Que la codicia de unos cuantitos y muy miserables no empañen la paz Managua. Radio La Primerísima.

Que la codicia de unos cuantitos y muy miserables no empañen la paz Managua. Radio La Primerísima.
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La Vicepresidenta de Nicaragua exhortó este lunes al pueblo nicaragüense a celebrar con alegría y tranquilidad las fiestas de La Purísima, de Navidad y fin de año.

La noche del lunes, el Presidente Daniel Ortega y su esposa, la Vicepresidenta Murillo, celebraron la Purísima en su residencia junto a sus hijos, nietos y bisnietos.

La Vicepresidenta ofreció un breve mensaje a propósito de esa celebración familiar, en el cual expresó que “queremos decirles con todo nuestro amor que deseamos a cada uno, a cada una, lo mejor en todo este diciembre de familia de comunidad”.

“Tengamos todos una buena, linda, linda noche de 7 de diciembre con el amor de nuestros seres queridos, los que nos acompañan aquí en este plano y los que ya hicieron el tránsito a otro plano de vida, que siempre viven en nuestros corazones y más aún en estos días de tradiciones compartidas”, afirmó.

El diario digital El 19, vocero oficial de la Presidencia de Nicaragua, difundió fotografías de la celebración de la familia Ortega Murillo








Antes, durante su alocución habitual de cada mediodía a través del Canal 4 de Televisión, la Vicepresidenta Murillo reflexionó sobre los alcances íntimos y comunitarios de la celebración de La Purísima en Nicaragua.

Hoy día de la gritería, cómo nos sentimos de orgullosos de esta tradición, esta tradición que refleja, que refleja nuestra fe, nuestras creencias sagradas, que reflejan nuestras devociones, que refleja nuestro amor y nuestro sentido de familia y de comunidad. Vemos en María Santísima y cantamos a María Santísima como madre, madre que nos envuelve, nos arropa en su manto. Decimos toda hermosa eres María. Vemos y sentimos a nuestra madre María reinando sobre nuestra Nicaragua, consolidando la paz y el bien. Madre nuestra, victoria, victoria María triunfó.

Y ¿cuál es el triunfo de María Santísima? Es la Paz, es el bien, es la alegría, es la familia, es la gritería. Gritamos todos diciendo Nicaragua vive en Paz y bien. Vive con amor, vive con esperanza, eso es María para nosotros: Amor, paz, familia, valores, esperanza. Esa es María, María Santísima reina de la Paz.

Y aquí cada uno de nosotros cuando entona esos cantos siente profundamente, sentimos profundamente toda nuestra historia, nuestras tradiciones históricas. Sentimos profundamente a nuestras familias, nuestros hogares, todo lo que hemos compartido y vivido como pueblo de Dios y como pueblo de bien. Cada tono, cada estrofa, cada signo musical es precisamente una muestra de nuestro corazón mariano, nuestro corazón de pueblo bueno que afirma a cada paso: aquí la paz es nuestro derecho, aquí el amor es nuestro único camino. Y con odio, con crímenes, con agresiones, con irrespeto nunca más.

Despojarnos de la codicia

Eso no es lo que aprendimos. Nosotros hemos crecido buscando, persiguiendo como sueño la paz, el bien, la justicia, la justicia social, el desarrollo justo, que no haya pobres, que vayamos avanzando contra la pobreza y que la avaricia y la codicia de los cuantitos, muy miserables desgraciadamente esos cuantitos, se despeje, que nos despojemos de esa codicia y de esa avaricia, despojo de la codicia, de la avaricia.

Pensemos en el bien común, el mandato cristiano del bien común y María Santísima como reina de la Paz, como madre de todos nos enseña, nos muestra el camino, bien común. Victoria, victoria, María triunfa porque promueve amor, esperanza, confianza, bien común desde las familias, los hogares, la comunidad.

Toda nuestra vida, todos nuestros caminos de vida, siempre procurando alcanzar libertades para la paz y el bien en nuestra Nicaragua. Por eso decimos: ¿cómo no dar gracias a Dios por vivir tranquilos y seguros? ¿Cómo no dar gracias a Dios atesorando la fraternidad? Todos hermanos viviendo como hermanos. ¿Cómo no dar gracias a Dios y a la Virgen por el bien común como cultura y como modo de vida? Y que nadie se atreva contra ese modo de vida, que nadie se atreva, que nadie vuelva a atreverse a querer imponer oscuridades insólitas en una Nicaragua de paz y bien. Que nadie se atreva.

El pueblo cristiano, el pueblo nicaragüense vivimos como familia, vivimos como comunidades, caminamos, trabajamos, prosperamos paso a paso, con conciencia, con prudencia, con perseverancia, vivimos entendiéndonos y acompañándonos con respeto y solidaridad. Vivimos en fraternidad y nuestro derecho supremo es la paz, es el bien, es el desarrollo con justicia, es el bien común, es el amor. Con odio, con crímenes, con violencia, que no se atrevan, que no se atrevan.

Luz y Verdad

Nicaragua vive en Luz y Verdad, esa es nuestra vida y cantamos a la esperanza y nuestra esperanza es esa reina, esa reina que tenemos María Santísima que como madre ampara, ampara siempre nuestros hogares y nuestras intenciones potentes desde buenísimos corazones, no buenos, buenísimos corazones que son los que se muestran en estos días de canto, plegarias, incienso, madroño, pascuas, llenando de alegría, porque tenemos esperanzas y son victoriosas. Victoria, victoria, María triunfó. Porque tenemos esperanzas victoriosas cantamos con alegría desde nuestra fe.

Tenemos derecho a la vida buena, tenemos derecho al amor, tenemos derecho a sentirnos y a vivir como hermanos. No lo olviden nunca los que atentan contra la fraternidad. Tenemos derecho a expresarnos en buena voluntad. Con odio nunca más, con violencia, con crímenes, con terrorismo nunca más. La paz es nuestro derecho supremo, la paz, la alegría, la felicidad que construimos de manera humilde y sencilla, sin arrogancia, sin oligarquías que pretendan reinar sobre los humildes, no, sin apellidos atravesados, no. Aquí vivimos caminos de esperanza, recorriendo caminos de buena voluntad, recorriendo con amor, con alegría el único camino posible, camino de futuro, caminos de unidad.

Hoy cantamos a María, hoy cantamos nuestros dulces himnos a María Santísima y le pedimos que siga arropándonos, que nos siga cubriendo con su manto, con su manto salvador. Cuánta devoción, cuánta tradición y cuánto corazón que vive en familia y en comunidad.

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