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Dino, Nicaragua en el corazón

01 Marzo 2020
Dino, Nicaragua en el corazón

Por Fabrizio Casari

Un militante extraordinario de la causa sandinista, un hombre apto para la solidaridad absoluta y sin incertidumbres. Este era Edoardo Vernerio, para todos Dino, un compañero de luchas e ideas, sueños y trabajos, lo que realmente se llama a sí mismo un Hermano.

Durante más de 35 años, Dino había estado muy ocupado con Nicaragua. Un firme defensor del gobierno revolucionario en la década de 1980, después de la derrota electoral de 1990, a diferencia de aquellos que regresaron repentinamente a las cobardes incertidumbres que se podían escuchar en la izquierda europea que comenzaba a perder su sentido de identidad, Dino decidió recoger el invitación del Comandante Daniel Ortega a "gobernar desde abajo" y se arremangó. Durante los dieciséis años de gobierno liberal, que agotaron a Nicaragua, Dino continuó el trabajo de apoyo material a las comunidades rurales.

Siempre con Gloria Chiaratti, su compañera para de toda la vida, un auténtico motor de energía y organización, Dino ha tenido una obsesión saludable en los proyectos de desarrollo para las comunidades rurales. Todo hecho con su asociación, La Comune di Milano, fundada en 1967, que llevaba el nombre de Luigi Bottesini, uno de los primeros internacionalistas italianos en Nicaragua que murió a los 44 años, en enero de 1997.

En la comunidad de El Bonete, en el municipio de Villanueva, departamento de Chinandega, llevó a cabo numerosos proyectos, como el centro preescolar, el Centro de Salud, el club recreativo (que lleva precisamente el nombre de Luigi Bottesini) y la Biblioteca. Otros proyectos sociales que Dino y Gloria llevaron a cabo en comunidades rurales del departamento de Jinotega, en el norte del país.

Dino nunca tuvo un momento de incertidumbre al ofrecer toda la energía que tenía para defender al país centroamericano de la furia liberal que, después de 1990, trató de vengarse de una Revolución que había entregado tierras y poder a aquellos que nunca tuvieron el primero ni el segundo. Nunca, ni siquiera por un momento, la tentación de retirarse, de leer ese tiempo como el final de un proyecto o un sueño, porque el proyecto lo puso en práctica y el sueño lo hizo volar.

Sabía leer con perspicacia política la operación para destruir desde dentro del Frente Sandinista llevada a cabo por ex sandinistas de "buena familia" y se puso del lado correcto como el destino lo requería, con ese sandinismo nacido desde abajo con el que se identificó y que tenía en Daniel Ortega y Tomas Borge sus principales referencias.

El regreso al gobierno del Frente Sandinista significó para Dino una victoria adicional y un compromiso aún mayor: Nicaragua tuvo que ser completamente reconstruida, la furia devastadora del neoliberalismo había reducido al país ya pobre a un inmenso terreno de desesperación. Y Dino, como siempre, respondió "Presente".

Porque aunque era un periodista profesional, Dino no solo tenía un espíritu de solidaridad; fue un militante internacionalista, es decir, identificó en causas comunes y enemigos comunes las razones y las batallas que se libran para mejorar el mundo a su alrededor. Encariñarse con Dino ha sido muy sencillo: era un hombre con un gran corazón y una gran pasión política, uno de esos que si uno lo encuentra, lo echará de menos de inmediato.

Hombres que nunca tuvieron incertidumbres cuando, en 2018, el somocismo reciclado intentó erradicar al sandinismo del poder. Luchó contra la izquierda que tiene posiciones de derecha y tomó partido en defensa del mejor gobierno de la historia de Nicaragua y desarrolló iniciativas en varios lugares para decir la verdad sobre el intento de golpe de estado de la oligarquía y el imperio, que quería propiciar una rebelión popular.

Nicaragua, como también Italia, la de aquellos que no han dejado de cultivar sueños y hacer que las ideas crezcan en la oscuridad de esta noche profunda de pensamiento, extrañará a un hombre que ha pasado su vida ofreciéndose sin preguntar, convencido de que solo el último, desde abajo, podrá volar las mesas puestas donde se sirven las injusticias.

Y Dino, un hombrecito muy fuerte, no toleraba la injusticia. Ni siquiera el de una enfermedad infame a la que sucumbió sin darse por vencido.

Imágenes de la asamblea de la comunidad El Bonete, enVillanueva, Chinandega, realizada el sábado 29 de febrero horas después de conocer la muerte de su amigo incondicional y benefector, Dino Verderio






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