Ataques a Franja de Gaza dejan 139 muertos Tel Aviv. Agencias

Ataques a Franja de Gaza dejan 139 muertos Tel Aviv. Agencias
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Las autoridades palestinas informaron que desde el pasado lunes hasta este sábado, al menos 139 hijos de esta tierra murieron, entre ellos 33 niños, y más de 950 resultaron heridos como consecuencia de los ataques con bombas por las fuerzas armadas del estado hebreo.

El territorio palestino de Gaza es escenario de otra operación militar de Israel, uno de los 10 más poderosos del mundo debido a la posesión del arma atómica, nunca admitida, pero pública y notoria.

De este alud de fuego y metralla, el séptimo lanzado por Tel Aviv desde 2004, la tendencia en los medios transnacionales es responsabilizar al movimiento palestino Hamas (Fervor, en árabe), por los disparos de cohetes contra ciudades israelíes, causantes de siete muertes.

Ese es un análisis periférico y, como suele ocurrir siempre cuando del tema se trata, sesgado, porque ignora los factores combustibles que hicieron estallar la caldera, algunos recientes, otros de más larga data, el principal de ellos los desmanes cometidos por Israel durante sus 54 años de ocupación militar en Cisjordania y Gaza.

A estos habría que sumar los tres lustros de bloqueo por aire, mar y tierra de la franja donde habitan casi dos millones de seres humanos sometidos a penurias sin cuento y violaciones de sus derechos humanos a la vivienda, la educación, la atención sanitaria y a ganarse el sustento.

Opacada por el estruendo y la furia de los combates hay una cadena de elementos los cuales llevan a pensar en una capitalización de la crisis con fines políticos impuestos por intereses nacionales israelíes y, particulares del primer ministro Netanyahu.

Entre los más visibles aparece la expulsión de los residentes en el distrito jerosolimitano de Sheikh Jarrah; antes aún la Autoridad Nacional Palestina tuvo que suspender la votación de las elecciones legislativas programadas para el próximo día 22 ante la negativa de la potencia ocupante a permitir la votación en Jerusalén este.

Casi en el mismo período de tiempo ocurrieron choques callejeros entre la policía ocupante y fieles a los que se prohibió durante el mes de Ramadán orar en la mezquita de Al Aqsa, uno de los tres lugares más sagrados del Islam para mil 500 millones de musulmanes.

En los días previos al estallido guardacostas israelíes atacaron a pescadores gazatíes que faenaban dentro de los límites impuestos por la potencia ocupante.

Todos esos hechos ocurren en medio de una compleja situación política israelí debido a la imposibilidad de Netanyahu de integrar gabinete, lo que abre las puertas para que su rival más cercano en los comicios de fines de marzo pasado, Yair Lapid, sea llamado a ensamblar un equipo ministerial.

Netanyahu ha estado 15 años al frente del gobierno israelí, 12 de ellos consecutivos, pero aunque su bloque Likud ganó los comicios de marzo último le fue imposible conseguir la mayoría de 61 asientos en la Kneset (parlamento unicameral) para renovar su mandato.

La ocasión le viene en bandeja de plata porque en las actuales circunstancias, pues además de proyectar una imagen de hombre decidido a todo por lograr la anexión de los territorios palestinos, resulta difícil que la élite política de su país lo cambie, pues crearía un vacío de poder en situación de conflicto.

De paso, también opacado por el humo acre de la pólvora, extrapola al olvido los cargos de corrupción, abuso del poder y otros delitos políticos que hace años persiguen al primer ministro en funciones.

Sin embargo, a todos esos factores se sobrepone el interés de la potencia ocupante de realizar una limpieza étnica con los palestinos de la franja de Gaza y obligar a los sobrevivientes a emigrar en condición de refugiados a la península del Sinaí, territorio egipcio, un viejo sueño de los supremacistas sionistas.

Llamados a que cesen las hostilidades

Este sábado un enviado estadounidense llegó a Tel Aviv para formar parte de un diálogo entre palestinos, israelíes y funcionarios de la ONU con la esperanza de conseguir un alto el fuego.

Su llegada se produjo después de que el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, abogara por “un desescalamiento inmediato y una cese de hostilidades entre Gaza e Israel”.

Su llamamiento se unió al que hicieron otros diplomáticos -incluyendo los de Estados Unidos- pero que no han dado frutos.

Un alto funcionario de Hamás dijo que su organización está lista para un cese al fuego “recíproco” si la comunidad internacional presiona a Israel para que “suprima sus acciones militares” en la zona de la mezquita de Al Aqsa en Jerusalén.

Sin embargo, un asesor del primer ministro Benjamín Netanyahu le dijo a la BBC que los llamados a la contención estaban desencaminados.

“Nosotros no queríamos este conflicto, pero ahora que empezó tiene que terminar con un periodo prolongado de tranquilidad. Eso solamente puede conseguirse si Israel le quita a Hamás su estructura militar, su (capacidad) de comando y control”, dijo Mark Regev.

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