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Mirar a Nicaragua

20 Septiembre 2011
Antonio Luis Galán, Sacerdote español / Adital. El recorrido nocturno, desde el aeropuerto a donde iba a residir, me mostró lo equivocado que estaba de lo que yo pensaba encontrar en Managua como ciudad. Recordé aquello que ya había escrito en otro lugar: si en el Antiguo Testamente el pecado fundamental era no escuchar la palabra de Yaveh (Jr 2,4;3,25) en el Nuevo Testamento, aunque entren en juego otros sentidos, el pecado fundamental es no saber mirar:” ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Jn 14,9). Al igual que en la parábola del Buen Samaritano los dos primeros no quisieron acercarse a mirar al caído y por eso no tuvieron un corazón misericordioso (Lc 10, 25-37) y yo no quería que me pasara lo mismo. Así que desde el primer día me dispuse a mirar y a admirar. Lo primero que allí se impone a la mirada es la naturaleza iluminada por la fuerte luz: frondosa, bella, verde...; el verde es el color de los profetas y de los anunciadores del evangelio, símbolo de la vida y de la esperanza que aletea en ese país. La naturaleza se bebe la mirada en Nicaragua como un anuncio gozoso Después fue mirar a las personas; mejor, ver sus miradas al mirarte. Hay grandes ojos que te miran, detrás de los cuales hay una historia fascinante que escuchar. Personas ilusionadas y empeñadas en que todo puede ir un poco mejor. En Nicaragua se palpa la vida entregada por el evangelio en mil formas distintas. Desde la salida del sol hasta el ocaso los caminos son transitados por generosas personas portadoras de Buenas Noticias que visitan las comunidades mas apartadas como si fueran su gran tesoro: ¡Que hermosos son los pies de los que anuncian la Buena Nueva¡ (Rom 10,14-15). Personas que se distribuyen en los diferentes proyectos de atenciones primarias, acercándose como la mano amiga que siempre recoge más de lo que entrega. Mirar las comunidades y contemplar la vivencia gozosa de ser Hijos de Dios. Allí la vida se reflexiona, se la confronta con el evangelio que es mas exigente que cualquier ley; se la celebra y se la vive como viene, sin grandes aspavientos. Aparece en la conversación la maldita palabra hambruna y la mirada se lleva al corazón a otros lugares donde se derrocha y pienso que, donde sea que vayamos, tenemos que llegar juntos, unos países y otros. ¡Ay Nicaragua, Nicaragüita...! Fue bueno aprender a mirarte. Fue bueno no pasar por Ti como un turista, porque, a cambio, me facilitaste la posibilidad de cambiar mi mirada y mi corazón lo hiciste más misericordioso.
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