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Tribunal internacional para sacerdotes pedófilos

13 Abril 2010
Por Juan Carlos Santa Cruz La justicia internacional debe preocuparse por el hecho monstruoso de la pedofilia de los curas en gran parte del universo. El crimen pone los pelos de punta, con lo que se divulga en los medios, y seguramente eso es sólo una chispa del incendio, en donde van apareciendo denuncias contra curas y otros jerarcas de la iglesia católica. Es evidente que esta institución está enfrentando una crisis enfocada hacia los aspectos morales, que paradójicamente, ha sido una de sus principales banderas de lucha. Cuando la confianza se pierde ya no se vuelve a encontrar, y eso es lo que está ocurriendo en la estructura de la iglesia católica, es decir, entre su personal profesional. Este es un problema complejo, porque está enmarcado en una estructura de poder gigantesca, que se ha caracterizado históricamente por un secretismo extremo. Hay antecedentes suficientes como para afirmar que la jerarquía de la iglesia católica está bien enterada de todo lo que ocurre en todos los estamentos de su estructura. Por lo que se concluye que los casos de pedofilia que abarcan amplios titulares de la prensa mundial son noticia vieja para los jerarcas de esta iglesia. Hay dos grandes dudas que asaltan el sentido común. La primera, es hasta dónde puede calar la desconfianza hacia los sacerdotes. Es decir, con cuánta certidumbre podrán confiar los padres de familia al depositar a sus hijos menores bajo la tutela de sacerdotes. La segunda, está referida, a una pregunta acerca de cuál ha sido la justificación de la jerarquía de la Iglesia católica para no actuar drásticamente ante tantos aberrados sexuales que ocupan o han ocupado cargos en la iglesia católica. Estamos hablando de casos que han venido ocurriendo desde hace varias décadas. Cabría preguntarse si no es este un tiempo suficiente para actuar contra estos asesinos sicológicos de niños y jóvenes?. La Iglesia católica nunca ha sido una institución pasiva, sino que se ha caracterizado por actuar resueltamente en toda su historia, baste mencionar las famosas cruzadas, la inquisición, y la tristemente célebre destrucción a sangre y fuego de la cultura y religión indígena en nuestra América. También es cierto que siempre han tratado de resolver sus errores pidiendo "perdón", y para ellos asunto solucionado. Por supuesto que no han pedido perdón de inmediato, sino que han dejado pasar el tiempo para aplacar rencores, recuerdos amargos, etc. Señores estamos en el siglo xxi, y hace bastante tiempo que ya no nos engañan con espejitos. Por eso es que bajo ningún concepto, como ciudadanos, debemos darnos por satisfechos por las "disculpas" "y los estados de consternación" de los comunicados públicos de la jerarquía católica. Conste, no estamos aludiendo a la religión católica y mucho menos al cristianismo , sino que apuntamos hacia los que gobiernan y a los que tienen la responsabilidad profesional de la ejecución de los mandatos de las autoridades de esa Iglesia, mismos, que opinan sobre todo aunque no sea su ámbito, y siempre por encima del bien y el mal. Creemos que ha llegado el momento de la creación de un tribunal internacional para juzgar en cualquier parte del mundo los delitos de pedofilia cometidos por sacerdotes y jerarcas de la iglesia católica. Se trata de un delito común que no debe quedar en manos de la estructura de la iglesia católica sino bajo la jurisdicción de la justicia, pero de la justicia internacional, porque no se necesita ser un experto para saber sobre el grado de influencia que tienen las jerarquías católicas en nuestros países de América latina. No nos debemos engañar de que la jerarquía internacional de la iglesia católica va a quedarse de brazos cruzados ahora que las cosas se están haciendo públicas. Es tiempo que los organismos de derechos humanos y particularmente los que defienden a la niñez y la juventud fijen su posición de rechazo y denuncia ante estos verdaderos criminales de la niñez. Insisto, sucesos como los que se están denunciando diariamente no han ocurrido aisladamente sino que seguramente han contado con la complicidad de autoridades eclesiásticas, cosa, que no resulta imposible verificar. Si se deja la "solución" de estos verdaderos crímenes en manos de las autoridades eclesiásticas seguramente se utilizarán procedimientos ya conocidos propios de las estructuras de poder cuando resuelven sus problemas haciendo uso de una intrincada maraña de pasadas de cuenta, que finalmente podrán desembocar en una "fuerte condena en un comunicado oficial" que establezca toda la distancia posible de tan aberrante hecho, pero sin arribar a la médula del asunto, que tiene raíces también enmarañadas. A los ciudadanos nos preocupa el resarcir el daño, sobre todo, para poner coto a tanta doble moral. Antes dije que no me refería a la religión católica, es justo decirlo que tampoco estamos aludiendo a tantos sacerdotes, respetables, que han dado toda su vida en beneficio del prójimo. No es a ellos que nos referimos, pero, lamentablemente esta falta de transparencia y doble moral que en estos momentos es de voz pública, de sacerdotes pedófilos en varias partes del mundo hace que la desconfianza comience a estar latente como una especie de sombra. Es también por eso, que hay que pensar en un tribunal internacional o algo similar, independiente que actúe atacando de fondo el problema, y que lo vea como un crimen de lesa humanidad.
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