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La parábola del rico y Lázaro y la oligarquía antisandinista

10 Noviembre 2011
Por Carlos Escorcia Polanco Existe una asombrosa y reveladora semejanza entre la incredulidad del rico en la parábola del rico y Lázaro de los Evangelios, narrada por Cristo y la actual incredulidad histórica de los autodenominados “sectores democráticos”. Es una incredulidad histórica porque estos sectores timbuco calandracas no creen en nada, ni en nadie, ni siquiera en la media docena de encuestas electorales, incluyendo las que ellos mismos pagaron. No creen ni en ellos mismos, no creen en sus propios fiscales, no creen en Dios, el Dios de los pobres, es decir el Dios de Abraham, Isaac y Jacob. En la parábola del rico y Lázaro se dá un dramático diálogo de ultratumba entre un rico y el creador del universo, quien en la parábola narrada por nuestro propio Señor Jesucristo es identificado como “el padre Abraham.” La parábola es una impresionante simbología religiosa de la lucha de clases que según Marx es “la partera de la historia.” Con esa asombrosa sencillez que caracteriza el mensaje de Cristo, el propio Mesías prometido comienza marcando con radicalidad evangélica el contraste socio-económico de los personajes: “Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez. Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquél, lleno de llagas.” Con el paso del tiempo, mueren el rico y Lázaro, salvo que el rico va a parar a un lugar de tormentos denominado Hades por Jesús y Lázaro es llevado por los ángeles al seno de Abraham. El rico mira a lo lejos que Lázaro esta disfrutando de la felicidad prometida en la Biblia para los justos. No se trataba de la frase de Omar Cabezas “Bienaventurados los pobres porque de ellos será la luna”, sino de la radicalidad del Evangelio, ese mensaje revolucionario del pastor Martin Luther King, de monseñor Romero, de Gaspar García Laviana, del mártir luterano, ejecutado por Hitler, Dietrich Bonhoeffer, “Bienaventurados pobres porque de ellos es el reino de Dios.” Desde su tormento infernal, el rico implora al padre Abraham que mande misioneros a la tierra a predicarles a sus hermanos la Salvación en la cual el mismo no creyó. Abraham le contesta “A Moises y a los profetas tienen; óiganlos.” El rico, sabiendo que las clases esclavistas y opresoras satanizaban en Egipto al profeta Moisés, contradice a Dios mismo. Es que los explotadores que tanto hablan de ateísmo no creen en Dios y mucho menos en su Palabra. “No, padre Abraham; pero si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se arrepentirán” dice el rico. El padre Abraham le responde: “Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos” (Evangelio de Lucas 16: 19-31, versión Reina-Valera 1960). La primera revolución triunfante de esclavos en la historia de la humanidad no ocurrió en Haití sino en Egipto. La parábola del Rico y Lázaro sugiere que el rico y Lázaro vivieron en la época de Moisés. El profeta tuvo que huir de la ira de Faraón y exiliarse en tierra de Madian. Del relato bíblico se desprende que los ricos en la época de Moisés no creían en él. Quienes creyeron en él fueron los esclavos y los mendigos como Lázaro y le acompañaron por 40 años en el desierto, éxodo revolucionario considerado como el contexto de “la historia de la Salvación”, llevada magistralmente al celuloide en la película clásica “Los Diez Mandamientos” con el gran actor Charlton Heston, haciendo el papel de Moises y la impresionante obra musical de Cecil B DeMille. La incredulidad de la actual oligarquía antisandinista de Nicaragua, no se limita a los resultados de las elecciones presidenciales, anunciados por el Consejo Supremo Electoral. Comprende el no creer ni en sus propias encuestas pagadas por ellos mismos, incluyendo la de la prestigiosa firma norteamericana GALLUP. Sus encuestas jamás les dieron ninguna ventaja significativa en qué basar su fallida “montaña de votos”. La oligarquía antisandinista tampoco creyó en el veredicto de la Corte Internacional de Justicia de La Haya el cual condenó la guerra de la contra. Tampoco creen que los pobres están mejor hoy que hace 5 años. Ven los buses nuevos, pero se hacen los suecos. La Unesco ha reconocido los avances de la alfabetización, pero se hacen los disimulados. La oligarquía no cree que este pueblo es Sandinista. Se burlan de las tejas de zinc, precisamente porque los ricos que visten de púrpura y lino fino y hacen banquetes con esplendidez, no conocen del sufrimiento de los pobres que vivían en casas de cartón y con techos pasconeados. La incredulidad de los esclavistas del antiguo Egipto es la misma de los oligarcas de hoy. El rechazo al mensaje de Moisés durante la gesta liberadora del Éxodo es muy semejante al rechazo a todo lo que huela a Sandinismo. Las revoluciones son esos poderosos movimientos populares que alteran el orden opresor y liberan la energía de los pueblos. La historia de la Salvación del Antiguo Testamento, representada por Moisés, desembocó no solo en la creación de una nueva nación, sino en el advenimiento de la Redención trascendental mediante el advenimiento del hijo de Dios que quita el pecado del mundo. La Oligarquía antisandinista que tanto ha repudiado el supuesto “ateísmo” de la Revolución Sandinista, es mas incrédula que el mas fanático de los ateos. No le creen a la OEA, no le creen al SICA, ni siquiera le creen a la Unión Europea, ya que si no condenaban al CSE en términos absolutos, no les creían. Cualquier semejanza de la oposición antisandinista con el rico de la parábola bíblica, no es casualidad, es parte del mismo libreto que a lo largo de la historia, las clases dominantes utilizan para preservar sus privilegios e intereses. No le creyeron ni a Moisés ni a los profetas del antiguo Israel a como hoy tampoco creerían aunque los héroes y mártires resuciten de entre los muertos.
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