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40 años de la Cruzada Nacional de Alfabetización

04 Marzo 2020
40 años de la Cruzada Nacional de Alfabetización

Por Miguel De Castila Urbina

La educación nicaragüense tiene en los meses de marzo de cada año una fecha muy especial: 23 de marzo, día en que la Dirección Nacional del Frente Sandinista pronunció la orden de partida para que la chavalada abordara camiones y autobuses para viajar hacia las zonas rurales del país, donde vivían los más pobres entre los pobres e históricamente ha hecho nido la pobreza, condición social que incluye como mecanismo de reproducción al analfabetismo.

El 23 de marzo de cada año, es un día de cumpleaños para la Revolución. El principal después del 19 de julio. El 19 de julio fue el día de la liberación frente a la Dictadura Somocista. El 23 de marzo fue el día en que Nicaragua despidió a 50 mil alfabetizadores que se encaminaban a realizar la Cruzada Nacional de Alfabetización Héroes y Mártires por la Liberación de Nicaragua. El año pasado celebramos el 40 aniversario del triunfo de la insurrección del pueblo contra la dictadura, este año, entre el 23 de marzo y el 23 de agosto, celebraremos el 40 Aniversario de la Cruzada Nacional de Alfabetización.

En los primeros años de los años ochenta del pasado siglo, el analfabetismo de la población adulta era, junto al terror somocista, la otra cara de la moneda del subdesarrollo y el atraso capitalista libero conservador en Nicaragua. Por ello, la victoria político-militar del 19 de julio no era total si no se completaba con la victoria sobre la ignorancia. Esto lo sabía la dirección revolucionaria que meses antes de julio de 1979, organizó en San José, Costa Rica, un equipo técnico para que redactara el anteproyecto de lo que sería la epopeya.

Así las cosas, entre julio de 1979 y marzo de 1980 las tareas fueron de preparación de todo lo necesario para iniciar el combate, realización de censos, organización, programación, diseño, redacción e impresión de materiales, cartillas y cuadernos metodológicos, búsqueda de recursos financieros, capacitación de alfabetizadores y otras actividades camino a iniciar el 23 de marzo el viaje  hacia las comarcas y montañas de la Nicaragua profunda, al encuentro con la pobreza y el analfabetismo, para el triunfo definitivo de las fuerzas revolucionarias sobre la dominación capitalista.

Miseria del capitalismo

El analfabetismo es una enfermedad propia del capitalismo y del amplio universo de la pobreza. Una enfermedad de los países empobrecidos cuyos sistemas escolares carecen o tienen muy débiles sus subsistemas de educación inicial o preescolar y su educación primaria, el caso de Nicaragua en los años sesenta y setenta del pasado siglo, era el  mejor ejemplo de esta conclusión.

En Nicaragua no existía el nivel preescolar como parte del sistema escolar somocista. Esa es la explicación porque en 1980 el 53 por ciento de la población adulta en Nicaragua no sabía leer ni escribir; el nivel preescolar nace como tantas otras iniciativas en el terreno de lo cultural con la Revolución Sandinista, en el mismo lugar y en las mismas fechas, a que en el naciente Ministerio de Educación de la Revolución, se estaba organizando todo el complejo de actividades para iniciar el 23 de marzo de 1980 la Gran Cruzada Nacional de Alfabetización.

En esos días entre julio y diciembre de 1979, la Revolución por un lado atendía y comenzaba a pagar la deuda histórica respecto a la herencia  nefasta de una sociedad de analfabetos, y por el otro, sentaba las bases del futuro que es hoy, cuando el nivel preescolar ya está establecido, acumula cuarenta años de experiencia y ha creado uno de los subsistemas más importantes de la educación para la población empobrecida en Nicaragua, como son los preescolares comunitarios en todas las zonas rurales del país, es decir, en los lugares en que producto de la acción educativa escolarizada,  diario mueren las larvas del analfabetismo en Nicaragua.

Para toda idea de desarrollo económico y social, la educación –y en especial la alfabetización de la población adulta– era y es fundamental. Imposible avanzar en el proceso de tecnificación de la agricultura en el campo hace cuarenta años, si los campesinos no sabían leer los instructivos de las bolsas de los fertilizantes, ni mucho menos hacer cuentas, ni escribir cartas. Por ello es que la alfabetización en el campo era estratégica y allá apuntaron todos los propósitos.

Por esto fue que el 23 de marzo, cuando los estudiantes secundarios y universitarios urbanos subieron a aquellos camiones y aquellos autobuses, sus destinos eran las comarcas y montañas de Matagalpa, Boaco, Jinotega, Chontales, Rio San Juan, Nueva Segovia, Madriz, Estelí y toda la Costa Caribe. Allá los muchachos y muchachas de la ciudad de Managua, León, Granada, Masaya, Rivas y otras del pacífico, se reunirían con las familias campesinas para convivir en sus hogares durante seis meses.

Un abrazo y encuentro pedagógico

Se iniciaba así lo que sociológicamente sería la más grande experiencia cultural y educativa de la Cruzada y la Revolución Sandinista, como lo fue el abrazo y el encuentro pedagógico entre muchachos y muchachas estudiantes secundarios y universitarios de las ciudades del país, con campesinas y campesinos adultos analfabetas del campo nicaragüense.

De ese encuentro, como en su momento lo señaló Paulo Freire, nacía un nuevo nicaragüense: campesinos que aprendan a leer y escribir sobre temas relacionados con la producción, la salud, la historia de Nicaragua  y la conciencia patriótica, antimperialista y sandinista, y estudiantes urbanos de los sectores medios que con sus manos hurgaban en el corazón de la pobreza y tomaban conciencia de los orígenes de ésta y se comprometían con la Revolución para su erradicación en Nicaragua y el mundo.

Eso fue la Revolución Sandinista hace cuarenta años, eso es la Revolución Sandinista hoy.

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