Cinco héroes y un mercenario: el derribo del avión de Hasenfus Managua. Por Alberto Mora, Revista En Vivo, canal 4 de televisión.

Cinco héroes y un mercenario: el derribo del avión de Hasenfus Managua. Por Alberto Mora, Revista En Vivo, canal 4 de televisión.

Fernando Canales, Raúl Acevedo y Pablo Betancourt, son tres de los cinco Héroes condecorados por el Presidente Daniel Ortega con la Orden Augusto C. Sandino, máxima distinción del Estado de Nicaragua el pasado 28 de mayo.

Todos son de la zona de Río San Juan. Fernando Canales hoy es médico, director del SILAIS de Zelaya Central; Raúl Acevedo, hoy es abogado, alcalde de El Cuá, y el teniente primero en retiro Pablo Betancourt, fundador del Ejército y jefe de plana del Batallón Ligero Cazador Gaspar García Laviana, actualmente agricultor en la zona de Las Azucenas, en Río San Juan. Los otros dos condecorados son Byron Montiel, cumplidor del Servicio Militar Patriótico, hoy ingeniero agrónomo, técnico en el SILAIS del departamento de Río San Juan, y el teniente en retiro Efraín Miranda, jefe de la primera compañía del Batallón Ligero Cazador Gaspar García Laviana, hoy agricultor y productor en la zona de El Castillo, Río San Juan,

El decreto que otorga la Orden a los cinco héroes dice textualmente: «Nuestros valerosos hermanos, valientes hermanos, representando la nobleza y arrojo del pueblo nicaragüense, en la defensa de nuestros valores patrimoniales más excelsos, tienen el orgullo revolucionario de haber derribado el 5 de octubre de 1986, en plena guerra de agresión contrarrevolucionaria, el avión espía de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos, que abastecía con armas y todo tipo de pertrechos a la sanguinaria contrarrevolución.

El avión fue derribado en las profundidades montañosas del municipio de San Miguelito, departamento de Río San Juan, exactamente en un punto conocido como Río Fajardito.

Durante esa acción honrosa, fue capturado por ellos, conducido y presentado ante las autoridades nicaragüenses, el mercenario yanqui Eugene Hasenfus».

Fernando tenía 17 años y Raúl 18 años, ambos cumplía el Servicio Militar Patriótico. Pablo era soldado permanente del Ejército Popular Sandinista, y tenía 22 años.

Alberto Mora: El Comandante Ortega explicó en qué circunstancia ocurrió esto. Ustedes tenían varios días de andar precisamente en la misión de lograr la detención de este tipo que trabajaba para la CIA abasteciendo con armas para matar al pueblo de Nicaragua, y en apoyo a la contrarrevolución. Cuéntenos que pasó ese día. ¿Fue en horas de la tarde, según relato?

Fernando Canales: En principio dar gracias a Dios porque estamos vivos, y gracias al Comandante porque estamos aquí siempre en la lucha. Recuerdo que fue un 5 de octubre de 1986, eran las 12:45, nosotros siempre contamos esa historia; en ese momento histórico nos encontrábamos cocinando mono, porque teníamos más o menos 3 días de que no teníamos alimentos.

Casualmente, por casualidades del destino nos encontrábamos acampando en ese lugar que le llaman “Casa de Zinc” o “Casa Zinc”, específicamente porque se andaba trayendo una fuente de poder o el radio C-15A que era con el que se comunicaba mi hermano Betancourt, que era el Jefe de Plana Mayor de la Compañía en la que andábamos nosotros.

Él siempre se comunicaba a las 6:05 de la tarde, pero 3 días antes se nos había averiado el C-15, y vos sabés que no se puede andar sin comunicación ahí. Entonces íbamos a ser hombres muertos. Lo principal era mandar a traer el C-15, que ellos lo pedían y también traer alimentos. Recuerdo que mandaron su escuadra. Era domingo como a las 12:45 cuando el escolta que caminaba con el jefe Pablo, él también estaba cocinando en las champitas que que habíamos ubicado estratégicamente.

El escolta fue el que salió y gritó: “¡Jefe, Jefe, avión se aproxima!” y entonces nosotros, que estábamos allí en la champita, salimos a todo mil, a toda carrera, salimos a buscar la flecha que siempre la teníamos en dos ganchitos tapada con plástico.

Nos encontrábamos allí acampando; estábamos preparados estratégicamente ante cualquier situación que podía penetrar; si pasaba por casualidad el avión tampoco íbamos a desperdiciar esa oportunidad. Se da el evento cuando el escolta avisa, y el Jefe dice; “¡Flecheros prepárense!”; ya nosotros estábamos donde estaba la flecha.

Byron es el otro compañero que andaba con nosotros. Yo agarré primero los espejuelos que es lo que te protege de los gases químicos; de hecho el que agarra los espejuelos es el que iba a tirar, porque no era que nos íbamos a poner de acuerdo a decir, quién va a tirar. No.

Yo agarré los espejuelos e inmediatamente comenzamos; el avión venía en dirección nuestra del lado costarricense, yo lo comienzo a colimar, a localizarlo o a capturarlo, porque en la mirilla que trae en la parte de la flecha uno sabe más o menos a qué distancia viene, viene a 5 mil metros y el tiro efectivo es a 2 mil 500, 3 mil metros. Pero claro, como el avión no va a estar esperando… “¡aquí estoy!”; entonces le dije a Byron: “encendeme la fuente que yo no sé para dónde es que se jala la chochada”, de los nervios, estaba nervioso y le digo, “jalame la fuente de alimentación”, que es la que alimenta el cohete. Esa fuente de alimentación tarda 60 segundos. Si en 1 minuto no hacés nada, se fue el avión y se hubieran ido riendo los jodidos.

Pero bueno, 6 segundos tenía para hacer todo el tiro efectivo; entonces como me enciende la fuente ahí nomás, cuando yo lo voy a capturar, yo voy midiendo los segundos también y miro que todo es rápido. En cuanto yo lo comienzo a localizar a través de las mirillas y la parte sonora, lo capturo y cuando uno dice “lo capturo” es cuando uno ya lo tiene localizado permanente, o sea la luz está permanente, si está parpadeando no tenía el tiro efectivo.

Cuando logré entonces que la luz esté permanente entonces jalo el primer gatillo, porque con la flecha se jala el primer gatillo, segundo gatillo es que sale ya; entonces uno tiene 2 segundos para localizarlo, 2 segundos para jalar el primer gatillo y 2 segundos para disparar, y allí están los 6 segundos.

Pero me a mí me pasó un parche ahí: en cuanto yo lo localizo y lo tengo más o menos a unos 3,000 metros, ya cuando está entre rayas la mirilla, le aprieto el primer gatillo y lo voy siguiendo, y para esa fecha en 1986, allí llovía bastante. Ese día el tiempo estaba nublado, lluvioso, el avión se me mete en una nube, pero yo no pierdo las esperanzas, yo continúo, siempre voy mirando la silueta detrás de la nube, pero la luz se me pone intermitente, y de hecho pierdo la señal.

Allí ya me comienza la onda mía, el nervio y el tiempo es lo que me estaba fregando. Vos escuchás en el fondo que yo tenía que estar concentrado en lo que estoy haciendo, pero vos sabés como son los jefes, y dice: “¿A qué hora chavalo hijueputa? ¿a qué horas le vas a disparar?”. Pero claro, nosotros sabemos la técnica, los jefes te mandan, pero ellos talvez no manejan cómo es la onda.

Después yo me comencé a “vaciar”, y le digo a Byron “prepárame la segunda fuente, porque si la fuente se me acaba, yo pierdo todo”. Es decir, nosotros tenemos 10 segundos para desactivar fuente, ensamblar fuente y después activarla de nuevo.

Yo no dejo de seguirlo, lo sigo y lo sigo, y en un pequeño chance que logra salir el avión lo agarro en vivo, y ya no pierdo tiempo y aprieto el segundo gatillo; apretando el segundo gatillo la flecha se activa, sale por inercia y después sale en persecución del avión.

La ventaja es que el avión era un avión turbo hélice. En el momento del evento, yo sabía que era de alto calaje; yo estaba alegre, porque la verdad es que yo pensaba que este avión era un Hércules C-130, el máximo que ya había entrado a Nicaragua, y si es ese avión ya la partimos. ¡Estaba alegre!

Pero la confusión mía es –solo Byron y yo sabíamos eso, del tipo de avión– pero yo me equivoqué y cuando nos dimos cuenta que el avión se descubrió y se va en persecución, yo pensé que el avión era de 4 motores, claro, el avión tiene sus estabilizadores y los 2 motores y eso lo hacía ver como que tenía 4 motores, pero el avión era un pequeño Hércules C-123K norteamericano.

Entonces, cuando la flecha sale, la distancia más o menos andaba por los 800 metros a un kilómetro de altura, a unos 2 mil 500 metros de distancia. Allí la ventaja era que el avión era de hélice y de turbina, de hélices ambos motores, entonces el calor térmico de la flecha hace que también penetre y eso ayuda un poco, más las técnicas de puntería. Nosotros miramos en vivo en términos de 5 segundos la flecha estaba penetrando al avión.

Yo estaba alegre, ya no me siento con la flecha; recuerdo que en ese momento, cuando el avión sucumbe, agarré el fusil AK. Yo le pegué en el ala derecha, sucumbe a la derecha y hace el gran estruendo y entonces salen 3 bultos, dos bultos que se entierran rápido y otro bulto que era un paracaídas que sale volando ahí. También recuerdo que inmediatamente agarré el AK, porque yo también le iba a “volar”, siempre del mismo nervio, pero después a mí me quitaron el AK.

Pasó ese evento así porque yo ya había tirado una flecha en septiembre (un mes antes), y esa flecha me dejó nervioso porque yo no pegué con esa flecha. Eso ocurrió al lado de El Castillo; entonces tenía la onda de sicosis de esa flecha, pero bueno… Veo que sale el bulto y solo era el paracaídas. En ese momento, una vez que cae el avión, se oye el otro estruendo cuando cae y es entonces cuando a los jefes, Pablo Betancourt, el otro señor que andaba que era el Jefe de la Compañía, y yo les digo “¡para qué!”. El jefe de compañía nos hacía descansar a las 5, 6 de la tarde y desde las 5 de la mañana todo el día caminando.

Claro, el jefe máximo decía en algún momento, cuando andábamos más dentro de la montaña, decía: “¡No hombre! A los muchachos hay que dejarlos que descansen desde las 4 de la tarde porque después nos pueden joder”, porque el jefe era recto y disciplinado.

Eso nos ayudaba a nosotros como cachorros, porque si nosotros no obedecíamos nos ponían en caso. Parte de la disciplina era esperar la voz de mando para tirar al objetivo.

¿Luego lo van a buscar?

Sí, ya los muchachos lo van a buscar, y están preparando quiénes son los que iban a buscar pues ellos son los que manejaban esa información.

¿Entonces, ustedes mandan a buscar? ¿Les dicen “vayan a buscarlo”?

Pablo Betancourt: Sí, y enviamos al jefe de compañía que era el Teniente Primero Payín Miranda y le digo: “Movete con 15 compañeros”, pero me dice: “mejor con 20 Compañeros”. Entonces llevó 20, porque estábamos confundidos que al final creíamos que eran nuestros.

Entra a las 12 del día al territorio, pero tenemos una orden del mando superior que lo que pasara ahí había que bajarlo, pero estábamos con dudas, y decía él: “parece que es de los nuestros”.

Allí estaba el avión y estaba prendido, y entonces le dije: “mirá revisá bien, pero tené cuidado hermano porque puede explotar, tiene combustible y te puede fregar también”. Vuelve a revisar y al rato me llama y me dice: “¡No, Hermanito, lo pegamos!, es de los gringos”. Entonces vimos las botas junglas y mochilas que recuperó Payín.

¿Al día siguiente, lo apresan a él en una especie de choza?

Pablo Betancourt: Sí, al siguiente día. Había poca gente, la gente estaba cansada, sin comida. Como dice Canales, la mayoría estaba matando monos para hacerlos asados. Teníamos dos días así. Al siguiente día de aquel lunes, como a las 7, 8 de la mañana, los compañeros lo emboscaron y le vinieron a decir al jefe de compañía: “Efraín andá ve”, y ya Efraín lo fue a traer al gringo que andaba con una pistola de sobaquera al lado izquierdo, entonces ya Payín lo tenía desarmado.

El resto ya es Historia, lo apresan al tipo, se lo llevan y dicen, lo mandamos a traer.

Pablo Betancourt: Sí porque no teníamos comunicación. En ese momento llegaron los chavalos que habían mandado a Los Chiles, cuando ya llega con la fuente me comuniqué con el Jefe de la V Región, que era (general) Roberto Calderón (q.e.p.d.). Inmediatamente se movieron, pero nosotros estábamos incomunicados.

¿Qué representa para ustedes recibir la Orden Sandino?

Raúl Acevedo: Es un gran honor, nos sentimos muy contentos los cinco compañeros que andábamos ahí, representa la paz, la dignidad y el decoro nacional, porque realmente estos tiempos son de lucha cotidiana para mantener esta paz que tanto nos ha costado y queremos seguir adelante y con la juventud seguir la continuidad de nuestra Revolución Popular Sandinista y queremos seguir avanzando cada día, en Nicaragua.

¿Ahora Poeta, usted es alcalde?

Raúl Acevedo: Soy alcalde del Municipio de El Cuá, tengo dos períodos de estar en El Cuá, y ahí vamos trabajando, desarrollando el municipio poco a poco.

¿Usted es médico?

Fernando Canales: Sí soy Médico

¿Y usted es Agricultor?

Pablo Betancourt: Así es.

La verdad es, ¡honor a quien honor merece! Felicidades por esa distinción, y en un momento histórico, porque ustedes reciben la Orden Augusto Sandino mientras se da un decreto de dignificación y se retira una orden que fue mal entregada y una afrenta nacional, una vergüenza que se corrigió el día de ayer. Felicidades, y bueno, esa historia es de ustedes, para siempre. Gracias.

(*) Entrevista transmitida el 29 de mayo de 2024 a Fernando Canales, Raúl Acevedo y Pablo Betancourt, condecorados con la Orden Augusto C. Sandino, máxima distinción del Estado de Nicaragua.