Escúchenos en línea

Javier Barahona Valladares: mi padre, mi ejemplo

21 Marzo 2020
Javier Barahona Valladares: mi padre, mi ejemplo

Por Sandra Barahona

Iba en el transporte colectivo de la ciudad de Jinotega a Wiwilí, me imagino que hablando con los que le acompañaban, haciendo planes, riendo, soñando con un futuro prometedor, no para el sino para su pueblo. De repente algo sucede. El vehículo se detiene. Hay un grupo armado que empieza a bajar a las personas por la fuerza. Lo bajan a él también. Todos ruegan que sea como otras veces, que solo quieran dinero para continuar con sus fechorías, pero la realidad es otra: llevan un objetivo marcado van con una orden.

Se lo llevaron, lo secuestraron y allí empezó su calvario. Ese 21 de Marzo de 1994 los sicarios le asesinaron por orden de políticos acostumbrados a ganar elecciones matando, criminales drogados que fueron pagados para acallar su voz.

Las portadas de los periódicos de ese día anunciaron su calvario. Lo llevaron amarrado por las montañas, lo ultrajaron sin piedad, se repartieron sus ropas, pero no lograron lo que se proponían.

Miles y miles de campesinos bajaron de las montañas a despedir a Javier Barahona que se había multiplicado. Ellos iban a mantener lo conquistado.

Su voz se oyó y retumbo más allá de las fronteras patrias: en la lejana Europa, en la ciudad de Freiburg (Friburgo), en Alemania, hubo conmoción por la noticia de su muerte. Javier ya había estado allí en los años ochenta, en el Parlamento Europeo, donde le brindaron la oportunidad de hablar y plantear la realidad que vivía el pueblo nicaragüense y en particular Wiwilí, producto de la criminal agresión impuesta por Estados Unidos de Norteamérica, dirigida y financiada por el entonces gobierno de Ronald Reagan.

Su asesinato no hizo más que afianzar el compromiso y consolidar más ese hermanamiento de Freiburg con Wiwilí, que nació del amor, de la solidaridad y del bien común con una población golpeada y castigada por una guerra fratricida, cuyo único anhelo era y ha sido siempre vivir en paz.

Hace 26 años de aquel día que asesinaron a nuestro padre pero no sus ideales. Su legado sigue intacto.

Hoy volvemos la mirada con mucho dolor aún, porque no es igual vivir sin él. Veo la Nicaragua de hoy y no fue en vano su lucha: Wiwilí hoy tiene agua potable, luz eléctrica, mujeres, hombres, jóvenes y niños creciendo con dignidad en una Patria Libre, solidaria y generosa.

Es un orgullo ser hijos de Javier Barahona Valladares, ser humano cabal, íntegro, generoso y solidario, quien iba por la vida con la frente en alto, sin miedo porque tenía sueños, sueños que solo tienen los grandes, los inmensos, los que se dan sin esperar nada a cambio, los que viven para servir.

Aquel 21 de marzo mataron al hombre, pero no sus sueños. No nos acobardaron. Nos hicimos más fuertes, seguimos creyendo en el poder del amor.

El odio corroe, destruye, el amor mantiene viva la esperanza, esperanza cristalina y pura que sigue su ruta y hoy más que nunca está presente, en su familia, sus hijos, en sus generaciones presentes y futuras que creemos en el imperio de la vida sobre la muerte.

Sé que hoy estaría feliz de todo lo logrado, cruzaría el Rio Coco contemplando con una sonrisa los nuevos amaneceres, vislumbrando el sol radiante de la libertad construida tendiendo puentes, estrechando manos, brindando oportunidades a los que no han tenido ninguna; viviendo en la memoria y el recuerdo de los que amaba y siendo ejemplo de una vida entregada al servicio de su pueblo.

Me permito honrar su memoria parafraseando al poeta y dramaturgo Alemán Bertolt Brecht:

"Luchaste un día y fuiste bueno, luchaste un año y fuiste mejor, pero luego decidiste luchar toda la vida y fue cuando te convertiste en imprescindible".

¡Hasta siempre papá!


Comentar     Arriba

Descarga la aplicación

en google play en google play