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Señor Quinto: los managuas, los nicas, no se arrodillan ante nada ni nadie

14 Mayo 2008
Verdaderamente da asco referirse a un sujeto de las calidades y cualidades del Sr. Rafael Quinto y no es porque se trate de un transportista, presidente de la Unión Regional de Cooperativas del Transporte Colectivo, Urecotraco, o por su nueva militancia -con otros de su gremio-, colado en grupos políticos y partidos de oligarcas, que le desprecian por transportista o por no ser de su plebe. El asco surge a borbollones desde lo más triste del alma, al ver la evolución de un joven, en su transformación personal y gremial en seudo-empresario, cuasi-delincuente, convertido en un vulgar sedicioso en sus actuaciones, arrastrado por pasiones y ambiciones a las que tiene derecho, pero por las que no debe de sacrificar a las mayorías de los nicaragüenses. Quinto, en su condición de presidente de las cooperativas de los autobuses de esta capital, por simple lógica, ya no digamos por ética, por moral, por vergüenza, por decencia -valores que ya olvidó por esas pasiones y ambiciones o por unos dólares más-, no debió jamás apoyar el paro. Y no debió apoyar el paro del transporte porque sus representados mantienen todas las prebendas que le han otorgado los gobierno neoliberales hasta hoy, como el precio del galón de diesel congelado a precios irrisorios y millonarios subsidios que se pagan con mi sudor y el de 5.6 millones de managuas y nicas. A pesar de ese hecho práctico, ostensible, irrebatible, Quinto se lanzó a la bulla con sus compinches, enarbolando demandas quizá justas pero con un grueso y oscuro pero evidente interés político, en busca de figuración, de micrófonos, de entrevistas, de las cámaras de la televisión, de "ser" don Rafael. Envuelto en esa vorágine, sin valores y sin dignidad, la semana pasada, Quinto se atrevió a decir que "Managua está de rodillas, el país está de rodillas". Al igual que todos los nicaragüenses, don Rafael Quinto tiene libertad de decir lo que se le antoje, de expresarse como mejor le parezca o su escaso cerebro le produzca. A lo que no tiene derecho es ofender, escarnecer a los managuas, y a los nicaragüenses en general. Quinto y sus compinches podrán poner de rodillas al ministro de Transporte, aún más, podrían poner de rodillas al gobierno de Daniel Ortega, pero jamás, ni nunca podrán doblegar si quiera, mucho menos poner de rodillas al pueblo de Managua, y menos al pueblo de Nicaragua. Desde tiempos inmemoriales, Managua, y Nicaragua en general, han sufrido terremotos, maremotos, deslaves, huracanes, aluviones, y otros fenómenos de la naturaleza. Y siempre, siempre, Sr. Quinto, los managuas, los nicaragüenses hemos resurgido de las cenizas, con la frente limpia y en alto, el pecho abierto y al descubierto, con trabajo honrado, con esfuerzo propio y de hermanos, con entereza, con valentía, con decencia, con dignidad. También, desde el tiempo de la colonia española, este sufrido pueblo ha vivido bajo las botas de sátrapas, de tiranos, de dictadores, de políticos, y de los ancestrales grupos que forman "anillos" de acero, de fierro o de bejucos, que se mueven alrededor de éstos, y que al igual que hoy los transportistas buscan vivir como las garrapatas chupando hasta lo último del Presupuesto nacional. El buen Dios ha forjado a los managuas, a los nicas, en hirvientes hornos que le han inculcado valores humanos, de solidaridad, de hermandad, y también bajo los golpes de brutales yunques y martillos, haciéndonos fuertes, inquebrantables ante las adversidades, pero con la confianza y con la paciencia para perseverar y lograr algún día la tan ansiada justicia ante fenómenos naturales o algunos políticos. No me toca a mi defender a Ortega, tendrá quienes lo hagan, por convicción, filiación u obligación, ni me toca juzgar si esa defensa es de lo mejor o si por el contrario, en muchos casos, es mejor que no lo defiendan. Pero creo que es un delito de lesa humanidad tratar de poner de rodillas al Gobierno aunque con ello sacrifiquen la precaria sobrevivencia de cientos de miles de personas. Cientos de miles de campesinos no pueden sacar sus productos y los pierden, las comerciantes no venden en los mercados y pierden, y pierden hasta los grandes empresarios que veladamente apoyan el paro, y después que los transportistas consigan sus propósitos, nadie, absolutamente nadie le ayudará a esos cientos de miles a resarcir sus pérdidas. Los transportistas de carga hicieron un paro la semana pasada en Guatemala, y el presidente Álvaro Colom los llamó al diálogo, a la negociación, pero el paro continuó. Entonces, decretó estado de emergencia, mandó a la cárcel más de medio centenar de "transportistas" y despejó todas las carreteras del país. A mi juicio, Colom, un viejito indígena y socialdemócrata, pensó primero en su país, en los intereses de la mayoría de los guatemaltecos, en la economía del país afectada como todo el mundo por la crisis petrolera, y no se puso a pensar que por disolver la protesta de los transportistas sus opositores le comenzarían a llamar "dictador", "totalitario". Es la fecha y nadie le llama "dictador" o "totalitario" a Colom. Eso es gobernar, pensar en el bien común, no en los intereses económicos de unos cuantos, de aquellos cuyo interés es "levantar los ánimos de la población contra el gobierno" sea éste cual fuere. Colom demostró que no es "blandengue", no es ambivalente, no tiene intereses económicos o políticos en éste o aquel sector de la vida de los guatemaltecos, y le enseñó al mundo y a su pueblo en particular, que su trabajo es para y por su pueblo, y que además, no lo predica, lo hace. Quinto y sus compinches han cohabitado con los gobiernos neoliberales de las administraciones de 1990 a 2007, y cohabitando, han negociado prebendas y más prebendas cada vez, por tanto corrompiéndose hasta más arriba del cuello como Arnoldo Alemán y sus funcionarios, Enrique Bolaños y sus funcionarios. ¿Qué haría el viejito socialdemócrata guatemalteco ante la "afianzadoras" del Sr. Quinto y del Sr. Andrés Lara, que no son legales ni reconocidas por la Superintendencia de Bancos, y estafan a sus asociados que compran seguros que ninguna otra empresa de seguros reconoce, y estafan también a quienes buseros y taxistas chocan, porque de nada sirven esos seguros? ¿Colom le daría los millonarios subsidios que reciben a nuestras costillas los dueños de buses urbanos de Quinto, cuyas unidades siguen destartaladas por la corrupción policial que se hace de la vista gorda, y una corrupción mayor en el instituto regulador de esos vehículos, que jamás les revisan nada, mucho menos condiciones mínimas para que los usuarios viajen como personas, ya no digamos que no representen un atentado para la vida de otras personas? Casi estoy seguro que don Álvaro tendría bajo resguardo en camisola y short a esos transportistas, que como líderes le muestran a sus vecinos en sus barrios, lo "rentable" que es negociar con el Gobierno, ponerlo "de rodillas", recibir los subsidios por los combustibles y embolsárselos sin asomo de vergüenza, sin que los "cadetes" o a quienes alquilan esas unidades reciban un centavo de la prebenda, y compren el combustible a precio de mercado. Y también estarían tras los barrotes, aquellos que desde tribunas en canales de la televisión azuzan a la población a la protesta, supuestamente cívica, pero con matices que disfrazan su afán por la violencia, buscando mártires por la acción de la Policía Nacional, a la que los antisociales no les lanzan besos, ni flores, son piedras, morteros, que lesionan, que matan. También estarían guardados esos "operadores políticos" que predican que "Ortega está dividiendo a la familia nicaragüense, como en los años 80", y ellos no ven la viga en sus ojos cuando en sus discursos aplauden, enaltecen, toda acción anti-sandinista, pero eso no es división de la familia nicaragüense. ¿Acaso Colom no habría recuperado para el Estado y luego vendido el Canal 2, cuando existe un dictamen vigente de la Comisión Anticorrupción de la Asamblea Nacional, que dice que fue privatizado en forma ilegal, porque Danilo Lacayo no tenía facultades legales para ello? Lo que pasa en que a don Álvaro no le tiembla la mano que le acusen de "atentar contra la libertad de prensa" si con ello "recupera" un bien del pueblo, del Estado. Don Rafael Quinto por lógica, por una pizca de raciocinio, no debió de apoyar el paro, menos prometer el respaldo de sus buseros, para que ahora sus compinches no le aparten -como lo están haciendo- porque no representa a nadie, y todavía menos, no debió jamás de abrir la boca y decir que los managuas, los nicaragüenses están "de rodillas". Los transportistas, si son empresarios como dicen ser, deberían hacer como el resto de ese sector en el país. ¿Acaso los productores de maíz, de frijoles, de arroz, o de cualquier otra cosa, o las comerciantes de los mercados, recurren al Presupuesto por subsidios cada vez que sus costos aumentan? Sólo les queda continuar en su trabajo o simplemente retirarse del negocio. ¿Por qué no hacen lo mismo estos señores? ¿Por qué su afán de garrapata de vivir sangrando al país? Sr. Quinto: los managuas, los nicaragüenses, quizá por impotencia, respeto a la ley o por otras razones, no van a pedirle cuentas a los transportistas, ni siquiera por las pérdidas que actualmente les ocasionan. Pero se equivoca al juzgarnos y creer que nos puede poner de rodillas desde su percepción estúpida. Insisto: podrá poner de rodillas a un gobierno, pero jamás a todo un pueblo, menos al noble pero altivo, humilde pero valiente pueblo de Managua y de Nicaragua. Su momento llagará para pedirle cuentas.
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