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El ALBA, base para desarrollar el modelo productivo

24 Marzo 2011
Por Pedro José Madrigal Reyes Estas líneas –parte de otro documento más extenso- no pretenden ser una tesis de la cuestión económica de Nicaragua, sino una reseña de los obstáculos que el pueblo nicaragüense ha encontrado en el momento que ha pretendido alcanzar un mayor desarrollo socioeconómico; y que a la postres se ha revelado como el elemento determinante en la realidad ideológica, condicionada por la omnipresentes voluntad imperial de las sucesivas administraciones estadounidenses… De alguna manera esta realidad es extrapolable a los demás países centroamericanos, tomando en cuenta los matices derivados de sus propias historia. Para introducirnos en el tema debemos atender al hecho de que en Nicaragua la revolución liberal burguesa emprendida por Zelaya no concluyo con éxito debido al intervencionismo norteamericano –Nota Knox-, EEUU entendió que aquellos cambios de carácter nacionalista se encaminaban a coartar su hegemonía en el territorio y por ende sus intereses geopolíticos en la región… Recordemos, que los principios de aquella “revolución” comprendían –como todas las de índole burguesa-: reforma agraria, industrialización, ampliación de derechos sociales, nacionalización de recursos, etc.; así como insertar a Nicaragua en un mercado global que apenas iniciaba su industrialización, a través de la creación de una clase burguesa de carácter nacionalista que por lo acontecidos jamás llegó a desarrollarse como tal, es decir, si que alcanzó establecerse como clase, pero dependiente de estamentos extranjeros para su supervivencia y de los designios impuestos por la oligarquía local… En definitiva, se trató de un intento de modernizar a una nación que recién se encontraba con la autodeterminación…, para descubrir que sus decisiones estaban siendo monitorizadas por un nuevo imperio que recurría a otros métodos –incluida la intervención militar- para asegurar su dominio y privilegio… En los años siguientes nos convertimos en productores de materias primas para la industria del denominado primer mundo, del que consumimos sus artículos procesados y medios de producción, es decir, en la división internacional del trabajo establecida por el capitalismo nos tocó la de productores de materias primas y de bienes de consumo, que a la postre tiene una inevitable repercusión socioeconómica debido a las desiguales condiciones de intercambio monetarios internacional derivadas de las características de los artículos mencionados. Con la llegada de la dictadura somocista –impuesta por los EEUU-, la dependencia político ideológica del norte se acentuó, en ese marco la economía no fue una excepción, al punto que a todo lo anterior debemos de agregar el hecho de que se potenció –debido a las políticas de exclusión social, leyes negativas y la represión- un modelo productivo en el que el peso de la producción estaba en manos de productores artesanales, desarrollándose un modelos productivo pre-capitalista. Esto no es aplicable a todo el modelo productivo del momento, pues de hecho había sectores –los que se encontraban en manos de la oligarquía y de los sectores cercano al dictador- que tenían una cierta industrialización, era el caso del algodón, caña de azúcar, café o las explotación ganadera; lo que viene a demostrar lo ya comentado, se nos convirtió en meros productores de materias primas, consumidores de bienes procesados –por ejemplo; éramos el destino de sus textiles fabricado con nuestro algodón-, con un mercado interno dependiente de los pequeños productores no industrializados. Pero la división internacional del trabajo y la economía pre-capitalista, tubo otro efecto más dramático al interior del país, la producción artesanal del campo era el origen de los productos que se consumían en la ciudad, quedando el campesino como el eslabón más débil del sistema, pues el mismo carecía de capacidad adquisitiva –o era minúscula- de bienes producidos fuera del campo; que se acentuaba con la existencia de un amplio sector no censado y que no existía para el estado, generando grandes bolsas de población en condiciones de completa miseria y exclusión. Esto no quiero decir que entre los urbanitas no existía pobreza, sino, que la pobreza endémica del país hallaba su punto álgido en la población del campo… Con el triunfo de la revolución se tuvo que reconstruir el estado, que tras la guerra había quedado completamente derruido y las estructuras que quedaba era dependiente ideológicamente de la dictadura. Inmersos en esta realidad, había que restaurar e industrializar el sistema productivo, y se ideó la creación de una economía mixta –producción estatal y privada (cooperativas, campesinado, y sectores de la burguesía) con apoyo directo del estado-; y de hecho desde el punto de vista de la producción funcionó, pero tuvo obstáculos que se revelaron insalvables: *Primero: Aunque la producción aumentó en volumen, fue insuficiente por el simple hecho de había un número importante de ciudadanos que ahora estaban presente en los censos estatales y a los que había que facilitar el acceso a los bienes producidos, y los que ya tenían acceso vieron aumentada su capacidad adquisitiva; también se trató de reducir el desequilibrio en el acceso a los bienes producidos entre ciudadano del campo y la ciudad, llamando a los primeros a participar del disfrute de los bienes producidos… Otro elemento a tomar en cuenta es que los cuerpos de defensa también requerían consumir bienes y que en última instancia se trataba de efectivos en edad productiva, que dada la realidad del momento no lo hacían… *Segundo: la guerra provocada y financiada por la administración Reagan implicó que el presupuesto del estado debía volcarse en defensa y no en otras áreas apremiantes para la nación como es el caso de la que nos ocupa –industrialización del sector productivo por ejemplo-, como efecto del conflicto se produjo el sabotaje constante de la producción y del aparataje energético –blanco favoritos de los grupos armados contrarrevolucionarios-, y el abandono de las tierras por el campesinado fruto de la situación de guerra -ya como desplazados o como efectivos de los cuerpos de defensa-, y en un país con una industria agraria es simplemente una tragedia. Para la pregunta que se ha hecho al respecto de la no expropiación de la totalidad de las áreas productivas, no tengo una respuesta especifica, pero diría que es el resultado del espíritu incluyente de la revolución –sólo fue posible, gracias a esa característica- que permitió la entrada en la organización del estado y del FSLN -como fuerza armada y luego política- cuadros provenientes de la burguesía que en última instancia pudieron condicionar el desarrollo de los acontecimientos ligados a ese aspecto. Sin olvidar, que en ella confluyeron múltiples tendencias políticas, algunas de las cuales sólo compartían el desprecio al dictador y no al sistema empleado por el mismo. En cualquier caso, la industrialización no llegó a ser una realidad para el universo productivo de la revolución. En los 16-17 años de neoliberalismo, el estado involucionó –fue desmantelado mediante la privatización-, los créditos para la producción se contrajeron drásticamente, se estimuló nuevamente la creación de monopolios productivos en manos de la oligarquía y burguesía dependiente, se estimuló el área especulativa de la economía…, y Nicaragua se derrumbo económicamente y ya nos solo éramos productores de materias primas y bienes de consumo, sino que éramos incapaces de satisfacer el mercado doméstico de los bienes que tradicionalmente producíamos, lo que implicó la importación de bienes subvencionado por los estados de origen y que terminaron por quebrar el sector productivo artesanal y cooperativo nicaragüense que carecía de esas subvenciones; y el que sobrevivió terminó contrayéndose o colapsando debido a la crisis energética. En la nueva etapa liderada por el FSLN, se heredó un estado abocado a convertirse en un estado fallido, en el que la insolvencia de todos los sectores socioeconómicos era la norma, esto implicó que el gobierno desarrollara políticas encaminadas a dos aspectos: *Conseguir revertir los efectos del neoliberalismo mediante la asistencia a los sectores empobrecidos más vulnerables. *Estimular la producción a todos los niveles, mediante el crédito productivo. Y es aquí en donde se está desarrollando el mayor acierto de la administración de la cosa pública, y no es otro que el desarrollo del área energética –gracias al ALBA- y la búsqueda de la independencia de ese sector que debe de funcionar como el motor fundamental de la estructura productiva; o lo que es lo mismo, solo el desarrollo del aparato energético y nacionalización del mismo –como sector estratégico del estado- permitirá recuperarnos de los años de abandono sufridos bajo el neoliberalismo y a la vez encaminarnos por la vía de la industrialización que finalmente permitirá alcanzar una mayor dimensión en desarrollo productivo, base fundamental para asegurarnos el desarrollo social que se nos ha negado.
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