Inminente colapso del clima mundial, advierten científicos Barcelona. Sputnik y otras agencias

Inminente colapso del clima mundial, advierten científicos Barcelona. Sputnik y otras agencias

El colapso de la corriente del Atlántico (AMOC) ya se está empezando a sentir. Un grupo de científicos alerta de la detección de síntomas de colapso de las cada vez más debilitadas corrientes marinas del océano Atlántico. Las consecuencias podrían ser calamitosas.

Según el estudio, publicado en la revista Science Advances (Avances científicos), el colapso modificaría la distribución del calor a nivel global: frío muy frío en el hemisferio norte; caliente, muy caliente en el hemisferio sur. Subirá el nivel del mar y quizá desparezcan las selvas de Amazonas y de África. En Centro América y el Caribe, habrá calor extremo, muy pocas lluvias y muchas islas caribeñas quedarán sepultadas por el mar.

¿Cómo funciona la AMOC?

La “Circulación de Vuelco Meridional del Atlántico” (AMOC, por sus siglas en inglés) o Corriente Circular Atlántica, funciona como una bomba de calor y un disipador de calor, por lo que es un componente importante del sistema climático de la Tierra. La radiación solar –que varía durante el año por la inclinación del planeta– es el principal factor para cambiar temperaturas estacionales. La AMOC más bien atenúa su impacto extremo.

AMOC se está frenando. La detención de este fenómeno natural, que regula la temperatura y favorece climas suaves en buena parte del hemisferio norte, tendrá terribles consecuencias para amplias zonas del mundo, como la glaciación del clima en Europa, una subida del nivel del mar en Norteamérica y una alteración general del régimen de lluvias.

El oceanógrafo René van Westen de la Universidad de Utrecht en Países Bajos dice que, “la AMOC es el termostato del planeta Tierra”. Sobre el Atlántico, varias corrientes marinas se originan a causa de un viento dominando, la forma del continente, así como diferencias en salinidad y temperaturas del mar.

A través del Caribe hacia el Golfo de México, nace la corriente cálida superficial que toma el nombre de dicho Golfo, moviéndose en el Canal de Yucatán hacia el norte y curvando sobre el estrecho de Florida para fluir paralelo a la Costa Este rumbo al Atlántico Norte.

Se caracteriza por un flujo hacia el norte de agua cálida y salada en las capas superiores del Atlántico, y un flujo hacia el sur de aguas más frías y profundas. Estas “extremidades” están unidas en los mares nórdicos y de Labrador y el océano Austral. Parte de la AMOC es la Corriente del Golfo, que mantiene calientes la mayor parte de Europa y la costa este de Florida.

Al llegar a esta zona, su temperatura disminuye y se torna más salada, enfriándose y hundiéndose. En este punto, se le conoce como la AMOC, la cual es una componente zonal integrada de corrientes superficiales y profundas, fluyendo hacia el norte aguas cálidas que, al enfriarse, se hunden retornando hacia el sur más saladas (densas); esto es parte de la Circulación Termohalina.

A modo de resumen, podríamos decir que la Corriente Circular del Atlántico traslada agua caliente desde los trópicos y el hemisferio sur hasta el Atlántico Norte. Además, también transporta los nutrientes necesarios para mantener la vida oceánica.

El colapso es inminente

Nuevos estudios confirman la detención a corto plazo de la corriente circular atlántica, que provocará un descenso dramático de las temperaturas en Europa y un calentamiento de los trópicos. España y Portugal soportarán sequía extrema. Solo una reacción inmediata podría revertir la situación, explica a Sputnik el científico catalán Antonio Turiel.

La investigación de los científicos de la Universidad de Copenhague (Dinamarca), es más catastrofista. La Corriente Circular del Atlántico “colapsará, con un 95% de certeza, entre 2025 y 2095, lo más probable es que esto ocurra en 34 años, en 2057”, lo que podría generar grandes desafíos, particularmente el calentamiento en los trópicos y el aumento de las tormentas.

Diferentes estudios venían advirtiendo en los últimos años de la posibilidad de que las anomalías detectadas en el AMOC provoquen su colapso. Pero la conclusión a la que llega el último de ellos, realizado por científicos del Instituto de Investigación Marina y Atmosférica de la Universidad de Utrecht y publicado en la revista Science Advances, consiste en que, por primera vez, el colapso es absolutamente factible, pues ha podido ser reproducido en un modelo de simulación climática de los que usa el IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático).

“Se trata de una mala noticia para el sistema climático y la humanidad, ya que hasta ahora se podía pensar que la inflexión de la AMOC era solo un concepto teórico y que desaparecería en cuanto se tuviera en cuenta el sistema climático completo, con todas sus retroalimentaciones adicionales”, reza en las conclusiones del estudio.

En la práctica, la AMOC funciona como una bomba de calor para el planeta, al garantizar un flujo de aguas cálidas y saladas (nutrientes incluidos) desde los trópicos y el hemisferio sur hacia el norte del océano Atlántico. El flujo es responsable de que parte de Europa no tenga un clima tan frío como Canadá, pese a estar en la misma latitud. La AMOC también elimina emisiones de carbono.

A la vuelta de la esquina

Ya en julio de 2023, una investigación del Instituto de Ciencias Matemática de la Universidad de Copenhague estableció los plazos para el colapso: se producirá entre 2025 y 2095, seguramente hacia 2057. Y el desastre será de dimensión planetaria.

En general, desde hace décadas, son varias las investigaciones que venían aportando indicios de la posibilidad de que la AMOC colapse. Pero ahora el debate parece cerrarse, disparándose así todas las alarmas. ¿Por qué?

“Pues porque por primera vez se demuestra con un modelo, de los que utiliza el IPCC, que con condiciones de forzamiento adecuadas se puede producir un colapso de la AMOC y además de manera rápida”, explica a Sputnik Antonio Turiel divulgador científico e investigador en el Instituto de Ciencias del Mar de Barcelona (ICM-CSIC), que recuerda que, hasta la aparición de este estudio, se pensaba que el proceso “no era posible”.

“La simulación es muy larga, se hace aumentando el flujo de agua dulce en superficie de manera muy gradual, para ver el volumen donde se produce la transición, que según el modelo se produce de manera bastante rápida, en menos de un siglo. En un par de décadas se notaría un montón, porque la mayor parte del proceso tendría lugar en los primeros cincuenta años”, describe Turiel.

Consecuencias catastróficas

Si bien se ha venido debilitando en los últimos 150 años, la AMOC ha permanecido estable durante los últimos 12.000 años, según los científicos. Si colapsa, las consecuencias serían desastrosas para el planeta. Por ejemplo:

֎ El régimen de lluvias en Sudamérica, África occidental y la India quedaría gravemente alterado. La selva amazónica podría desaparecer y la africana también.

֎ El nivel del mar podría subir unos 70 cm en la costa oriental norteamericana, provocando la desaparición de ciudades completas como New York.

֎ En Europa podrían bajar las temperaturas hasta 30 grados centígrados en algunas zonas, replicando el clima del sur de Siberia y Canadá. Habría sequía y un aumento de las tormentas.

֎ Las capas de hielo de la Antártida podrían derretirse.

“Con la detención de esta corriente oceánica, Europa vuelve al clima que le toca por latitud, el mismo que Canadá o la zona sur de Siberia”, resume Turiel, que describe un panorama inquietante para la península ibérica y desolador para el archipiélago canario, que, al igual que las latitudes tropicales y ecuatoriales, terminaría por asumir todo el calor que no llegue a Europa.

“En la península ibérica (Portugal y España), la temperatura no caería tan drásticamente como en Europa; un par de grados a lo sumo, y entre seis y ocho en la zona del Cantábrico. El problema principal será el régimen de lluvias, porque según cambie el régimen de vientos, podemos ir a una situación de extrema sequedad, una situación anticiclónica persistente”.

Pero las anomalías no solo se detectan en la parte norte de la AMOC. Junto con investigadores del Centro Oceanográfico Nacional de Southampton (Reino Unido), Antonio Turiel está llevando a cabo un estudio que busca evaluar la salinidad y los procesos asociados en el océano Antártico.

“Allí hay cambios muy importantes y que se relacionan con el brazo sur de la AMOC, el SMOC. Porque la AMOC tiene dos brazos: el atlántico y el antártico. Pues en el sur también están pasando cosas y presentaremos resultados en la Asamblea Geofísica Anual en Viena, en mayo”, asegura.

¿Qué provoca el colapso?

Al principio se creía que el excesivo flujo de agua dulce en los océanos producto del deshielo era la causa más importante de la modificación de la salinidad. Pero el fenómeno es muy complejo e intervienen otros factores. Por ejemplo, el cambio del viento, cuya intensidad se está reduciendo en superficie, por lo que no puede enfriarla como es debido y favorece su evaporación, volviéndola más salina.

El estudio de la Universidad de Utrecht también ofrece un indicador de alerta temprana. “Básicamente, el flujo de agua dulce a través del paralelo 34 sur”, apunta Turiel, que subraya que es un parámetro que “ya está mal” y que indica que “estamos cerca” del punto de transición.

“El factor determinante de los cambios en la AMOC no es solo el aporte de agua dulce por el deshielo, sino que también influye mucho el cambio de régimen de vientos en el Atlántico norte”, subraya Antonio Turiel.

Para terminar de saber qué está pasando en el Atlántico, el grupo de investigación de Antonio Turiel en el ICM-CSIC está desarrollando un método de medición de aguas profundas del océano a través de datos satelitales, con el que rastrea sus puntos de formación en el océano y sus cambios, así como el índice de salinidad. Se revisan grandes volúmenes de agua, zonas de 25×25 km.

“Es muy novedoso, porque antes no se podía hacer. Utilizamos datos de la superficie del mar mediante un desarrollo matemático que hemos hecho, no muy complicado, pero que nos da una medición concreta y precisa de un proceso muy lento que es muy difícil de medir”, explica Turiel, que subraya que los resultados preliminares perfilan una situación “más compleja” de lo imaginado en un principio.

¿Estamos a tiempo de parar la catástrofe?

A juicio de Turiel, sí, aún estamos a tiempo. Pero hay que actuar con rapidez, pues de lo contrario, “la catástrofe está garantizada”.

“Y esto en lo que toca a la AMOC. Si en el brazo sur finalmente hay un problema semejante, sería otra amenaza gravísima. La reacción tiene que ser inmediata”, afirma. Y esta reacción es tan simple como drástica, pues supondrá una alteración enorme de las condiciones de vida de todo el mundo, prácticamente la imposición de una “economía de guerra”.

“Tenemos que reducir con carácter inmediato las emisiones de CO2 en un 90%. ‘Inmediato’ quiere decir a la mayor brevedad y, por poner un plazo, antes de un año. Luego, de manera más paulatina, habría que ir reduciendo el 10% restante. Haciendo eso, y teniendo en cuenta los mecanismos naturales de la Tierra de reabsorción de CO2, en un par de décadas deberíamos comenzar a notar efectos positivos y, si hemos tenido suerte, habríamos evitado el peor escenario”, concluye al respecto Turiel en el último escrito aportado a su bitácora digital, The oil crash.