿Lo veremos pronto sumándose al esfuerzo nacional por sacar al país del umbral del desastre?

 

¡Quién sabe, pero ojala!

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