Escúchenos en línea

El fraude «consensuado» de las organizaciones de la sociedad civil

30 Marzo 2011
Por Julio César Mendoza Siles. Los dirigentes de la autollamada Sociedad Civil crean mundos y lenguajes artificiosos para tratar de establecer un nuevo control social consensuado-mediático-elitista. El “ideal” de democracia y el derecho a ultranza que reclama la sociedad civil para todos los sectores de la sociedad tienen el propósito de socavar la confianza de la población en las instituciones sociales y minimizar el papel del estado. La lucha por el derecho de los grupos sociales que dicen defender nunca lo hace en las instituciones del estado sino en los medios de comunicación y en la calle. Su proyecto no es social sino político y operan a través de una estructura social de acumulación y expansión ideológica que se refuerzan mutuamente a través de redes nacionales e internacionales y responden a los planes de expansión del capitalismo financiero globalizado. El discurso dominante de éstos “visionarios” tiene su base en la doctrina vieja-europea que “veía en la sociedad una comunidad políticamente constituida e integrada por medio de normas jurídicas”. El pragmatismo en política y en la economía de las clases dominantes sepultó esta doctrina desde los inicios del sistema capitalista. El rescate de la ética política y el proyecto de una economía social son principios y programas que pertenecen enteramente a los partidos de izquierda y progresistas La conquista de la opinión pública es una tarea de primer orden de la dirigencia de las organizaciones de la sociedad civil. Para esto, tratan de crear un consenso mediático y elitista en alianza con los poderosos medios de comunicación para ejercer “una nueva autoridad total” e imponer el continúo dominio de la ideología del mercado como medio de solución de los problemas sociales. Se trata de hegemonizar un movimiento social sobre la base de la “legitimidad” y del consentimiento: este ejercicio de dominación ideológica de clase se dispersa en los diferentes deseos y opiniones de los individuos; esta fragmentación de la opinión es reorganizada en una supuesta unidad de consenso. William I. Robinson en sus “Nueve tesis de nuestra época”, dice que “el componente político de estas organizaciones sociales es el desarrollo de sistemas políticos que operan mediante el dominio consensual”. Agrega que “estos mecanismos de control social tienden a sustituir a las dictaduras, el autoritarismo y los sistemas coloniales represivos”. Para muestra un botón: Hilari Clinton, secretaria de estado de EEUU, en una reciente asamblea de organizaciones de la sociedad civil celebrada en Washinstong, las llamó “mis organizaciones de la sociedad civil”. Pero el concepto de opinión pública va más allá de las declaraciones de grupos particulares que tratan de hacer valer sus propias opiniones. La opinión pública se sustenta en valores éticos y políticos y es formada en un proceso racional de consenso al interior de la sociedad. Por tanto, el dominio intelectual mediático y elitista que ejercen los dirigentes de la sociedad civil sólo funciona con los pequeños grupos sociales que conforman su base social y los individuos que participan de las mismas ideas. Las trampas del procedimiento del control social y de dominación que utiliza la sociedad civil se basa en las múltiples redes hegemónicas de la clase económica dominante y el poder de veto de lod organismos financieros internacionales. La altura intelectual de los dirigentes de la sociedad civil criolla no está en el discurso sino en la proliferación de sus mensajes en los diferentes medios de comunicación. Juristas, obispos, sociólogos, politólogos y los infaltables analistas políticos son los encargados de repetir el mensaje desde el ángulo de su profesión. Esto es normal en Nicaragua, pues aquí está garantizada la libertad de expresión. Pero lo que llama la atención es el uso indiscriminado de la mentira y la calumnia para hacer valer sus posiciones. Incluso los rostros que vemos en sus programas de televisión reflejan odio y sarcasmo cuando se trata de atacar al gobierno sandinista y sus instituciones. Parece que se toman muy en serio su contrato empleado-patróns internacionales. En fin, tienen su razón, “la calle está dura”. La debilidad intelectual de estos dirigentes no está en el discurso sino en su falta de sentido humano, en su falta del calor humano.
Comentar     Arriba

Descarga la aplicación

en google play en google play