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Periódicos, periodistas y Derechos Humanos

08 Marzo 2011
Por Mario Fulvio Espinosa Para no repetir las equivocaciones humanas que condujeron a los masacres de lesa humanidad de la Primera y la Segunda Guerra Mundial, los países del mundo, desde el seno de las Naciones Unidas, emitieron el 10 de Diciembre de 1948 la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Es la Declaración un con junto de reglas cuyo cumplimiento traería justicia, libertad, solidaridad, armonía y paz a la humanidad, partiendo de un principio fundamental que encabeza el documento: "Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros". El Arto. 27 de nuestra Constitución puntualiza aún más: …"Y ante la ley los nicaragüenses tienen derecho a igual protección, no habrá discriminación por motivos de nacimiento, nacionalidad, credo político, raza, sexo, idioma, religión, opinión, origen, posición económica o condición social". En la amalgama de los 30 Artículos que contiene la Declaración Universal, se dividen los derechos según sus objetivos. De un modo fundamental se establece el derecho a la vida junto con derechos civiles, económicos, políticos, sociales y culturales. Colaterales a estos surgieron en el tiempo otros más, derechos de la mujer, del niño, de los trabajadores, de las minorías, los pueblos indígenas, etc. etc. Los sabios políticos del año 48 pensaron que la Declaración de Derechos Humanos sería una especie de panacea para traer la paz entre las naciones y la feliz relación entre los pueblos. Sin embargo, el mundo sigue en crisis y la paz resulta un mito por no decir una solemne hipocresía, los abusos de los países poderosos en el campo político y económico no tienen freno y las guerras y masacres contra la humanidad siguen tan campantes. Igual, las necesidades y la pobreza crecen en razón geométrica y los cascajos humanos queda regados en campos, desiertos y caminos. ¿Qué está pasando? ¿Por qué los Derechos Humanos y la misma ONU no funcionan? ¿Por qué persisten las guerras y la discriminación entre los hombres? En el fondo me parece que estamos así porque la carta de la ONU si bien habla de derechos humanos notables, poco dice de los deberes que son inherentes a esos derechos. Y esto es importante porque como decía Benito Juárez, "El respeto al derecho ajeno es la paz". Y no habrá paz mientras no respetemos los deberes que conllevan los derechos humanos. Proclamar pues, la defensa de los derechos humanos no basta, más que eso deberíamos proclamar de manera enérgica, el respeto y cumplimiento de nuestros deberes humanos. Cabe añadir que los derechos humanos carecen de sentido si quienes los proclaman siguen siendo los amos de la guerra, del robo, la mentira, la manipulación y la enajenación. Por esta razón existe una doble moral puesto que las mismas potencias y naciones que impulsaron la carta de los Derechos Humanos han sido las primeras que han violado ese código, y no mencionemos ejemplos que estos están a la vista de todos y forman parte de una funesta historia de colonialismo, guerras de exterminio y masacres de gendarmería mundial. En relación con este tema se pregunta… ¿Qué rol deben jugar los medios de comunicación social en la defensa y promoción de los derechos humanos? Si estrictamente hablamos de medios de comunicación debemos decir que en su mayoría son propiedad de comerciantes, banqueros e industriales que no son periodistas…Muchos de ellos poseen periódicos como una más de las sus muchas actividades para hacer dinero y los utilizan para promover sus ambiciones de riqueza y poder político. Sin embargo esto no les exime de cumplir la función social de contribuir con sus informaciones al desarrollo sano e integral de nuestro pueblo, labor que comienza con otro mandamiento constitucional que es el de informar con apego a la verdad, esto es con ética. Si así lo hicieran estarían los propietarios de esos medios acatando lo que dispone con propiedad la Carta de Derechos Humanos de la ONU, sin embargo sobre esto hay mucho que decir, y casi siempre con sentido negativo. Si al referirnos a los Derechos Humanos hacemos mención de los periodistas, cabe puntualizar que nosotros debemos ser los primeros humanos en respetar y defender los derechos humanos. No en vano decía el jesuita Jaime Balmes que de la prensa resultan todas las cosas buenas y malas del mundo. Si esto era cierto en el Siglo XIX resulta más fehaciente en este siglo de maravillas y adelantos técnicos donde las redes mediática son capaces se engendrar guerras prefabricadas por la alharaca, la mentira y la manipulación premeditada de la información. El problema es, que los propietarios de medios, que no son periodistas, nos meten en el saco de sus intereses y a la hora en que vienen los reclamos por sus abusos contra la libertad de información, expresión, prensa y conciencia, nos sacan como mamparas en el pleito. As la SIP, que es el conglomerado interamericano de dueños de medios, se declara ofendida por cualquier crítica que se exteriorice contra sus procederes y sin pudor generaliza que esas críticas "constituyen un atentado contra la libertad de expresión de los periodistas", solemne falacia por cuanto los periodistas no tiene injerencia ni parte en su forma de creer y hacer lo que es periodismo. De sobra saben los periodistas que en la dictadura mediática que ejercen los propietarios de medios, no existe rastro de democracia, las decisiones se toman de manera vertical y los hombres y mujeres de prensa ni siquiera tiene derecho al pataleo, pues en esos antros están estrictamente prohibida cualquier forma de organización que tienda a proteger los intereses de los periodistas. Por eso el periodista debe entender que la defensa de los derechos humanos empieza en sus mismos centros de trabajo y debe ser la misión social primordial de su profesión. Sin embargo, de repente vemos esta obligación como un anexo a nuestro quehacer, como otra más de nuestras fuentes de noticias, cuando lo debemos ver como el valor fundamental que da vida al periodismo. Por otra parte, no resulta fácil nombrarse defensor de los derechos humanos. La defensa de los derechos humanos requiere, primero, respetar el valor del primer articulo de la Carta de Derechos Humanos, esto es que en esta materia todos los hombres somos iguales ante la ley y no pueden ser objeto de discriminación alguna… En concreto la defensoría de los derechos humanos es una institución como la Cruz Roja, apolítica, laica, sin pasiones que nos vuelvan neurasténicos, amantes del figureo y vulnerables a perder la equidad y el sentido de justicia. El carácter ecuménico de los Derechos Humanos nos prohíbe convertir en cosa política la defensa de esos derechos. Los Derechos Humanos no tienen partido, religión, ni aplicación en razón a estado social, civil, raza, religión, opinión, lugar, sexo, etc. etc. Si en realidad somos defensores de los derechos humanos lo somos de todos los humanos y de todos sus derechos… Si no es así nos convertiremos en defensores de nuestro propio temperamento, de nuestras propias pasiones, del egoísmo partidario y el divisionismo, del anti-nacionalismo, de la propia y egoísta percepción de las cosas. Solo desde esa posición ecuménica, equilibrada, ponderada y sensata podremos decir que somos defensores de los derechos humanos de toda la humanidad y no de "sectores afines". Debemos los periodistas, creer en los derechos humanos, así como creemos en la libertad de pensamiento y de conciencia y en la libertad de opinión y de expresión. Y tanto debemos defenderlos ante las agresiones de los Estados como de los empresarios mediáticos que por ser empleadores nos extorsionan y quedan como "santos", en tanto que los palos procedentes de moros y cristianos caen sobre la escuálida humanidad del periodista. Si ahora el estudio de los DDHH constituye una cátedra en las aulas universitarias, también debe ser de urgencia integrarlos con sus mandatos y valores a todos los códigos de ética de la profesión periodística, procurando que esto no sea un artículo más, sino una actitud de vida que vaya más allá del sentido de voluntariedad que hace inaplicables estos códigos. La defensa de los derechos humanos es un mandamiento que debe ser estandartes y bandera de nuestra profesión de comunicadores. Integrarnos como periodistas en la defensa de los Derechos Humanos será otro paso de calidad en la historia del periodismo nicaragüense. Demos ese paso para hacer funcional en nuestro pueblo la misión humanística que nos dio la Universidad al concedernos la licencia de periodistas. ¿Será que hemos olvidado que la Carrera de Periodismo –como fue concebida por su primer rector Mariano Fiallos Gil-, es en esencia una carrera humanística y liberal, creada para coadyuvar a la realización feliz del los nicaragüenses? Solo el respeto a los derechos humanos y a los deberes que conllevan esos derechos, podrá darnos la paz y confraternidad que merecemos como miembros de la gran familia humana.
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