La maldita hipocresía Managua. Por Moisés Absalón Pastora, Detalles del Momento

La maldita hipocresía Managua. Por Moisés Absalón Pastora, Detalles del Momento

No sé a cuantos, el sentido común me dicta que es a muchos, pero independientemente de si gusta o no a pequeñas o grandes porciones de la humanidad yo sí me cuento entre quienes repugnamos la hipocresía porque me parece que es una de las más tristes célebres descendencias del demonio pues nada, absolutamente nada que derive de ella, puede ser bueno, edificante o constructivo ni para las personas ni para las sociedades.

La hipocresía es la negación más absoluta de la verdad, incluso más que la propia mentira cuando esta se descubre a sí misma, porque además de tener patas cortas que le impiden llegar largo al final resulta ser tan evidente como un catarro o un embarazo, pero la hipocresía cuando se descubre, en realidad termina siendo un latigazo doloroso porque desnuda personalidades ocultas que jugaron con tu buena fe, con tus sentimientos con tu transparencia y los francos propósitos de la más preciada nobleza.

No tengo la menor duda que la hipocresía es uno de los males más espantosos que los seres humanos podemos mostrar de lo que realmente somos. La verdad es que la expresión más aborrecible de lo que podemos ser es modelar lo que no somos creyendo que engañamos a los demás con lo decimos y hacemos para aparentar lo que estamos muy lejos de vender de nosotros mismos.

No nacimos íntegros, que es la cualidad de hacer bien las cosas, aunque nadie nos esté observando. Quien diga lo contrario es un mentiroso porque la misma inocencia nos expone a la contaminación de un mundo que por su naturaleza ya es hipócrita y nos mete en laberintos del que solo con valores y principios podemos salir de una oscuridad que nos oculta a nosotros mismos de nuestro propio campo de visión y es entonces cuando recurrimos al auto engaño, a la apariencia, a la mentira, para sostener una imagen que jamás será nuestra.

La hipocresía es un bicho venenoso, altamente letal porque es mimetista y tiene una muy versátil capacidad de transformarse de mil formas y aunque finalmente pueda quedar aparentemente oculta siempre terminará expuesta y al desnudo para verse despreciada y aborrecida porque sus efectos son altamente desagradables por los tóxicos que de ella derivan.

Todos hemos sido hipócritas alguna vez o muchas veces, al menos yo no me quedo al margen. Posiblemente nadie pretendió ser hipócrita porque eso simplemente pasa hasta en los mejores seres humanos y sucede porque desgraciadamente está en nuestra mente y es algo que solo se puede descerebrar con el paso del tiempo y en la medida que la calidad de madurez que lleguemos a adquirir lo permita.

La hipocresía es el enorme contrasentido donde reside la falsedad del individuo desde sus acciones y palabras y no significa propiamente que diga una cosa y haga otra, caso del incoherente, sino que lo del hipócrita es mucho más profundo porque disfruta al pretender engañar a los demás con una alta dosis de cinismo.

La hipocresía tiene su origen en la necesidad de esconder el sentir o la motivación real a los demás, vendiendo una imagen que no tenemos, que no nos calza, que no nos luce o que simplemente es irreal para él que lo padece y el primero en darse cuenta de ello es el hipócrita.

En la hipocresía existe una inconsistencia entre lo que se piensa, se hace o se dice, esto con la finalidad de no revelar nuestra verdadera personalidad. En este sentido, la hipocresía es engañar a los demás; es una de las tantas formas que adquiere la mentira.

Ahora mismo hay un Reality Show en la Cadena Telemundo, llamado oficialmente “La Casa de los Famosos”, pero pudiera llamársele igual la casa de los alacranes, las serpientes o los deschavetados. Lo comencé a sintonizar recién empezado hace unos tres meses y medio y se encuentra a dos semanas de terminar. Para sus efectos es la cuarta temporada de un experimento que reúne a una treintena de personalidades del espectáculo que son encerrados en un espacio y van saliendo uno a uno a por nominación de los habitantes, pero por supuesta decisión del público y digo supuesta porque uno se termina quedando con que el público es el que menos cuenta y al final quien realmente decide es la dirección o producción quien determina por su interés y conveniencia.

Los famosos que están no solo encerrados, sino aislados, están totalmente incomunicados con el mundo exterior y eso significa que no tienen televisión, radio, celulares para comunicarse ni con sus familias. En las primeras semanas todo marcha aparentemente bien, pero en la medida que corre el tiempo el formato del programa los empuja y los estimula a sacar sus peores instintos para sobrevivir en una competencia que ofrece como premio 200 mil dólares que para algunos no son nada porque además son super millonarios pero que están ahí, pienso yo, por diversión, por hacerse del tesoro y donarlo a alguna causa, según han afirmado algunos de ellos.

El programa, lleno de una producción ingeniosa, está concebido de manera tal, que lo que busca, en la búsqueda de un solo ganador, supuestamente votado por el público es sacar lo peor de cada participante y donde por supuesto los valores, los principios, la ética, la amistad, la confianza, no existen porque es una sobrevivencia al estilo de la selva matar para vivir, pero a diferencia de los animales, que no saben que matan, estos sí lo hacen a conciencia plena.

Este experimento es tal que ahí hay una Puertorriqueña de nombre Maripili a la que tienen como una muy fuerte participante, porque ya está prácticamente en la final, pero que realmente es la vulgaridad, patanería, indecencia y chanchada pura personificada, que uno pueda imaginar; es la que se le bebe la sangre en pajilla a los demás desde un comportamiento diabólico tal, que no solo lo perverso que es le endosa a otros, sino que hasta convirtió en maléficos a los que en algún momento fueron buenos así como en la temporada previa lo fueron la vulgaraza de Niurka Marcos, una cloaca cubano-mexicana y la pedrada en ayunas de Laura Bozo de origen peruano.

Yo me quedo estupefacto, y sin duda alguna seremos millones, de ver en ese programa como los participantes que, por tener algún rescoldo de pudor, de dignidad, de estima, de recato, son tratados como los malos por un montón de redes o plataformas internáuticas, contratadas para eso, a fin de hacer ver que la hipocresía y la maldad son más que el esfuerzo sano de jugar limpio a través de alguna pequeña muestra de honestidad que nada tenga que ver con la hipocresía.

Una cosa es ver y otra cosa es describir el contenido de la tal “Casa de los Famosos” de Telemundo en su cuarta temporada, no me atrevo a decir en qué va a terminar, ojalá que no en alguna muerte porque hay quienes tienen ganas hasta de comerse entre sí porque hasta por la comida pelean, pero si usted quiere saber lo que realmente es la falsedad métase todos los días, en lo poco que queda, a Telemundo Estados Unidos a las 5 de la tarde y me contará un cuento.

Ahí lo que usted verá es la violencia verbal más explosiva. Es tan sucio lo que la maldad transmite que la gente buena ante los ladridos de la hipocresía en ese programa, no es que quiera callar, pero prefiere guardar silencio ante el ignoro que de la vulgaridad hace la producción del canal que lo transmite porque tristemente este percibe que eso es lo que está gustando y marcando el rating.

Me quedo frío por supuesto porque en un programa como este, visto en familia con niños incluido, cualquier tipo de anti valor, desde la conclusión de que el fin justifica los medios, representa para Telemundo una moneda de curso comercial. Partiendo de lo anterior lo que deploro es que un medio de comunicación a la altura de Telemundo se preste para avalar tanta cochinada en un programa como este.

Al final lo que empecé viendo como un interesante ensayo de convivencia entre personas, -creí que ese era el fin-, terminó en un destripamiento indiscriminado donde los malos contaminaron a los buenos y dónde los buenos terminaron hartándose los escrúpulos con los que entraron a cambio de 200, 100 y 50 mil dólares para los primeros tres lugares y que son pesos y centavos porque algunos de ellos son millonarios, otros tan vez no tanto, pero a los que les interesa más la gloria de la vulgaridad que la proyección de un respeto a sí mismos que si algún día lo tuvieron en este Reality Show lo perdieron y quien sabe dónde.

Por lo demás de la hipocresía corriente en lo personal no me asusto porque particularmente en esta nuestra querida Nicaragua, hay quienes dicen amarla, quererla y que luchan por ella, pero todos los días la asesinan o piden, que es peor, que el extranjero la mate.

Aquí hay agentes, a propósito de la hipocresía, voceros y empleados del amo extranjero que a nombre de la verdad, desde el falso cliché de “periodistas independientes” todos los días se empinan en la mentira para destruir a una Nicaragua que nunca les hizo nada.

Aquí hubo empresarios de maletín que se vendieron como grandes protagonistas del desarrollo económico del país y no hicieron otra cosa que crear condiciones, a cambio de la plata que recibían del agresor extranjero, para jugar con fuego y con la mentalidad criminal de descarrilar nuestra economía, como sucedió en el 2018 con el fallido golpe de estado, ejecutado a nombre de la “libertad y la democracia”, y que terminó dejando pérdidas irreparables a las que ya pusimos detentes con la recuperación que ahora tenemos gracias al esfuerzo de quienes desean una mejor Nicaragua para el futuro.

Aquí hubo medios de comunicación y “periodistas terroristas” que de independientes no tuvieron nada, que a cambio de sus mentiras recibieron miles y miles de dólares por las falsedades que decían y que sostenían que en Nicaragua no existía libertad de expresión, cuando abusaban de un libertinaje donde la dignidad humana no existía para ellos y menos el anhelo de la inmensa mayoría de este pueblo que quiere vivir en paz, que quiere trabajo, que quiere una armonía, que solo la perversidad mental de los plumarios mediáticos niegan, ahora como prófugos de la justicia desde Costa Rica, la cucarachera de Miami o desde la clandestinidad virtual.

En Nicaragua existió una porción de individuos que equivocadamente nacieron aquí que se la pasaron hablando de democracia, de libertades y de derechos humanos, pero fueron poderosos dictadores que ni entre ellos mismos se aguantan, son los oposicionistas y mentes torcidas y divorciadas del mundo moderno que nos quieren aun poner los grilletes de la esclavitud con modelos prehistóricos y arcaicos que a lo largo de los tiempos nos ataron a la miseria para negarnos el derecho inalienable a vivir en un país donde todos seamos iguales ante la ley y no en aquel donde solo las castas y las oligarquías bendecidas por un sector hipócrita de la iglesia católica quieren tener.

Los más grandes hipócritas de Nicaragua son esos, que con nombres y apellidos he mencionado antes, porque son parte de esa oscuridad oportunista que afectó al país y se la pasaron jugando a políticos y declarándose perseguidos porque ese era el negocio que fundamentado en la hipocresía pretendía ser utilizado para volver a un poder no para poder servir sino para poder seguir robando.