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Hablemos de lavado de dinero

10 Septiembre 2012

Por Juan Carlos Santa Cruz C.*

En estos días se habla mucho de los más de nueve millones de dólares decomisados a un grupo de mexicanos, pero poco se informa a la sociedad sobre la gravedad del hecho mismo, dado que precisamente ese puede ser un paso previo al lavado. Dinero sucio que iba según se informa en los medios, hacia Costa Rica. Como es lógico en el país de destino es donde adquiere las más diversas figuras en el marco financiero o de inversiones, aunque también sirve para compra de drogas, trasiego de armas, sicariato, y por supuesto lavado.

Los ciudadanos sabemos muy poco del lavado de dinero, y en Nicaragua casi no conocemos información pública al respecto. Lavar o blanquear dinero es un procedimiento delincuencial de altos niveles de sofisticación. Consiste en procedimientos utilizados por mafiosos para convertir dinero fruto de comercialización de drogas u otros actos ilícitos en dinero de aceptación pública. Sería erróneo querer tipificar la dirección y el medio del lavado de dinero porque opera en todos los ámbitos de la economía y la sociedad.

A veces se focaliza en inversiones de gran envergadura, en otras circula campantemente en los sistemas financieros de los países, y hasta en su comercio exterior. Ya no se trata de drogas detectadas por perros adiestrados, sino de cuentas bancarias que circulan dinero por la vía electrónica a una velocidad asombrosa.

Estamos hablando de imperios financieros con altas gerencias y recursos sofisticados dirigidos por profesionales especializados en el negocio del lavado de dinero.

El lavado de dinero es un acto cruel que oficia como uno de los puntales de la delincuencia internacional. Su modus operandi abarca el más amplio espectro y consiste en acciones como el cambio de identidades , y bajo esta mampara se mueven fondos, se concretan depósitos, se efectúan exportaciones e importaciones inexistentes o fraudulentas. Asimismo, se compran, alquilan o venden bonos, acciones, y se articulan una serie de acciones interminables cuyo denominador común es el carácter oscuro de las mismas.

Ese dinero para lavar entra por la vía de los casinos, supermercados, el comercio exterior, los sistemas financieros, las inversiones en tierras, playas, inmuebles, restaurantes, etc. También ingresan por la vía de ciertos servicios profesionales, siendo el control para casi todos ellos muy difícil de efectuar. Otro de los puntos fuertes del lavado de dinero se focaliza en el ámbito de la comercialización de obras de arte y antigüedades, cuyas ramificaciones parecen no tener fin.

Si se considera que la revolución tecnológica con el dinero electrónico y las tarjetas inteligentes constituyen nuevas formas de transferir valores y que cada vez funcionan con mayor efectividad a partir de la complicidad del tráfico de influencias y los sobornos, el panorama para las autoridades de los países se vuelve cada vez más complicada por la carencia de recursos tecnológicos. El asunto es que según diversas fuentes, se lavan anualmente en el mundo unos quinientos mil millones de dólares.

Debemos mantenernos en alerta porque estas son actividades mundiales, globalizadas, y el lavado de dinero no tiene fronteras y opera utilizando múltiples figuras, que no son necesariamente dólares en bolsos.

Creemos que es tiempo que se deje de considerar al tema del lavado de activos como un caso exclusivo de la policía y la justicia, mientras tanto nosotros los ciudadanos estamos en palco, viendo pasar los toros de largo. El conocimiento y la información tiene que ser un producto colectivo. Si los ciudadanos están al tanto de las distintas manifestaciones del lavado de dinero , podrán identificar con mayor facilidad, lo que en las tipologías se denominan como alertas.

Si a los ciudadanos se nos brinda elementos para valorar qué cosa es una empresa de fachada por ejemplo, la labor policial y de la fiscalía se verían enriquecidas, tal como se opera con la denuncia de expendios de droga. En este sentido los medios de comunicación, pueden ser un excelente mecanismo de información educativa sobre la envergadura de estas actividades, y las formas de identificar las alertas correspondientes.

*El autor es Sociólogo

 

 

 

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