Hermanos todos: el capitalismo ha fracasado, dice Francisco Ciudad del Vaticano. Agencias

Hermanos todos: el capitalismo ha fracasado, dice Francisco Ciudad del Vaticano. Agencias
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El Papa Francisco denunció en su nueva encíclica “Fratelli Tutti” (Hermanos todos) publicada este domingo que “la fragilidad de los sistemas mundiales frente a la pandemia ha evidenciado que no todo se resuelve con la libertad de mercado” y que existe la necesidad de “rehabilitar una sana política que no esté sometida al dictado de las finanzas”.

Este mismo domingo, en su comentario previo al rezo del Ángelus, el Pontífice mostró su dolor por las personas con autoridad en la Iglesia que se sirven de su posición para buscar sus propios intereses. “Es doloroso ver cuando en la Iglesia las personas que tienen autoridad buscan sus propios intereses”, afirmó.

La Encíclica, el texto de mayor rango en el magisterio de un Papa, Francisco la firmó el sábado y se publicó este domingo. Es la respuesta que ofrece el pontífice para construir “un mundo más justo y fraterno en sus relaciones cotidianas, en la vida social, en la política y en las instituciones”.

El texto está dividido en 287 puntos y ocho capítulos. Se trata de un documento que recoge el legado de Francisco en este pontificado, quien explicó que mientras redactaba el texto “irrumpió de manera inesperada la pandemia que dejó al descubierto nuestras falsas seguridades”.

Dignidad humana debe ser el centro

En el texto, el Papa Francisco rechazó la guerra como medio de legítima defensa. “Hoy en día es muy difícil sostener los criterios racionales madurados en otros siglos para hablar de una posible guerra justa”, a pesar de que en el catecismo “se hable de la posibilidad de la legitima defensa mediante la fuerza militar”.

Francisco cuestiona a las fuerzas que intentan demonizar y aislar y pidió una “cultura del encuentro” que fomente el diálogo, la solidaridad y un esfuerzo sincero en buscar el bien común.

Francisco destaca además que “la crisis financiera de 2007–2008 era la ocasión para el desarrollo de una nueva economía más atenta a los principios éticos y para una nueva regulación de la actividad financiera especulativa y de la riqueza ficticia”, pero que “no hubo una reacción que llevara a repensar los criterios obsoletos que siguen rigiendo al mundo”.

El Papa Francisco escribió que “la fragilidad de los sistemas mundiales frente a la pandemia ha evidenciado que no todo se resuelve con la libertad de mercado” y que existe la necesidad de “rehabilitar una sana política que no esté sometida al dictado de las finanzas”.

“El mercado solo no resuelve todo, aunque otra vez nos quieran hacer creer este dogma de fe neoliberal”, agrega. “Se trata de un pensamiento pobre, repetitivo, que propone siempre las mismas recetas frente a cualquier desafío que se presente. El neoliberalismo se reproduce a sí mismo sin más, acudiendo al mágico “derrame” o “goteo”  como único camino para resolver los problemas sociales”, asegura.

Francisco aboga entonces por “volver a llevar la dignidad humana al centro y que sobre ese pilar se construyan las estructuras sociales alternativas que necesitamos”. Agrega que “la política no debe someterse a la economía y esta no debe someterse a los dictámenes y al paradigma eficientista de la tecnocracia”.

El Sumo Pontífice señaló que su creencia de que las instituciones económicas y políticas actuales deben reformarse para responder a las necesidades legítimas de la gente más afectada por la pandemia.

El Papa insistió en que es necesaria una reforma de la Organización de las Naciones Unidas, así como de la arquitectura económica y financiera internacional “para que se dé una concreción real al concepto de familia de naciones”. Es decir que “se evite que se trate de una autoridad cooptada por unos pocos países, y que a su vez impidan imposiciones culturales o el menoscabo de las libertades básicas de las naciones más débiles a causa de diferencias ideológicas”.

El egoísmo y la pandemia

El Papa explica que “el dolor, la incertidumbre, el temor y la conciencia de los propios límites que despertó la pandemia, hacen resonar el llamamiento a repensar nuestros estilos de vida, nuestras relaciones, la organización de nuestras sociedades y sobre todo el sentido de nuestra existencia”.

Advierte que “pasada la crisis sanitaria, la peor reacción sería la de caer aún más en una fiebre consumista y en nuevas formas de autopreservación egoísta” y pide que esta pandemia “no se trate de otro episodio severo de la historia del que no hayamos sido capaces de aprender”.

“Ojalá no nos olvidemos de los ancianos que murieron por falta de respiradores, en parte como resultado de sistemas de salud desmantelados año tras año. Ojalá que tanto dolor no sea inútil, que demos un salto hacia una forma nueva de vida y descubramos definitivamente que nos necesitamos y nos debemos los unos a los otros”, añade.

Francisco insistió en que nadie puede quedar excluido, no importa dónde haya nacido, “y menos a causa de los privilegios que otros poseen porque nacieron en lugares con mayores posibilidades”. Además de hablar los derechos sin fronteras, el Papa agregó que los migrantes no son considerados suficientemente dignos para participar en la vida social como cualquier otro.

“Nunca se dirá que no son humanos pero, en la práctica, con las decisiones y el modo de tratarlos, se expresa que se los considera menos valiosos, menos importantes, menos humanos”, agrega Francisco.

El Papa explicó, por ejemplo, que es inaceptable que alguien tenga menos derechos por ser mujer y agregó que “es igualmente inaceptable que el lugar de nacimiento o de residencia ya de por sí determine menores posibilidades de vida digna y de desarrollo”.

“Al margen de las distintas formas en las que los diversos países respondieron a la crisis, su incapacidad para trabajar juntos se hizo bastante evidente. Cualquiera que piense que la única lección que se puede aprender es la necesidad de mejorar lo que ya estábamos haciendo, o refinar sistemas y regulaciones existentes, está negando la realidad”.

Obispos oportunistas

El Papa Francisco comentó la lectura evangélica del día en la que “Jesús, previendo su pasión y muerte, narra la parábola de los viñadores asesinos, para advertir a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo que están por emprender un camino errado. Tienen, en efecto, malas intenciones con Él y buscan la manera de eliminarlo”.

En el relato evangélico se “describe a un propietario que, después de haber cuidado mucho su viña, tiene que ausentarse y se la arrenda a unos labradores”.

“Luego, cuando llega el tiempo de la cosecha envía a algunos siervos a recoger los frutos; pero los viñadores los reciben a palos e incluso matan a algunos. El propietario manda a otros siervos, más numerosos, que, sin embargo, reciben el mismo trato. El colmo llega cuando el propietario decide enviar a su hijo: los viñadores no le tienen ningún respeto, al contrario, piensan que eliminándolo podrán adueñarse de la viña, y así lo matan también”.

El Santo Padre explicó que “la imagen de la viña representa al pueblo que el Señor ha elegido y formado con tanto cuidado; los siervos mandados por el propietario son los profetas, enviados por Dios, mientras que el hijo es una figura de Jesús. Y así como fueron rechazados los profetas, también Cristo fue rechazado y asesinado”.

Al final del relato, “Jesús pregunta a los jefes del pueblo: ‘Cuando venga, pues, el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?’. Y ellos, llevados por la lógica del relato, pronuncian su propia condena: el dueño, dicen, castigará severamente a esos malvados y ‘arrendará la viña a otros labradores, que le paguen los frutos a su tiempo’”.

“Con esta dura parábola”, continuó el Papa Francisco, “Jesús pone a sus interlocutores frente a su responsabilidad, y lo hace con extrema claridad. Pero no pensemos que esta advertencia vale solamente para los que rechazaron a Jesús en aquella época. Vale para todos los tiempos, incluido el nuestro. También hoy Dios espera los frutos de su viña de aquellos que ha enviado a trabajar en ella. Todos nosotros”.

En cada época, “los que tienen autoridad en el pueblo de Dios pueden sentir la tentación de seguir su propio interés en lugar del de Dios. Pero la viña es del Señor, no nuestra. La autoridad es un servicio, y como tal debe ser ejercida, para el bien de todos y para la difusión del Evangelio”.

Por último, hizo una breve reflexión sobre la segunda lectura del día en la que San Pablo “nos dice cómo ser buenos obreros en la viña del Señor: todo cuanto hay de verdadero, de noble, de justo, de puro, de amable, de honorable, todo cuanto sea virtud y cosa digna de elogio, todo eso tenedlo en cuenta”.

“Nos convertiremos así en una Iglesia cada vez más rica en frutos de santidad, daremos gloria al Padre que nos ama con infinita ternura, al Hijo que sigue dándonos la salvación, al Espíritu que abre nuestros corazones y nos impulsa hacia la plenitud del bien”, concluyó.

El Papa Francisco firmó el sábado 3 de octubre su encíclica “Fratelli Tutti” (Hermanos todos).

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