Carlos Fonseca al amparo de Pedro Rito Avilés Managua. Por David Gutiérrez López, Visión Sandinista, 22 noviembre de 2019

Carlos Fonseca al amparo de Pedro Rito Avilés Managua. Por David Gutiérrez López, Visión Sandinista, 22 noviembre de 2019

Pedro Rito Avilés López, nació en Nagarote el 29 de junio de 1932. Fue vendedor de lotería, mecánico y conductor de automóviles. Estuvo casado con doña Mariana López (fallecida), también colaboradora del FSLN, quien después del triunfo de la revolución fue oficial de la contrainteligencia y encargada de la casa L, ubicada arriba del antiguo bunker construido por Somoza, casa que el dictador mandó a construir para su amante Dinorah Sampson.

Es padre de 14 hijos. Cinco de una primera relación y nueve procreados con doña Mariana. Durante el gobierno sandinista en la década de los ochenta trabajó en Cancillería con el Padre Miguel D’Escoto, en la sección de protocolo.

Poca gente le conoce y llama por su nombre de pila. Lo saludan como “Peter”, principalmente en las estructuras de dirección del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), a este hombre ahora (noviembre de 2019) de 87 años que llegó a convertirse en uno de los más leales, valiosos y confiables colaboradores de los jefes sandinistas, incluyendo a su fundador, el comandante Carlos Fonseca Amador.

Peter, sin ser corredor de bienes raíces, de pronto se vio involucrado en el alquiler de casas que le servían de vivienda y cobertura junto a su esposa Mariana López, quienes, además de su familia, atendían y protegían a los dirigentes y combatientes sandinistas en la clandestinidad, haciendo de tripas corazón para alimentar a sus hijos y a los visitantes perseguidos.

A veces comían solo frijoles, otras solo arroz, porque hacer gallo pinto les resultaba un lujo. Recuerda cuando en un pequeño espacio de una de las casas de seguridad, ubicada cerca al antiguo camino de San Isidro de Bolas, sembró una parcela de yuca que le sirvió para alimentar a su familia, pero también con el objetivo de esconder buzones de armas y municiones.

Pedro Rito Avilés López en noviembre de 2019. Foto de Visión Sandinista

A Peter, en la intimidad de la confianza, los dirigentes sandinistas le llamaban a manera de broma el “gordo Lacayo”, porque trabajaba con Ramiro Lacayo Montealegre, un empresario ligado al régimen somocista, amigo personal del dictador Anastasio “Tacho” Somoza Debayle y su esposa y prima, Hope Portocarrero.

En cierta ocasión, relata Peter, Ramiro Lacayo, a quien le conducía el automóvil, lo llevó hasta “la curva”, donde estaba ubicada la Casa Presidencial en la loma de Tiscapa, -actualmente habilitado en un parque histórico con las ruinas dejadas por el terremoto del 23 de diciembre de 1972- oportunidad que tuvo para saludar de mano al propio dictador Somoza y a la Hope.

Por su casa pasaron y se refugiaron todos los miembros de la Dirección Nacional del FSLN en los años 60 y 70, desde el comandante y máximo dirigente Carlos Fonseca, Oscar “El ronco” Turcios, José Benito Escobar, Pedro Arauz Palacios, Tomás Borge, Daniel Ortega, entre otros cuadros dirigentes. Era una casa extremadamente compartimentada, que muy pocos conocieron.

Recompensa de 10 mil córdobas

A mediados de los años 60, a la casa que habitaba Peter con su familia llevaron a un hombre “alto, vestido de camisa manga larga, de ojos azules y gruesos anteojos”, a quien recibieron como a todos los clandestinos que se movían sigilosamente en Managua, por la noche preferiblemente, raras veces lo hacían en el día.

Esa primera vivienda estaba ubicada en el barrio Monseñor Lezcano, en el occidente de Managua, donde posteriormente alquilaron otras viviendas para evadir la persecución de los agentes de la dictadura de Somoza.

Días después, mientras el nuevo visitante se encontraba duchando, Peter comenzó a leer el diario Novedades, propiedad de Somoza, donde aparecía la fotografía del huésped por el cual la Guardia Nacional (G.N) ofrecía diez mil córdobas (unos 700 dólares de la época) por información que condujera a la captura del comandante Carlos Fonseca Amador.

La noticia que estaba leyendo lo dejó impactado, fue cuando supo quién era su huésped, pero logró sobreponerse y decidió con valentía asumir su responsabilidad de proteger y cuidar al valioso dirigente que se había convertido en el hombre más buscado y mejor remunerado por su captura vivo o muerto. Desde ese momento se convirtió en un colaborador confiable y leal a la causa sandinista.

Carlos Fonseca usaba diversos disfraces para no ser identificado y capturado por los agentes de la Oficina de Seguridad Nacional, (OSN), encargada de perseguir, capturar, torturar y hasta asesinar a los prisioneros sandinistas en las cárceles ubicadas en los sótanos de Tiscapa.

El comandante Carlos Fonseca en compañía de Peter salían en misiones en una camioneta color rojo de tina, para ocultarse de las miradas y no ser identificado en las calles se arrecostaba en el asiento. En otras ocasiones se amarraba una venda o manta blanca en el contorno de la cabeza, simulando padecer de un problema neurálgico o un dolor de muelas. Aunque, al jefe del FSLN le gustaba y prefería usar el transporte público -buses- para movilizarse.

Otras veces salía de la casa de seguridad y se juntaba con Gloria Campos Traña, combatiente con una larga historia dentro del Frente Sandinista. Se encontraban en un punto determinado cerca de un puente ubicado entre los barrios Altagracia y San Judas. Se saludaban, se tomaban de la mano simulando ser un par de novios y caminaban por la calle con mucha normalidad.

En los años 70, Fonseca usaba una dentadura postiza que deformaba un poco su rostro cambiando sus facciones. También cambió su peinado, alisando el pelo crespo y usaba lentes de contacto. Se transformaba totalmente, lo único que no podía cambiar era su estatura que lo hacía sobresalir en cualquier parte donde se movilizaba.

La mística de Jorge Navarro

Habitando en Monseñor Lezcano, la situación económica de la organización era precaria. “Estábamos hechos mierda… sin un centavo para comer”, relata Peter, “entonces le propuse al comandante realizar un asalto al supermercado (La Colonia) que estaba cerca de Montoya (destruido por el terremoto de 1972). Le describí todas las señas y la información donde se encontraba el gerente Alfredo Enríquez y el resto de empleados”, recuerda.

Se armó el plan. Fue el comandante Daniel Ortega, muy joven aún, quien llegó hasta esa casa a dejar “dos pistolitas” para realizar la acción, recuerda Peter. Se designó un responsable del operativo junto a otros compañeros. El operativo fue un éxito. Recuperaron unos 50 mil córdobas, una gran cantidad de dinero en esa época (más de dos millones de córdobas actuales, aproximadamente). El responsable del operativo fue el también fundador del FSLN Jorge Navarro, quien caminó a pie con el dinero en la mano, porque no tenía en su bolsillo ni un centavo para abordar un transporte, cuando el bus urbano costaba veinticinco centavos (un chelín).

Fue en 1976, en una fecha no determinada (probablemente agosto) cuando el comandante Carlos Fonseca le comunicó a Peter que tendría que viajar a una misión. Se abrazaron y despidieron sin sospechar que sería la última vez que se mirarían. Carlos se internó en las montañas de Nicaragua en busca de una programada reunión con cuadros del FSLN que en ese momento se encontraban divididos en tres tendencias. La original GPP, Proletarios e Insurreccionales, también llamados Terceristas por ser los últimos en constituirse.

El 8 de noviembre en horas de la noche, el comandante Carlos acompañado de dos combatientes, Benito Carvajal y Crescencio Aguilar, cayó en un enfrentamiento con una patrulla de la GN en busca de la reunión que nunca se realizó.

A Peter la noticia lo estremeció profundamente, pero al mismo tiempo fortaleció su lealtad y no abandonó sus convicciones y compromiso de lucha, al continuar sirviendo siempre a la causa sandinista.

En 1978, cuando se preparaba la ofensiva final, la organización le orientó, considerando que él nunca cayó preso, viajar a Costa Rica para resguardar su vida y la de su familia. Así lo hicieron, ya en San José se integró a tareas organizativas y de apoyo a la lucha popular que finalizó con el triunfo de la Revolución Popular Sandinista.

Con una emoción que no puede ocultar, Peter narra como el comandante Carlos con una ternura paternal le chineaba y daba la pacha a sus pequeños hijos, los mayores Javier e Ileana, cuando él salía a trabajar y su esposa se encontraba ocupada realizando las tareas diarias de la casa. Javier, el hijo mayor, ahora de 63 años, dice no recordar esos gestos de ternura del fundador del FSLN, pero expresa satisfacción de haberse sentido arrullado en sus brazos, según el relato de sus padres.

Afirma que Carlos Fonseca era un incansable estudioso y lector. Por las noches escribía a la luz de un candil a falta de energía eléctrica en la casa. También instruía políticamente a él y a doña Mariana (su esposa).

En medio de una balacera

Entre las tareas que le tocó asumir, Peter recuerda que en 1976 el combatiente sandinista Cristian Pérez había bajado de la montaña gravemente enfermo de leishmaniasis cutánea, conocida como lepra de montaña. Se encontraba oculto en una casa de Ciudad Jardín, en las cercanías de donde fue la ITR. Era de noche cuando conducía el vehículo acompañado de Glauco Róbelo (ex general en retiro del Ejército), único armado de pistola y una granada de fragmentación, con la misión de sacar a Cristian a un lugar donde recibiría atención médica a su enfermedad, causada por el piquete de un mosquito.

Se movilizaban por una calle cercana al antiguo cine Salinas, cuando de pronto los sorprendió una balacera y el operativo de varias patrullas de guardias que se habían enfrentado y buscaban a un grupo de jóvenes sandinistas que les habían atacado con bombas de contacto. Tenían cercada la zona.

Se encontraban entrampados. Un guardia se les acercó y le dijo a Peter: Viejo, ¿andás cigarros? Y de pronto ordenó que avanzaran, momento que aprovecharon para retirarse del lugar, abortando el operativo de llevarse esa noche a Cristian Pérez y lograr respirar con tranquilidad al haber evadido una segura captura o la muerte.

Dentro de las casas de seguridad, había una en el camino de Bolas que se encontraba al entorno o anillo de seguridad de la residencia del dictador Anastasio Somoza y su esposa, llamado el Retiro, la misma era visitada y a veces se establecían por horas patrullas de la Guardia Nacional en su rutina de vigilancia, sin sospechar que aquella casa humilde, una de las tres existentes en ese alejado lugar, era refugio de valiosos cuadros revolucionarios.

En una ocasión los cuerpos de los habitantes de la casa se estremecieron cuando una patrulla de la guardia se detuvo frente a la vivienda preguntando por Peter, todos quedaron en silencio y al rato volvieron a respirar cuando se enteraron que el militar que preguntaba era un sobrino que pasaba saludándolo. A todo les bajó la adrenalina y el pulso volvió a la normalidad. El susto había pasado.

José Benito Escobar

Peter se formó en las calles de la antigua Managua, después del primer terremoto de 1931 que destruyó la capital, vendiendo lotería. Posteriormente aprendió mecánica automotriz y a conducir vehículos. Se comenzó a vincular a los sindicatos afiliados al entonces clandestino Partido Socialista Nicaragüense, conducido por Domingo “Chagüitillo” Sánchez -destacado dirigente obrero-.

Participó en huelgas del sindicato de choferes de Managua, un movimiento fuerte en la época. Fue en esos días que conoció a José Benito Escobar, quien se comenzaba a proyectar como un defensor y dirigente de los obreros nicaragüense, clase a la que el mismo pertenecía.

Recuerda este colaborador del FSLN y resguardador de las casas de seguridad que después del ajusticiamiento del general Anastasio Somoza García, por el poeta Rigoberto López Pérez, él asistía a unas charlas políticas en un antiguo galerón cercano al edificio de Telcor, allí escuchaba decir que el somocismo explotaba a los trabajadores pagándoles salarios miserables.

Comenzó a tomar conciencia real sobre la situación vivida en los años 50. Un primero de enero, cuando los católicos realizaban la marcha de los varones, todos vestidos impecablemente de trajes blancos, con la imagen de la Sangre de Cristo, José Benito orientó a Peter realizar una acción de propaganda, que consistió en halar el mecate de una especie de piñata, de la que, al abrirse, saldrían papeletas denunciando a Somoza.

También participó en acciones de sabotaje durante una huelga de transporte, lanzando tachuelas sobre la antigua y concurrida calle 15 de septiembre. Después de varias acciones realizadas, Peter fue juramentado por José Benito Escobar, con la firmeza de combatir y luchar por una patria libre o morir (plomo).