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Tras el 21 de noviembre, salto cualitativo

25 Noviembre 2009
Por Carlos Escorcia El Sábado 21 de Noviembre recién pasado, Nicaragua dio un salto cualitativo en lo que a cultura política se refiere. Por primera vez en décadas, se celebraron dos manifestaciones políticamente opuestas, el mismo día, casi a la misma hora y a escasas cuadras de distancia la una de la otra, sin que se registraran incidentes que lamentar. Mientras la oposición protestaba por el llamado fraude de las elecciones municipales de hace un año, el gobierno Sandinista celebraba el primer aniversario de sus victorias municipales, mediante las cuales obtuvo 109 de 153 alcaldías. Al no registrarse incidentes violentos durante el desarrollo de ambas actividades, los nicaragüenses le dieron al mundo una lección de civismo inédita, jamás vista en la patria de Cesar Augusto Sandino y Rubén Darío. Hubo sin embargo una variedad de factores que indican que las manifestaciones de ese memorable Sábado tuvieron un carácter único que marcaron un hito histórico en la época moderna de la tierra de los lagos y los volcanes. Este salto cualitativo tuvo sus altibajos, sus ganadores y sus perdedores, sus avances y retrocesos, que confirmaron la vocación de paz y democracia de la sociedad nicaragüense. Ambos bandos dijeron no a la violencia y enviaron una señal a la juventud y a las élites dominantes locales que el diálogo y el entendimiento son el camino a seguir. En primer lugar los grandes perdedores fueron los líderes de la oposición antisandinista, encabezada por el ex-reo convicto y ex-presidente Arnoldo Alemán Lacayo y el banquero metido a político, Eduardo Montealegre Rivas, ex-candidato presidencial derrotado en las últimas elecciones por el actual presidente Daniel Ortega. Ambos participaron en la manifestación pero ninguno habló en el acto central. El desprestigio y desgaste político de ambos ha sido tal, que los estrategas antisandinistas concluyeron que para lograr la asistencia de una parte del pueblo, la convocatoria no debía provenir ni de Montealegre, mucho menos de Alemán, ya que el pueblo no respondería mas por vergüenza que por temor, porque pesan sobre ambos muy bien documentadas acusaciones de robo y estafa al Tesoro nacional. Mientras en la acera opuesta, el presidente Daniel Ortega tampoco se quedó de brazos cruzados. Ortega también convocó su propia celebración, la cual bautizó como la marcha de las victorias. La cifra de 350 mil personas que según datos oficiales, asistieron al acto de Ortega, no fue cuestionada por la Oposición, la cual tuvo una raquítica respuesta popular, 10 mil según el gobierno, 50 mil según la Oposición, ya que según me expresó el jefe de redacción de un canal local, las megamanifestaciones de Ortega, no están en discusión. El éxito o el fracaso de ambas actividades políticas, no debe medirse, en este contexto por el número de asistentes, sino por el carácter cívico, pacífico y democrático con que se expresaron ambas agrupaciones. Nicaragua es un país rico en abundantes recursos naturales, pero empobrecidos por las guerras fraticidas y las repetidas intervenciones militares desde la época de William Walker, el mercenario de Tennessee auto proclamado presidente de Nicaragua en 1855. Apenas horas antes de las manifestaciones, los líderes de la Oligarquía y la burguesía rugían de rabia contra Ortega. Montealegre en particular abiertamente hizo apología de la violencia al declarar: "Por cada mortero que nos lancen los orteguistas, les responderemos con dos." La sección de comentarios de las ediciones cibernéticas de los diarios El Nuevo Diario y La Prensa, propiedad de la opulenta familia Chamorro tronaba con amenaza de muerte contra el presidente Ortega y su familia, utilizando epítetos irrepetibles en cualquier otro medio que se respete a si mismo. Los agoreros de la violencia fracasaron. Ni Montealegre, ni Alemán jugaron protagonismo alguno en la manifestación, la cual era encabezada por una mujer, desconocida fuera de Nicaragua y custodiada por otra mujer, la jefa nacional de la policía. La gran ironía de la oposición consistió en llevar como bandera la imagen del ex-tri campeón mundial de boxeo y ex-alcalde de Managua, catalogado por los mismos antisandinistas como el alcalde del fraude electoral, quien se suicidó hace 5 meses, hecho que la oposición, sin aportar pruebas, calificó de asesinato político. El saldo político sin embargo de la jornada democrática de ese histórico 21 de Noviembre, no está marcado por las ironías y contradicciones de la clase política, sino por la firme voluntad de los nicaragüenses de dejar atrás la violencia y la confrontación.
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