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La reforma tributaria y el tipo de país que queremos

02 Septiembre 2009
Las tendencias socio-demográficas del país indican que en las próximas 3 ó 4 décadas se desplegara a plenitud la fase del denominado "Bono Demográfico", en la cual se estará produciendo el mayor crecimiento en nuestra historia de la población en edad activa como porcentaje de la población total, mientras se reducirá aceleradamente el porcentaje de la población infantil dependiente. Esta fase representa una oportunidad histórica que se abrirá por una sola vez, y por tiempo limitado. Por un lado habría una mayor proporción de perceptores de ingreso dentro de los hogares, y por tanto, si estas personas encuentran un empleo con ingresos dignos, ello significaría un incremento significativo en el nivel global de ingreso familiar. Por otro lado la reducción de la tasa de dependencia significa que, por cada persona en edad activa generando ingresos dentro del hogar, habría menos niños dependientes, lo cual representaría junto con un mayor ingreso per cápita en los hogares, la posibilidad de efectuar una mayor inversión por niño. Tendríamos entonces, hogares con un mayor ingreso per cápita, y por tanto con mayor capacidad de atender a sus propias necesidades, y una mayor inversión por cada niño y niña en términos de educación, salud y nutrición. Esto crea la posibilidad de reducir la pobreza en plazos históricos relativamente cortos. Pero, como lo ha hecho ver un funcionario del Fondo de Población de las Naciones Unidas (FNUAP) en Nicaragua, Jorge Campos: " La oportunidad demográfica que se está abriendo es por una única vez y por un tiempo limitado. Su aprovechamiento exige desde ahora flujos de inversión suficientes y bien dirigidos. Exige también políticas públicas adecuadas para garantizar que los jóvenes entren a los mercados laborales y lo hagan con un buen nivel de educación, capacitación y salud. Si esto no se hace a tiempo, es decir, desde ahora, la oportunidad se convertirá en una catástrofe social por los altos niveles de desempleo, inseguridad ciudadana y de emigración masiva al exterior que sin duda se agudizarían". Esto significa que Nicaragua tiene una ventana de oportunidad de entre tres a cuatro décadas para poder llevar a cabo, desde ahora, las inversiones y las transformaciones que se requieran para aprovechar lo máximo que se pueda el denominado Bono Demográfico, porque una vez que termina la fase de este Demográfico y entremos en la fase del envejecimiento de la población, el país habrá alcanzado un punto sin retorno. En efecto, dentro de tres o cuatro décadas entraremos a una nueva fase de la transición demográfica, en la que se comenzara a reducirse el porcentaje de la población en edad de trabajar, mientras que va a comenzar a crecer de manera acelerada y exponencial el porcentaje de personas que alcanzó la edad de retiro. La población menor de 15 continuara su proceso de acelerada declinación. En este caso, el "bono demográfico" se habrá agotado, es decir ya el porcentaje de personas en edad activa no seguirá creciendo en comparación a las personas dependientes, sino que el proceso comenzará a funcionar de manera contraria: el número de dependientes (principalmente las personas en edad de retiro) crecerán cada vez mas respecto del número de personas en edad activa. Entonces no solo vamos a tener un porcentaje creciente de personas mayores que alcanzaron una edad de retiro sin ningún tipo de ahorro, y un porcentaje decreciente de la población en edad de trabajar, de manera que habrá cada vez mas personas mayores por cada persona capaz de trabajar, sino que, también, los que están en edad de trabajar con toda probabilidad, según las tendencias prevalecientes en términos de niveles de escolaridad, van seguir laborando en un elevado porcentaje en empleos precarios e informales, que los mantendrán bajo el umbral de la pobreza. Como resultado, gran parte de los niños y adolescentes matriculados y de las cohortes de jóvenes que han pasado la edad de asistir a la educación primaria y secundaria, y que están, o estarán ingresando, a la fuerza laboral y formarán el grueso de la misma durante las próximas cinco décadas, han acumulado o se espera que acumularán un nivel de conocimientos y destrezas excesivamente bajo, en comparación con los umbrales mínimos que serían requeridos, condenándolos , en una gran parte, a poder encontrar principalmente ocupaciones precarias e informales, que los mantendrán bajo el umbral de la pobreza. Dado que la población infantil será un porcentaje cada vez más pequeño de la población total, ya no existirán muchos niños en los cuales invertir para que nos puedan sacar en un futuro de la pobreza. El momento de invertir en los niños y adolescentes y cambiar las perspectivas del futuro es ahora, porque para ese momento ya será demasiado tarde. Las perspectivas de futuro del país habrán sido comprometidas desde ahora, porque no se esta haciendo el esfuerzo indispensable para cambiarlas. El núcleo de la propuesta de la Coordinadora Civil consiste en hacer un llamado apremiante a la nación nicaragüense, en términos de que si, como Nación, no hacemos un esfuerzo casi sobre humano en estas pocas décadas que tenemos por delante, por llevar a cabo las inversiones y cambios indispensables para cambiar ese futuro, nuestro país estará siendo condenado a una viabilidad extremadamente incierta, y con certeza estará condenando a la mayor parte de la población a una catástrofe social y demográfica. ¿Y qué tiene que ver el "tema tributario?" En este punto, surge la interrogante sobre las fuentes de financiamiento de estas inversiones, que requerirán montos significativos de recursos. Lo más usual es demandar mayores flujos de parte de la Cooperación Externa tradicional para hacer frente a las brechas financieras que seria necesario cubrir para poder llevar a cabo estas inversiones. Al respecto, es conveniente recordar que durante la década de los 90, y en lo que va de la presente década, Nicaragua ha logrado mantener niveles comparativamente elevados de desembolsos de la Cooperación Externa. Durante los últimos 15 años, Nicaragua ha recibido desembolsos de prestamos concesionales y donaciones de por un monto perca pita equivalente a mas de US$ 100 dólares por habitante US$ 110.5 dólares promedio anual por habitante para el período 1994-1998, US$ 103.3 promedio anual por habitante para el período 2000-2002, y US$ 112.9 promedio anual por habitante para el período 2003-2007. Por comparación, los países de menor ingreso del planeta han venido percibiendo un promedio de apenas US$ 18 promedio por habitante, en concepto de ayuda externa. Esto significa que Nicaragua ha estado recibiendo unos niveles de Cooperación de Externa por habitante que pueden calificarse como extraordinarios, en términos comparativos internacionales, los cuales se han colocado, de manera sistemática, cinco veces y más por encima de la asistencia externa promedio por habitante que perciben los países de menor ingreso del planeta. Desde este punto de vista, resulta difícil esperar que los importantes aumentos requeridos en la inversión en capital humano e infraestructura básica puedan ser financiados mediante incrementos adicionales de la asistencia tradicional recibida desde el exterior. De hecho, es más probable esperar una reducción gradual de los niveles de ayuda externa que reciben los países de la región, en la medida en que los cooperantes tradicionales tiendan a priorizar su asistencia hacia los países más pobres del planeta, especialmente los de África. Al mismo tiempo, no resulta sostenible a largo plazo hacer descansar la responsabilidad central por el financiamiento del desarrollo del país sobre la Cooperación Externa. En todo caso, el apoyo externo debe complementar el esfuerzo interno de movilización de recursos, no sustituirlo. Sobre esta base, debe aspirarse, como mínimo, a mantener estables los actuales niveles de compromiso de la Cooperación Externa tradicional con nuestro país. En estas condiciones, adquiere un significado fundamental la transformación profunda del sistema tributario. Este debe modificarse, en términos de tornarse progresivo y eficiente, en términos de contribuir a asegurar los recursos básicos que serán indispensables para poder financiar las inversiones fundamentales en capital humano e infraestructura básica, indispensables para que el país recupere perspectivas básicas de futuro, en este limitado plazo histórico que tenemos para aprovechar el bono demográfico. Como lo reconoció Rodrigo Rato, cuando fungía como Director-Gerente del FMI, de acuerdo a declaraciones efectuadas durante su visita a (Diario El Comercio, Perú, "FMI: impuestos en América Latina son "injustos y distorsionantes" (21/2/05)", "el sistema tributario en América Latina es tanto ineficiente, como inequitativo". "El sistema tributario de la región es ineficiente porque que en promedio la recaudación sólo rinde un 16.8% del PIB (nivel que Nicaragua alcanzó recién en 2004), y "es imposible hacer ni política social, ni política de desarrollo, ni políticas de nada con una gestión tributaria de ese calibre". Es también regresivo: "una de las trabas más importantes es un sistema tributario "muy malo" en la mayoría de los países, en el que los que menos tienen pagan relativamente más al Estado que los ricos, lo que perpetúa la extrema desigualdad de la región. En lugar de recaudar según los ingresos, algunos gobiernos dependen de impuestos al consumo, como el IVA, que afectan a toda la población por igual". Esto significa que el tema de la transformación del sistema tributario no es un asunto estrictamente técnico sino que esta relacionado profundamente con el tipo de país y de sociedad que queremos construir, particularmente si se desea avanzar hacia una sociedad con mayores niveles de equidad. Esto no se refiere solo a asuntos tributarios, tiene que ver con la manera en que se va a financiar, de la manera más equitativa -tanto en términos de equidad horizontal como vertical-, las inversiones indispensables en capital humano e infraestructura básica. Esto no se puede resolver en quince días. Debe abrirse un debate muy serio, y amplio, sobre estos asuntos, para que lo que emerja sea el resultado de un nuevo consenso, acerca de la necesidad de cambiar el rumbo del país, por las razones que se argumentan en nuestra propuesta a la nación. Finalmente, es preciso referirse a la Cooperación de la República Bolivariana de Venezuela. La forma más importante que asume dicha cooperación, es la de un crédito concesional, que devenga un interés anual del 2% y pagadero en un plazo de 23 años con dos de gracia. ¿Y la cooperación de Venezuela? El gobierno de ese país se ha comprometido a suministrar petróleo a Nicaragua hasta por el equivalente a unos 10 millones de barriles al año, al precio del mercado internacional. El 50% de este suministro es pagadero en un plazo de 90 días con un interés del 2%. El restante 50% asume la forma del mencionado crédito. Dependiendo del precio del barril de petróleo, este crédito podría alcanzar un monto equivalente a la mitad o a la totalidad o más del monto promedio anual de la Cooperación Externa tradicional. Resulta difícil, por lo tanto, minimizar la importancia de esta nueva forma de Cooperación. Es evidente además que esta Cooperación, por su magnitud, y por el hecho de que puede asignarse conforme a las prioridades del país, abre una oportunidad decisiva país, en términos de que podría contribuir a financiar, en conjunto con la Cooperación Externa tradicional, y con el esfuerzo propio de movilización de recursos, parte significativa de los considerables requerimientos de inversión que el país enfrenta. Por esta razón, la demanda porque esta Cooperación se registre de manera transparente en el Presupuesto General de la República, conforme el mandato de la Ley, y se asigne con este propósito, no tiene otra finalidad que asegurar que todos los recursos que la Nación tiene disponibles, conforme al principio de legalidad, y de transparencia, se orienten de manera concertada, y bajo el escrutinio y control público -como corresponde- hacia las prioridades de inversión que se hayan identificado.
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