Alerta por un brote masivo en un refugio de inmigrantes jornaleros en una ciudad de España Sagunto. Agencias

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La puerta metálica de la nave estaba cerrada pero las voces nerviosas se oían desde fuera. Dentro, 77 inmigrantes asustados. Hace una semana se notificaron tres casos a Salud Pública y ahora son una treintena los contagiados.

Los servicios sociales de Sagunto hacen recuento, intentan tranquilizarlos, les prometen agua y comida; les convencen para que no salgan. Algunos preguntan por el trabajo, otros están preocupados por su salud, por empeorar, y la mayoría no acaba de entender qué va a pasar. Fuera, dos agentes de la Policía Local y un guardia de seguridad privada que desde la tarde del miércoles vigilan esa puerta corredera que encierra una realidad; la de 80 personas en situación irregular a las que la pandemia les aísla todavía más si cabe.

Esa nave en Sagunto es un lugar de paso de vidas desde hace más de quince años y desde entonces ese lugar, llamado la Casa Nueva, aspira a ser un centro de acogida, un albergue y una oportunidad. Para algunos lo fue. Pero la pandemia, una vez más, deja al descubierto la otra cara.

Abren la puerta y salen dos agentes de los servicios sociales municipales, uno de ellos con el listado de nombres. Les han dado mascarillas y geles desinfectantes, los han organizado entre dos espacios para intentar que los contagiados estén separados de quienes han dado negativo. Dos de ellos, detienen la puerta asomando sus cabezas antes de cerrar y preguntan por el agua: «¿Cuándo la traeréis? Ya es mediodía», dice uno señalando al sol. Otro pide tabaco. Les prometen que vendrán a diario a traerles comida y agua, les dicen que no tardarán, que no salgan. Un tercero pregunta por si empeora o si la cosa va ma, quiere saber si su nombre está en la carpeta roja, si lo tienen en cuenta. «Todo controlado, no te preocupes, volverán a haceros otra prueba», le contesta uno de los agentes de los servicios sociales. Dentro de diez días les repetirán las PCR. Diez días es lo que dura el contrato del personal de la seguridad privada que hace guardia en la puerta, el tiempo que las autoridades creen que durará la alarma sobre el brote.

Por las condiciones en las que viven los 77 migrantes se vislumbra lo contrario a esa optimista previsión. El alcalde de la localidad, Darío Moreno, dijo garantizar una «convivencia digna» para los afectados y se esforzó por hacer ver que no hay nada de que preocuparse, aseguró que el brote «parece estar controlado».

Sin embargo, voluntarios y responsables de algunas de las asociaciones que ayudan a los inmigrantes de la Casa Nueva describen el lugar como «un refugio», que no dispone de agua potable ni tampoco está en «condiciones higiénicas» ni habitables, dignas..

La temporada de recogida de mandarina ya ha empezado en la región y en menos de quince días será la naranja lo que esté para retirar. Es temporada de trabajo para ellos, la mayoría de los afectados por el brote son jornaleros. El temor a peder el trabajo, a no tener nada de dinero les empuja a salir, a saltarse el confinamiento pese a que las autoridades han medidado con sus empleadores. Dos de los tres primeros afectados siguen confinados en una planta baja de la localidad, el tercero ingresado en elHospital de Sagunto. El resto, la treintena de casos, continúan en su refugio, esa nave abandonada en la que esperan a que termine la cuarentena.

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