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Libia: hipocresías y vanidades

09 Marzo 2011
Por Jorge Capelán y toni solo, Tortilla con Sal. Lo que es innegable de los acontecimientos en Libia es que cada quien encuentre allí la imagen que le conviene. Mentiras y rumores se tratan como hechos, mientras que hechos confirmados se obvian o se esconden de acuerdo con la ideología o gusto de cada quien. En los medios occidentales casi nadie aparte de Black Agenda Report ha informado sobre los linchamientos y redadas de africanos por las fuerzas rebeldes que se han confirmado con testimonios de ciudadanos somalíes y turcos, entre otros. Ahora se espera el hecho insólito de que el primer Presidente negro de los Estados Unidos vaya a autorizar apoyo militar en nombre de la civilización y la democracia a insurgentes racistas responsables del linchamiento y asesinato de por lo menos cien y probablemente cientos de africanos y del abuso y maltrato de otros miles. Mucha gente progresista ha aplaudido a esos rebeldes sin saber nada de su ideología o de su comportamiento en la práctica. Ha sido común leer comentarios y análisis de gente blanca o árabe - casi siempre hombres - que aprueba la insurrección armada de los rebeldes y se hace eco de la propaganda anti-Gadafi de los medios corporativos occidentales. Obvian el punto de vista de mucha gente progresista negra que tiene otra perspectiva sobre lo que está pasando en Libia. Tampoco se han parado a considerar cuál sería la condición de las mujeres en Libia si los rebeldes lograsen triunfar con o sin una intervención militar occidental. Son muchas las hipocresías. Dejamos a un lado lo que es obvio. Los gobiernos de Estados Unidos y Europa son responsables o cómplices de crímenes masivos contra la humanidad, en el Congo, en Gaza, en el Líbano, en Haití, en Colombia, en el Sahara Occidental, en Somalia, en Irak y en Afganistán. La hipocresía y el cinismo son tan naturales para los dirigentes occidentales como el poderío militar que están acostumbrados a infligir sobre sus innumerables victimas. Y sus medios corporativos han demostrado una vez más ser un enorme aparato de relaciones públicas para difundir la propaganda correspondiente a la agenda imperial. Vale la pena detenerse más en los argumentos de la gente progresista de Norte América y Europa, que también han tenido eco en América Latina. Los ejes argumentales siguen los de la propaganda de los medios corporativos. Un bestiario de hipocresías Se condena el uso de la represión armada por el gobierno de Libia. Definitivamente, se ha reprimido lo que desde un inicio fue una insurrección armada. En ningún país en el mundo se tolera una insurrección armada sin responder con la represión. Los medios occidentales han vendido la idea de una represión contra manifestantes pacíficos. Sin embargo, la información confiable que está disponible indica que desde un principio las protestas eran violentas, y los rebeldes, bien armados. Otro tema que se ocupa para condenar al gobierno de Muammar Gadafi es el de la corrupción. Sin duda, debe ser cierto que hay mucha corrupción en los círculos oficiales en Libia. Así ha sido siempre en Estados Unidos y Europa, por ejemplo en las contrataciones militares y en el podrido sector financiero. También es así, por ejemplo, en Colombia, México, Venezuela y en Brasil. Pero casi nadie dice que tienen que caer los gobiernos de Santos, Calderón, Chávez o Roussef solamente porque presiden sistemas llenos de corrupción. Desde el mismo ángulo, Brasil, por ejemplo, tiene tropas en la brutal ocupación militar de Haití por las Naciones Unidas. Aquellas tropas han participado en la represión sistemática de Fanmi Lavalas. Tropas brasileñas han masacrado a decenas de civiles haitianos y han herido a miles de civiles durante su ocupación, la gran mayoría de ellas y ellos manifestantes indefensas. Nadie ha llamado a mandar al Presidente responsable de aquellas fuerzas brasileñas, Lula da Silva, a la Corte Internacional Penal, mucho menos el Secretario General de la ONU, Ban Ki Moon. Se condena al gobierno de Libia por haberse alineado con los poderes occidentales y por haber traicionado, supuestamente, sus antiguas posiciones antiimperialistas. Se nota que el gobierno libio ha dado una gira neoliberal y coquetea con las grandes transnacionales petroleras. Pues, en gran medida lo han hecho China, India, Rusia, poderes regionales como Argentina, Vietnam, Angola, África del Sur, para no mencionar otros muchos. El gobierno de Libia tiene los mismos derechos soberanos que aquellos países. Venezuela tiene contratos con varias grandes empresas transnacionales del petróleo. Nadie lo ve extraño. Nadie condena esa política, porque es una política soberana. Ahora, Cuba está en un proceso de cambios muy complejos que se espera que el gobierno y el pueblo cubano resuelvan a su manera. En cambio, pocos parecen estar dispuestos a extender al gobierno y pueblo de Libia el derecho de abrir su mercado de la manera que estimen conveniente. Alegan que el gobierno de Libia es especialmente nefasto por motivo de diversos crímenes que se atribuyen directamente a Muammar Gadafi. No es difícil pensar en otros ejemplos de decisiones lamentables, para no decir imperdonables, en muchos otros países. Casi cada movimiento de liberación nacional que ha llegado a gobernar ha cometido crímenes desde una óptica u otra - eso es cierto en el caso de África del Sur, Angola, Argelia, Irán, etcétera. Pero las memorias son selectivas y sólo se acuerden de lo que es conveniente en el momento. Cuando no ha sido oportunista, la mayoría del comentario de los sectores progresistas en Norte America y Europa ha compartido criterios muy parecidos a lo de los poderes imperialistas. Dicen que no quieren una intervención, pero por inacción la justifican. Los países del ALBA En cambio, los países del ALBA han sido consecuentes y serios en su defensa de principios fundamentales del derecho internacional, la autodeterminación, la integridad territorial y la no agresión. Todos tienden, quizás con algunos matices diferentes, a compartir la posición del gobierno de Nicaragua. "A Nicaragua le preocupa enormemente la pérdida de vidas humanas, de civiles inocentes, y en este caso en particular lamentamos profundamente las pérdidas de vidas humanas libias, país con el que Nicaragua ha mantenido estrechas relaciones. Confiamos en la capacidad y sabiduría del pueblo libio y de su liderazgo, encabezado por Muammar Ghadaffi, para resolver sus problemas internos y encontrar una solución pacífica de manera soberana, sin injerencias e intervenciones militares extranjeras de ningún tipo ni bajo ninguna justificación." El viernes 4 de marzo, el ALBA adoptó un pronunciamiento a favor de una solución política a los conflictos en Libia. ALBA propone una comisión internacional que medie entre las partes y que lleve adelante acciones humanitarias para acabar con la situación de guerra civil que existe en la práctica. La propuesta del ALBA ha sido recibida positivamente por Ghadaffi, por la Liga Árabe (aunque con ciertas reservas) y por Rusia. La expulsión de Libia del Comité de Derechos Humanos de la ONU es una gran hipocresía y un paso más hacia la disolución de la organización. ¿Por qué? Por ejemplo, porque el día antes de la decisión de las Naciones Unidas, 65 civiles fueron asesinados luego de los bombardeos de la ISAF (o sea, de la OTAN) en Afganistán – y eso que no mencionamos los nueve niños afganos que “murieron” allí en estos días a causa de los misiles de la Alianza Altántica. Ningún miembro de la OTAN en el Comité de Derechos Humanos de la ONU será expulsado, ni por esa masacre, ni por las carnicerías contra un millón y medio de iraquíes, cientos de miles de afganos, miles de yugoslavos, etcétera, los últimos años. Los estados mayores, tanto de los EE.UU. ( http://www.c-spanvideo.org/program/Year2012Budge ) como de Rusia ( http://tv.globalresearch.ca/2011/03/russian-military-says-libyan-airstrikes-did-not-take-place ) reconocen que no han encontrado prueba alguna de bombardeos libios contra la población civil. Igual que la matanza por los rebeldes de gente africana, esto ha sido callado por los grandes medios. Las pruebas de los bombardeos contra civiles cometidos por los países que señalan a Libia es más que abundante, pero ninguno de los países de la OTAN será jamás (bajo el actual orden mundial) sometido a sanciones. La filosofía del ALBA no consiste en derrocar gobiernos por encargo; consiste en abrir la mano, en llevar adelante solidaridad sin condiciones, independientemente de qué gobiernos estén en el poder. El ALBA se ofreció a ayudar a los Estados Unidos, por ejemplo luego del Huracán Katrina, o cuando la gente pobre en las grandes ciudades de ese país no tenía combustible para calentar sus viviendas. Cuba ha ayudado a las víctimas del terremoto de Pakistán sin preguntar sobre la legitimidad del gobierno de ese país, etcétera. Los sectores progresistas de Norte America y Europa - con la posible excepción de los portadores de maletas francesas en la guerra de independencia de Argelia - jamás han apoyado directamente la liberación de los pueblos. Siempre han ofrecido la solidaridad condicionada por sus prioridades y criterios. A menudo parece como si los progresistas del occidente le tuviesen más miedo al poder político en el tercer mundo que al poder político-militar e ideológico que oprime a sus sociedades y asesina al resto de la humanidad. La historia de la Libia de Ghadaffi es en el fondo la misma historia del Irak de Saddam, de la Yugoslavia de Milosevic, del Afganistán de los Talibanes o del Haití de Aristide. Un país con problemas es construido como un país-problema en manos de una "dictador" del que más vale librarse. Luego vendrán los portaaviones, las bombas "inteligentes", o los golpes de estado, pero los grupos que funcionaron como alibi progresista de los ataques nunca se harán responsables de lo que ayudaron a lograr.
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