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El Vaticano, el ALBA y la iglesia Evangélica Latinoamericana

20 Marzo 2013

Por: Carlos Escorcia Polanco

El Complejo Industrial Militar de Estados Unidos y la cúpula cardenalicia de la Iglesia Católico-romana de El Vaticano comparten la misma profunda preocupación por la situación que desde hace unas décadas se viene desarrollando a lo largo y lo ancho de América Latina.

No solo lo poco que queda de la oposición antisandinista se regocija con la muerte de Chávez, sino Washington y Roma, los dos ejes de la dominación mundial consideran llegado el momento de pasar a la ofensiva para revertir el vertiginoso crecimiento evangélico en América Latina y el avance de las fuerzas revolucionarias en todo el mundo, con el ALBA a la vanguardia.

Se trata de dos fenómenos coexistentes que se han incubado por generaciones y que ahora afloran aceleradamente mediante el rápido crecimiento de los evangélicos en América Latina y el surgimiento de la Revolución Democrática lidereada por Hugo Chavez, que a gran velocidad se consolida y se institucionaliza por medio del ALBA.

En cuanto al crecimiento de los evangélicos latinoamericanos, consideremos el caso de Brasil, el país con el más elevado índice de católicos en todo el mundo. En 1970 el 92% de la población brasileña era católica, hoy, cuatro décadas después el porcentaje de católicos en Brasil ha bajado a 64%, una caída de28 puntos porcentuales. Lo opuesto sucede con la iglesia evangélica. Mientras los católicos experimentan una permanente hemorragia de fieles, los evangélicos crecen y crecen en todo Brasil.

En 1980, hace treinta años, la población evangélica de Brasil daba cuenta de únicamente el 6.6%. Para el censo de 2010, este porcentaje ya había subido al 22.2%, un crecimiento del 15.6%. Los datos estadísticos deben de ser preocupantes para la jerarquía católica. Los católicos pierden fieles mientras los evangélicos ganan fieles y esta tendencia no ha podido ser revertida pese a grandes esfuerzos de la jerarquía católica por lograrlo. Cien millones de evangélicos practicantes y militantes en América Latina son un formidable fenómeno que ningún estratega pastoralista católico serio pueda pasar por alto.

Por su parte, las grandes corporaciones norteamericanas y las élites dominantes en Washington, ven con enorme preocupación como el fenómeno del Chavismo se extiende rápidamente como reguero de pólvora por toda América Latina. La imaginación popular ha parido a un nuevo santo y este no es necesariamente del agrado ni de Washington ni de Roma.

El portal cibernético NoticiaCristiana.com reportaba en un despacho noticioso del 30 de Noviembre de 2007, lo siguiente: "El crecimiento de los movimientos pentecostales, presentes desde inicios del siglo XX en América Latina, fue uno de los temas de la reunión extraordinaria celebrada este viernes en el Vaticano entre más de cien cardenales católicos de todo el mundo." NOTA: El pentecostalismo, rama del protestantismo es el movimiento con mayor crecimiento en América Latina y representa alrededor del 80% de los evangélicos latinoamericanos."

Apenas la semana del 15 de marzo de 2013, el mismo portal escribía: "La elección de un papa procedente de un continente en el que vive el 40 por ciento de los católicos del mundo se inscribe también en la tentativa de la iglesia católica de frenar el rápido avance de los evangélicos en los países en vías de desarrollo, no sólo en América Latina, sino también en África y en Asia."

Es ampliamente conocido el papel que jugó el Vaticano en la década de los 80s en la desestabilización del régimen socialista de Polonia con la elección de un papa polaco. El cardenal polaco Karol Wojtyla luego de ser electo papa dió todo su apoyo al dirigente Lech Walesa del sindicato Solidaridad, financiado por la CIA. Walesa se also con la presidencia y convirtió a Polonia en un estado reaccionario títere del imperialismo norteamericano.

El fenómeno político del ALBA se da luego del colapso total del socialismo real en todo el mundo. Las mentes mas lúcidas del imperialismo como el ideólogo e intelectual japonés-americano Francis Fukuyama, proclaman "el fin de la historia" con la imposición del imperialismo norteamericano como capítulo final de la historia. Irónicamente fue el predicador norteamericano Billy Graham quien lapidariamente sentenció: "Ni el Comunismo, ni el Imperialismo escribirán la última página de la historia sino Dios."

La desaparición del bloque socialista y la consiguiente desintegración de la Unión Soviética, la derrota de la Revolución Sandinista en Nicaragua, el brutal cerco y asilamiento de la heroica revolución cubana, el aniquilamiento y masacre de virtualmente todos los movimientos guerrilleros en América Latina, marcaron una etapa amarga para los movimientos revolucionarios en todo el mundo.

No se trataba necesariamente de un período de acumulación en silencio como sucedió con los Sandinistas pocos años antes del derrocamiento de la sangrienta tiranía somociana. Se trataba del mas grave revés de las fuerzas revolucionarias en todo el planeta y la victoria de la muerte sobre los habitantes de todo el planeta.

Es en este contexto que aparece de las sombras un joven paracaidista del ejército venezolano, el teniente coronel Hugo Rafael Chavez Frías y recoge y desempolva la bandera de Bolivar, el prócer que una vez proclamó cual profeta visionario: "Los Estados Unidos parecen destinados por la providencia a plagar de miserias a las Américas en nombre de la libertad."

El vertiginoso y precoz liderazgo de Chávez que permite el nacimiento de instituciones democráticas independientes de Estados Unidos como Mercosur, la consolidación de proyectos bolivarianos como PetroCaribe, Telesur, Unasur, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe, CELAC, sin la presencia de Estados Unidos y Canadá, los proyectos sociales del ALBA que han hecho retroceder a las oligarquías latinoamericanas en virtualmente todo el continente, han alarmado sobremanera a Washington y Roma, los dos ejes históricos de dominación mundial.

Aunque en política jamás se puede predecir con exactitud la última palabra, dado el contexto del avance de dos fuerzas sociales en Latinoamerica, como lo son la pujanza de los evangélicos y la expansión de la Revolución Bolivariana, supra-dimensionada recientemente con el paso a la inmortalidad de su líder Hugo Chávez, marcan ciertamente la pauta de una agresiva respuesta de las fuerzas reaccionarias con el objetivo de derrotar las esperanzas de los pueblos latinoamericanos.

Ojalá que esta vez no se repita el fenómeno del modelo polaco que hizo pedazos las esperanzas de millones de seres humanos que habían logrado consolidar en los países socialistas el primer experimento de gobiernos de la clase obrera en la historia del mundo.

Un imperio que titubea ante su peor crisis en tres generaciones, una iglesia católica sacudida hasta los cimientos por escándalos de pederastia y un papa fuertemente cuestionado por su papel durante la dictadura militar en Argentina, ciertamente auguran que esta vez las fuerzas del obscurantismo no tendrán la misma capacidad de reacción que hace una generación cuando desde nuestra pequeña Nicaragua se anunció la "noche negra" de nuestra Revolución, proclama que solo luto y sufrimiento trajo para nuestro pueblo.

Esta vez los pueblos se están organizando y se preparan políticamente para enfrentar los estertores de una fiera herida de muerte que pretende arrastrar en su caída al resto de la humanidad.

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