Nicaragua sandinista y roja y negra Managua. Por Moisés Absalón Pastora, Detalles del Momento

Nicaragua sandinista y roja y negra Managua. Por Moisés Absalón Pastora, Detalles del Momento

En Nicaragua, tanto el 18 de mayo como el 21 de febrero, la primera fecha de 1895 y la segunda de 1934, son días que marcan el nacimiento y el asesinato respectivamente de un personaje que por sus actos dejó de ser exclusivamente nicaragüense y se convirtió en un admirado y respetado ciudadano del mundo y por supuesto fuente de inspiración para quienes han sido y son víctimas del más interventor, criminal e invasivo imperio, el estadounidense.

Ayer se conmemoró el 90 aniversario del magnicidio más notable que sin duda alguna recoge nuestra historia, el de Augusto C. Sandino, que nace legendariamente, cuando, como frustrado testigo, ve escarnecido el cadáver del General Benjamín Zeledón, arrastrado como ejemplo, ante la Nicaragua de aquel tiempo, para que nadie osara enfrentar el poderío militar de esos marines que habían sido traídos por lacayos nacionales que como hoy siempre requirieron del amo extranjero como protector de sus crímenes, como igual sucedió con los 222 deportados y los 94 prófugos que expulsados, en huida y desnicaragüanizados ahora juegan a ser ultra nacionalistas cuando en realidad son más gringos que Joe Biden, Donald Trump o cualquier inquilino que llegue a la Casa Blanca.

El asunto es que este 21 de febrero, en la conmemoración del 90 aniversario del asesinato del General de Hombres Libres, hubo un ambiente mucho más sandinista que en años anteriores. Por todos lados, desde cualquier rincón del país, los actos, los mítines, las danzas culturales, los conciertos musicales, los encuentros de los históricos y la juventud contemporánea de hoy en la JS 19 de Julio, fueron abundantes en la previa, en el momento y a través de cualquier tiempo y además llenos en la expresión del mensaje que transmiten de una convicción mucho más profunda de lo que es indudablemente esta Nicaragua Sandinista y roja y negra.

En éste contexto el Presidente Daniel Ortega y la Vicepresidenta Rosario Murillo siempre están al frente de este recuerdo triste e inmemorial, conmemorativo del 90 aniversario del asesinato del General de Hombres Libres donde el mandatario nos invoca a través del recorrido de la historia la agenda social de Sandino porque es ahí donde está el detalle cuando no entendemos que las ideas no se matan a balazos, que cuando son ciertas, verdaderas, purificadas en la dignidad se vuelven contra los opresores o contra los aspirantes a serlo y de ahí el énfasis en que somos libres.

El contexto de este 21 de febrero me inspira hablar de la Nicaragua Sandinista y por tal, del Sandinismo porque todo ese nacionalismo devocional que aún estamos viendo es simplemente una proclama, una determinación, un mensaje en alta y clara voz de que estamos viviendo bajo el poder de la libertad y de la paz que el sandinismo desea preservar y defender para consolidar un proceso social que empezó cuando el General de Hombres Libres dio a su ejército loco, el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional, la primera orden de ataque contra las tropas imperiales el 16 de Julio de 1927 en Ocotal donde estaban atrincherados 42 marines y 50 Guardias Nacionales bajo las órdenes del capitán Gilbert D. Hatfield.

Me queda claro que la Nicaragua Sandinista sabe de los retos que tiene por delante y sabe que sus verdaderos enemigos, con el concurso de los infaltables sirvientes nacionales, están afuera y de ahí que se perciba un ambiente místico en un sandinismo que traspasa cualquier expresión partidaria porque solo aquellos que se inspiran en quienes lo pretendieron asesinar, que más tarde lo vendieron como bandolero y que intentaron borrarlo de la historia, como si nunca hubiese existido, son los únicos que en su monumental ignorancia creen que pueden literalmente tapar el sol con un dedo.

A estas alturas de la fatal relación de Estados Unidos contra Nicaragua no se puede ignorar que la más grande vergüenza que el imperio norteamericano sufrió en el mundo fue aquí en nuestro país y que quien venció a Goliat fue nuestro inmortalizado David, Augusto C. Sandino y ese es el ADN político e ideológico de la Nicaragua orgullosamente sandinista que tenemos hoy para reafirmar que estamos y seguimos luchando contra el mismo enemigo; la oscuridad de la ignorancia, la pobreza de las miserias humanas, los regala patria que por estar ellos bien son capaces de vender hasta sus propias madres y contra aquellos traidores que quieren ver a nuestro país colgado como una estrella más de la bandera imperial y a los que siempre debemos recordar que Nicaragua es de los nicaragüenses, el gentilicio que perdieron por traidores.

Hay que realizar que existe un vínculo indisoluble e intrínseco entre el FSLN y el sandinismo. El FSLN es quien reivindica a Sandino, es quien derroca por la vía de una revolución a los asesinos de Sandino, es quien recupera el sentimiento de dignidad ante el enemigo histórico de Nicaragua, Estados Unidos, pero en lo fundamental es el FSLN quien nos devuelve a los nicaragüenses la heroicidad rescatada del General de Hombres Libres y con ello la verdadera libertad de gozar un proceso social basado en un estricto principio de humanidad donde todos y no solo unos pocos sean los usufructuantes del derecho y de las oportunidades.

El antiimperialismo lo establece en Nicaragua y lo exporta más allá de nuestras fronteras el General de Hombres Libres, pero el Sandinismo nace con el asesinato de ese pequeño gigante que germina como una semilla de luz que desde la espesura del Chipote escribía para el futuro una revolución social, para una Nicaragua que empobrecida por los políticos que lo embaucaron fuese de prosperidad y de paz porque por la falta de prosperidad y por la falta de paz es que Augusto C. Sandino se fue a la montaña para hacer la guerra al más feroz ejército del planeta.

El sandinismo hoy por hoy es la más alta expresión de unidad nacional, es un imán y alianza patriótica entre la inmensa mayoría que amante de la patria que nos representa el terruño aceita las armas de la razón y la verdad para reencarnar en el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional y vencer, desterrar, acabar, sepultar y extinguir la canallada de las miserias humanas que ejecutaron en abril de 2018 un plan criminal de exterminio que se estrelló con la sabiduría de un sandinismo que decidió su venganza y reacción a través de misiles poderosos que el pueblo, en su inmensa mayoría, ha descargado contra su enemigo en cada elección en la que la dignidad de los patriotas arrasa a la vergüenza que representan los malos hijos de este país y de la misma manera lo haremos en las elecciones regionales del caribe nicaragüense el 3 de marzo próximo.

El sandinismo, eje y motor de la Alianza Unida Nicaragua Triunfa, es vencedor porque lo que plantea es el futuro que quiere seguir construyendo en beneficio de las grandes mayorías y no se queda quieto, sino que el sandinismo cierra el pico de los buitres depredadores de la paz por la vía cívica, como siempre lo hizo y lo seguirá haciendo logrando victorias y alejado de un perfil de partido electoral aunque sí de partido de nación para seguir haciendo hospitales, escuelas, estadios deportivos, carreteras, caminos, expandir las comunicaciones, llevar luz y agua donde no hay, recuperar el turismo, mejorar la vida de todos sin distinción de colores políticos ni ideológicos y sobre todo hacer de Nicaragua una de las naciones más prósperas y desarrolladas en tierra firme de América Latina.

El sandinismo más que una expresión política o ideológica es una actitud vencedora, indeclinable, optimista y en rediseño permanente, es agua viva que corre que no se estanca para podrirse, porque es una energía en revolución absoluta y de ahí que sea alegre, solidario, cristiano y socialista en el mejor sentido de la palabra porque no tiene en su diccionario la palabra envidia, egoísmo, descalificación, sino que por el contrario es un espíritu de servicio a los demás que no espera una orientación para actuar sino que su punto de partida es siempre ser mejores que ayer porque el verdadero sandinismo se descubrió cuando supo reconocer, desde un prisma eminentemente auto crítico que cometió errores, pero que tuvo la valentía de enmendarlos no para que escucháramos sus dispensas, sino para desde un gobierno en paz lograr inobjetablemente la transformación de todo el país que es el que tenemos hoy, el mejor de toda nuestra historia y para aquellos que sufren por eso que se preparen a sufrir más porque apenas estamos comenzando a andar.

El sandinismo por la profundidad de su ideario, de la dignidad que devolvió a la nación, de la espada en la que se transformó frente al Goliat imperial, por el valor que como pensamiento tiene internacionalmente, por la edificación patriótica que construye en la conciencia de quienes lo conocen como principio fecundo de altivez ante la opresión, es una marca ideológica registrada en la conciencia de los hombres y mujeres libres que hacen las revoluciones que transforman naciones y que hoy establecen un orden mundial distinto donde los pueblos deciden lanzarse a la conquista de sus libertades.