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José Santos Zelaya ¿caudillo o dictador?

18 Marzo 2011
Por Ricardo Avilés Salmerón*. I.- Introducción: Recientemente se ha declarado al General José Santos Zelaya como un héroe nacional nicaragüense. En los diferentes textos de Historia de Nicaragua, rara vez se menciona o hacen referencia de que el General José Santos Zelaya es un Caudillo, más que todo lo señalan como un Dictador. Este escrito pretende de forma muy puntual, caracterizar el Caudillismo en la figura de José Santos Zelaya desde su trayectoria política hasta su gobierno durante la Revolución Liberal de 1893, a partir de lo que fue éste fenómeno en Hispanoamérica. Se inicia a partir de la siguiente interrogante ¿Qué representa el caudillismo? Para el autor John Lynch el caudillismo es parte de un proceso histórico en el cual los líderes personales acumulaban una serie de funciones y acrecentaban su poder de manera gradual en respuesta a intereses específicos, era considerado en “hombre fuerte”, ya que la militancia de los partidos y la subordinación de las masas reclamaban un férreo control y una autoridad más inmediata a las leyes. Éste emergía cuando se daba una situación de desorden del estado o situación de conflicto, de forma natural, no había nombramiento alguno. En las zonas donde se arreglaban los conflictos de forma pacífica, el caudillismo no cuajaba. La imagen de un caudillo era la de un protector preferido o un gendarme necesario, los cuales los que lograban llegar a tener un carácter nacional, se proyectaban desde sus localidades movidos por una coalición de intereses de grupo o personal, desde una élite local. Lynch es claro al señalar que “...el peligro para la estabilidad del sistema caudillar nació de conflictos dentro de la propia élite antes que de los ataques de la clase baja” El temor del protagonismo de las clases bajas siempre estuvo presente, por eso el caudillo debía surgir como el “héroe de la película” al que todos seguían, no necesariamente hay que vincularlo con rebeldía. Esa figura era muy propia de América Latina, sólo en la Revista Conservadora se encontró una referencia de algo parecido en España, aunque no es claro el señalamiento que se haya trasladado hacia América. En dicha revista Magnus Morner señala: “Es verdad que, a consecuencia de las guerras napoleónicas, en la misma España nació un tipo de déspota militar, el cual es muy parecido al caudillo hispano-americano” Por otro lado el caudillo y sus ambiciones de poder era en unos casos defensor del Estado-Nación y en otros su enemigo al atentar éste contra su posición de poder. Otras ocasiones se resistían a las federaciones por sobre poner su autonomía. No tenían una visión de nación, pero tampoco carecían totalmente de ella, nacionalismo un caudillismo en muchos casos se reforzaron entre si. En el nacionalismo, muchos caudillos manejaban el asunto del acceso a los cargos públicos y a los puestos militares tanto en tiempos de guerra como de paz. Esto era posible partiendo que no cualquiera podía llegar a ser un caudillo, para eso Lynch señala requisitos fundamentales: “Los caudillos cuidaban celosamente sus recursos nacionales, tierra y cargos, ya que en ellos se basaba, en última instancia, su poder. Atraían simpatizantes prometiendo que a sus seguidores se les otorgarían cargos y otra clase de recompensas cuando accedieran al poder... bastaba la lealtad personal” No todos los caudillos llegaron al poder, no era regla general, sólo lo hacían aquellos que tenían rasgos básicos como base económica, principalmente tierras; implantación social, ser representantes de un sector fuerte dentro de la sociedad; pero lo fundamental para tener esa proyección nacional era un proyecto político. Lynch es claro cuando dice que el caudillo es líder y terrateniente, padrino y patrón, podía entonces arriesgarse a conseguir el poder político. Por otro lado si bien los militares podían llegar a ser caudillos y, a su vez, los caudillos podían recibir la honra militar, no se deben considerar ambas cosas como una sola. Sin embargo el núcleo de la “clientela” de un caudillo era inicialmente una banda de hombres armados. Desde la revista conservadora se plantea que no todos los caudillos eran militares o generales, y pone como ejemplo al Dr. Francia lúgubre déspota paraguayo, que era abogado, pero señala que estaba apoyado por los militares; en Centroamérica si la mayoría lo era. Jonh Lynch refiriéndose al caso de Santa Anna en México, retrata claramente la situación entre lo militar y el caudillismo, señalando que: “...un hombre que entró en política partiendo de una visión militar, que posteriormente utilizó para hacer una reflexión política; había llegado la hora de un nuevo gobierno” Los caudillos representaban los intereses de las clases dominantes, normalmente relacionados con la agricultura de exportación, por eso era raro que se contrapusieran a los intereses extranjeros, para no perjudicarse en el mercado internacional, aprovechaban la guerra para aumentar sus riquezas y la paz para consolidarse. Los caudillos en Hispanoamérica han pasado a la historia cono instrumentos de la división, destructores del orden y enemigos tanto de las sociedades como de ellos mismos. Fueron guardianes del orden y garantizaban el mantenimiento de las estructuras sociales existentes. Lynch hace referencia la crítica de Bolívar al caudillismo, a los que llamaba “gobiernitos”, a los cuales se les tenía que evitar con la unidad, sin embargo señalaba de una u otra forma el papel de éstos en las luchas de independencia al señalar: “Me ruborizo el decirlo; la independencia es el único bien que hemos adquirido a costa de los demás” II- Trayectoria Política de Zelaya previo a la Revolución Liberal de 1893: Son muy pocas las obras o escritos de los consultados para este escrito los que claramente señalan el carácter de caudillo de Zelaya. Se nota una visión de identidad con este personaje histórico, porque reconocer en Zelaya a un caudillo depende del “lado” de quien escribe, sus opositores lo señalan como un dictador y sus partidarios como un caudillo. Por el caso, en la Guía Ilustrada del Estado de Nicaragua en octubre de 1898 lo señalan como el verdadero caudillo del Partido Liberal, como el jefe más valiente y tenaz de esa fuerza política. En una proclama del propio Zelaya del 18 de julio de 1893 aparece reflejado como caudillo de la Revolución Liberal, así mismo lo señala Adolfo Altamirano, al decir que acaudilló al ejército y mereció los laureles del triunfo, y señala a favor de su jefe dentro del liberalismo: “…no faltó jamás a su puesto de vanguardia, unas veces enardecido a los valientes y otras dando aliento a los timoratos” En cambio los conservadores no lo ven así, en la Revista Conservadora los escritos en torno a Zelaya ninguno lo tilda de caudillo, eso es explicable porque en la autobiografía completa de Emiliano Chamorro lo de caudillo no es peyorativo, más bien es un honor ser un caudillo, por lo tanto no le reconocerán eso a Zelaya como líder liberal, en una de sus partes dice refiriéndose al carácter de caudillo popular de Chamorro: “Nuestra América ha sido pródiga en lo que comúnmente se conoce por caudillo. Pero a mi juicio se ha confundido con harta frecuencia al sargentón, al jefe militar, al que ejerce el poder y a una serie de sujetos que por una razón u otra se han situado en alguna Posición determinada en él” José Madriz, quien estuvo con Zelaya al inicio de su gobierno reconoce que fue un caudillo “liberal” de los managuas, pero con una ambición sin límites, con ese carácter dio inicio a su lucha contra los conservadores, pero lo deslegitima de ese carácter cuando dice sin mucha diplomacia: “Zelaya es de regular estatura, ancho de pecho, de miembros recios y musculoso y de grandes fuerzas creadas en el gimnasio. Un hombre popular no había menester de otra cosa. Nada de servicios prestados a la Patria, de honrosas cicatrices, ni de aventuras heroicas, cultura intelectual escasísima, cultura cívica ninguna. Mas para manejar la masa inculta de su pueblo y lanzarla a los motines o contra cuarteles no necesitaba de prendas del espíritu ni de nombre esclarecido. El pueblo había encontrado un mesías” Pero independientemente de lo que digan unos y otros Zelaya tuvo el carácter de caudillo, dirigió levantamientos en contra de los conservadores, lo que le costó el exilio durante el gobierno de Adán Cárdenas, quien descubrió una muy buena montada conspiración donde estaba involucrado Zelaya, en el fallido asalto al cuartel de Granada en agosto de 1885, era además el único jefe del partido Liberal luego de la muerte de Máximo Jerez. También es necesario señalar que provenía del prominente grupo cafetalero de las sierras de Managua, siendo figura principal de la nueva burguesía agroexportadora atraído por ciertos grupos comerciales y ganaderos de León. Estas características llenan los requisitos que Lynch señala sobre los caudillos, las cuales se hicieron referencia en la introducción de este trabajo. Pero además, tuvo la influencia directa del caudillo guatemalteco Justo Rufino Barrios, de quien se dice aprendió muchas cosas según la Guía Ilustrada y señala: “…de Barrios aprendió los procedimientos rápidos y certeros, a veces dolorosamente crueles, si bien siempre justos y leales… con gran beneficio a la Patria” Ahora bien, según los escritores Romero Vargas y Edgardo Buitrago en su obra En busca de la Democracia en los 30 años del período conservador la subordinación del poder militar al civil era lo normal, no apareciendo en este tiempo la figura del caudillo militar prepotente y hegemónico. Zelaya es conocido como General, pero, ¿de qué ejército? Zelaya durante su exilio a partir de 1885 estuvo en campañas militares, en la Unión por ejemplo por el proyecto de unificación de los gobiernos liberales encabezados por Barrios. Además su exilio fue por participar en actividades militares, pero detrás no hay un ejército formal, regular que tuviera estatus de militares graduados o de carrera, recordemos que estaban en contra del gobierno establecido, siendo en este caso una fuerza militar rebelde. Cabe lo que señala Demetrio Ramos en la situación y características militares de Zelaya: “…el paso del caudillismo en militarismo se da por la falta de formación militar en un individuo que fuese teniente o general, siempre que contara con un grupo de seguidores…y la falta de un ejército regular, utilizando además a las tropas con fines personales” La figura de Sandino puede ilustrar lo anterior, en el pasaje donde el General Moncada le pregunta que ¿y a usted, quién lo hizo General? Y él respondió que sus hombres. Pero Zelaya no surge de la nada, es señalado como el promotor de levantamientos y encargado desde el partido a romper con la supuesta Paz que dicen que hubo en el período de los conservadores, por sus reclamos de mayor profundidad en las medidas liberales en el país desde el gobierno. Entonces al fin y al cabo, ¿Zelaya es un caudillo o un dictador? John Lynch nos da la pauta al señalar que en determinadas circunstancias las palabras caudillo y dictador resultan intercambiables entre sí y hacen referencia a un regidor absoluto que ejerce un poder personalizado. Zelaya como líder del partido liberal viene construyéndose esa imagen, no empieza a ser duro en el poder, esto debió ser un proceso, fue elegido el 1º de noviembre Alcalde Primero de Managua en 1875. En la Revista Conservadora hacen referencia a esta característica peculiar del “hombre fuerte”: “Un caudillo centroamericano de la época de la Federación dio una definición magnífica de la realidad política de su tiempo al declarar: No hay ley, no hay constitución, no hay propiedad. No hay más ley que lo que yo mande. En mí residen todas las facultades de un supremos dictador” El poder influye en esta transición que se pueda dar entre el uno y el otro, para Lynch el caudillismo fue una primera fase de la dictadura, que pueda ser que esta no sea una regla en general, pero para Zelaya sirve para demostrar que no surgió de la nada y que no fue hasta asumir el poder que se volvió duro. En este sentido Lynch explica la diferencia: “El caudillo ejercía su dominio en un marco económico social y político, cuyas estructuras eran de carácter simple –por no decir primitivas. El dictador presidía una economía más desarrollada, una alianza de intereses más compleja y una administración que poseía grandes recursos” Lo que no le cabe a Zelaya es que representará una economía primitiva, ya se señalaba que era el principal representante de la nueva clase burguesa cafetalera de las sierras de Managua, pero no se le puede quitar mérito a Zelaya de haber construido su liderazgo y no ser un simple accidente del destino o un aprovechador, lo que posteriormente fue desde el gobierno ya lo venía ejerciendo desde su partido, desde su sector económico, desde su región, Managua. III- Tipo de Gobierno del General Zelaya: Los levantamientos de Granada y León en abril y julio de 1893 que derrocaron al gobierno del Doctor Roberto Sacasa, no fueron más que la expresión lógica y natural de que tal proceso había llegado a su momento decisivo. En la obra En busca de la Democracia sus autores son claros al señalar: “La llamada Revolución del ´93, que tuvo como figura central y predominante al General José Santos Zelaya, vino a ser la resultante de lo que se venía gestando desde mucho tiempo atrás” Lo que caracteriza a Zelaya como Dictador se da a partir de la misma toma del poder, ya que como parte de la burguesía cafetalera su propósito era hacer un Estado más acorde a las demandas del mercado de ese rubro y para eso es que contempló la necesidad de tomar el absoluto control del poder político, demandando la eliminación de trabas estructurales que impedían su desarrollo. Es para lograr esto que rompió con el pacto oligárquico. Hay que recordar que Zelaya formó parte de la junta de gobierno que presidían liberales y sus aliados conservadores, quienes habían acordado depositar la presidencia en Salvador Machado el 1º de junio de 1893, este señor era un senador conservador. Aquí claramente se vio la mayor capacidad de maniobra política del sector agroexportador frente a la hacienda ganadera. En verdad los planes de Zelaya se encaminaban a hacer de Nicaragua el país más fuerte de Centro América. Luego de los levantamientos militares de León el 9 de julio de 1893 y de la firma del acuerdo de paz entre partidos, el 15 de septiembre de ese mismo año, la Asamblea Constituyente nombró Presidente a Zelaya, manteniéndose por 16 años en el poder a través de reelecciones (3), fue siempre el único candidato. Estas además, según Richard Millett eran de carácter burlescas, ya que según él se cuenta que a los votantes campesinos una vez se les dio a escoger entre tres candidatos “José, Santos o Zelaya”... señala además que sólo la fuerza podía alejarlo del poder. Por otro lado producto de reformas constitucionales, también se facilitaron el despojo de tierras por vías legales, la garantía de mano de obra, la ingerencia de contratos de trabajo, la ley de la vagancia, entre otras. En Busca de la Democracia señala en una de sus partes una valoración al respecto: “Lamentablemente, el señalado protagonismo de Zelaya dio lugar al surgimiento de ambiciones personales y de deseos hegemónicos en su ejercicio del poder... provocó rompimiento entre Zelaya y los propulsores de las reformas liberales con la revolución de 1896, llevada a cabo por reconocidos líderes de occidente, quienes acusan también un innegable retroceso al autocratismo y al militarismo” Estimulado por sus éxitos, Zelaya comenzó a transformar su régimen en una abierta dictadura, con la constitución llamada La Libérrima, reestructuró las garantías individuales, dando más poder al ejecutivo, la Asamblea Legislativa en su corto período de sesión hizo que Zelaya gobernase directamente en la economía, las finanzas y las fuerzas armadas, como anteriormente se señalaba se reformó el artículo de la reelección, se reforzó estas medidas con la nueva constitución de 1905, en la que se extendía la autoridad legislativa presidencial al ámbito del desarrollo nacional. Ejercía además poderes plenos y facultades pertenecientes a los poderes legislativos y judicial y al mismo tiempo suprimía las garantías constitucionales. Lo liberales comienzan a hacer uso de la ley del orden público para neutralizar la fuerza de los conservadores, con la iglesia el choque fue fuerte, ya que le resta mucho protagonismo, con decretar el carácter de Estado laico, acabó con las cofradías por ejemplo. Esto implicó el uso de la mano dura en el ejercicio del poder, declaraba Estado de Guerra o Ley Marcial para perseguir y neutralizar a sus opositores, no se podía además llevar a los tribunales al ejecutivo para ser acusado de delitos oficiales. Se ponía además la pena de muerte, se suprimía la ley de amparo y la ley electoral. En fin se hacía todo para preservar el poder. Otro ejemplo de lo anterior es el innegable mérito para muchos de la reincorporación de la Mosquitia donde el 20 de noviembre de 1894, los pueblos mosquitos declararon solemnemente estar bajo juridicción del Estado de Nicaragua y donde según Romero Vargas y Buitrago B. “juraron fidelidad a nuestra bandera”. Pero, se sabe que este hecho fue impuesto a través de la fuerza militar del ejército desde Managua. Zelaya además se le puede señalar un rasgo que Lynch deja claro, y es el apoyo del Caudillo en el poder a los caudillos locales y es señalado por los autores anteriormente mencionados cuando dicen que Zelaya estimuló el localismo al establecer alianza con los granadinos conservadores, como táctica favorables a sus propios intereses. Richard Millett es mucho más claro cuando nos relata la siguiente anécdota: “Se cuenta que un jefe político local envió al Presidente Zelaya un telegrama que decía: En el tren de esta mañana le envío a Managua trescientos voluntarios. Por favor hágame llegar de vuelta los lazos ya que hay muchos más que están ansiosos por ir. Hay gran entusiasmo entre la gente aquí” Este dureza militar de su poder tiene mucho en común con Justo Rufino Barrios de Guatemala quien también llegó al poder derrocando a su gobernante conservador, en este caso fue contra García Granados, también emprendió la modernidad y la reforma del Estado, promulgando una Constitución en 1879. Otro rasgo común fue la preocupación por la unidad centroamericana; Barrios fue hegemónico sobre Honduras y El Salvador con sus aspiraciones unionistas, hostil frente al régimen conservador de Nicaragua, tuvo ingerencias en las elecciones hondureñas, promovía la alianza entre los liberales en el istmo, etc. Zelaya por su parte fiscalizaba la política en Honduras y El Salvador, arguyendo también ideas unionistas, rechazaba todo tipo de fiscalización en Nicaragua, en aras del mismo ideal lo enfrentaba a los intereses británicos y norteamericanos en su propio país y en Centro América, el capítulo de la anexión del territorio mosco fue un ejemplo de ello. Gestionó en 1895 la instauración de la República Mayor de Centroamérica, junto con El Salvador y Honduras, lográndolo fugazmente el 15 de Septiembre de 1896. fue rival de Manuel Estrada Cabrera de Guatemala, por el papel hegemónico en Centro América. En la Revista Conservadora, Magnus Morner retoma un escrito de “El Diarito” para caracterizar esta dureza de Zelaya: “Ciertos parientes de Zelaya, muy conservadores y que pretendían conocer a fondo al hombre que se presentaba como caudillo del liberalismo... planteaban: No conocen a Santos; no es liberal, ni cosa que se parezca; es ambicioso, malo y capaz de todo...es el AMO SANTOS” Según Alberto L. Alemán, este autoritarismo de Zelaya viene de su formación en Francia, lo cual lo caracteriza a su gobierno como un “despotismo ilustrado”, como un cuasi monarca culto que gobernaba a los “necios”, es decir al pueblo, dice además que la figura de Zelaya es usualmente demonizada en los manuales de historia norteamericanos, diciéndole que era un brutal tirano, que reprimía a sus compatriotas y que le gustaba infundir temor a sus vecinos. Sin embargo William Taft en 1909 dijo que “Zelaya es un barón en la historia de Nicaragua”. Y es que el cuadillo comprendió la importancia estratégica de construir un canal interoceánico a través de Nicaragua y buscó alternativas diferentes a la norteamericana, recordemos que fue difícil para él declarar que Nicaragua no concedería la extraterritorialidad del canal interoceánico a Estados Unidos si éste se decidía a construir el canal por Nicaragua, Washington no aceptó y en 1903 optó por Panamá. Sin embargo, la hegemonía norteamericana en este hemisferio luego de 1898 con el fin de la guerra en Cuba contra España, hizo que Estados Unidos no viera con buenos ojos los acuerdos de Zelaya con compañías de capital europeo. Zelaya mantenía el principio que el nacionalismo era indispensable para lograr la soberanía nacional. Sin embargo estaba claro que la dificultad radicaba en la debilidad del proyecto económico impulsado por los liberales, basado en una política concesionaria, y por tanto, cada vez más dependiente del capital extranjero. La confrontación con Estados Unidos, los levantamientos a lo interno que desmiente la posición de Torcuato S. DiTella, que dice que hubo un prolongado período de paz, la falta de credibilidad de muchos, entre otros factores, hicieron sucumbir a Zelaya de poder en 1909, luego de la nota Knox, por el pretexto de los fusilados norteamericanos en la Costa Caribe, al no aceptar Zelaya la incondicionalidad del pedido de Estados Unidos por estos prisioneros. Los posteriores levantamientos de rechazo de esta situación muestran el apoyo de caudillos locales a Zelaya, como el caso de Luis Mena. Este caudillo liberal fue aplastado por el plan hegemónico de los Estados Unidos y su actitud retadora. Thomas L. Karnes en los Fracasos de la Unión, lo caracteriza como el hombre más importante de Centro América en su época. Pero también cae por la falta de consenso a lo interno del país, por el carácter dictatorial de su gobierno, que algunos lo justifican por las constantes presiones, Adolfo Altamirano lo hace de la siguiente forma: “El pueblo acogió con vivo entusiasmo las doctrinas avanzadas del liberalismo, pero en presencia del desorden y de la narquía en que este partido entró en 96, tuvo mucha razón para equivocarse, juzgando que las amplias conclusiones liberales consignadas en la Carta Fundamental eran en primer término la causa de los males que afligían al Estado” Sea como fuere la historia está escrita, este caudillo tuvo esa característica que Lynch señala en su obra, y es que a nivel del dominio nacional, el poder supremo era personal, no institucional, y eso es lo que lamenta el Maestro José Dolores Gámez al expresar su decepción por Zelaya en una carta “Quiso usted por una ceguedad que hasta hoy nadie se explica, celebrar su pascua...pero en un manifiesto del general Zelaya al pueblo de Nicaragua, a su salida del poder, se puede decir que de una u otra manera se justifica al señalar: “Someto sin temor mi causa al criterio de los hombres honrados y a la rectitud inflexible de la historia”. IV- Conclusiones: Justamente la historia debe tener rectitud inflexible en sus análisis, inflexible en el sentido de ser muy critica y apegada a la objetividad. En Historia los claros y oscuros no son tan así, no es un fenómeno, personaje o proceso histórico “bueno” o “malo”; más bien hay que decir que tienen elementos positivos y negativos. Ahora, en el caso de Zelaya, y de la historia de Nicaragua en general se deben evitar los determinismos políticos o partidarios, la Revolución de 1893 que él encabezó tiene sus pro y sus contra, fundamentalmente para el país, ya se observó como dependiendo de quien diga las cosas, en este caso, si es o no es caudillo Zelaya, así será. Es importante ser críticos y retomar todos los puntos de vista para sacar nuestras propias conclusiones y así ser integral en nuestros análisis y conclusiones referentes a la Historia. No detenernos en detalles sin importancia, sino en los asuntos de fondo. En este caso, lo más importante no es si Zelaya fue caudillo o no, sino el hecho de determinar el impacto de este fenómeno en la historia del país, que por mucho que alguien haga buenas obras o que pueda tener la razón de su lado, si restringe las libertades, por determinados contextos, aplica mano dura a su favor, difícilmente tendrá a la mayoría a su lado. Por eso la importancia de rescatar la Memoria Histórica, nadie sin pasado podrá entender su presente ni tener claro su futuro. Por eso y muchas otras cosas más, el General José santos Zelaya tiene asegurado un lugar en nuestra Historia, a la distancia, sus méritos pesan más que sus desaciertos o limitantes, por eso, bien merecido, ¡Salve, Héroe Nacional! * El autor es docente del Departamento de Historia de la UNAN-Managua.
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