Universidad de Panamá instala estatua del General Sandino Ciudad de Panamá. Por David Carrasco, diario Bayano

Universidad de Panamá instala estatua del General Sandino Ciudad de Panamá. Por David Carrasco, diario Bayano
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El líder de la lucha de liberación nacional de Nicaragua, General Augusto C. Sandino, tiene hoy un lugar de honor en la Universidad de Panamá, tras la inauguración el 20 de junio del monumento que honra su sacrificio, coraje y ejemplo patriótico que recorre toda América Latina.

Así lo declaró el embajador de Nicaragua en Panamá, Marvin Ortega, tras la inauguración del emblemático monumento, en el que se presenta a Sandino montado sobre un burro. La obra escultórica fue financiada con recursos provenientes de una colecta entre latinoamericanos residentes en este país.

El rector del centro de altos estudios, Eduardo Flores Castro, dijo en una breve reseña, que la Universidad de Panamá se honra con tener entre sus instalaciones al general de hombres y mujeres libres, quien luchó con valentía y determinación en la defensa de Nicaragua.

A su vez, Ortega recordó que el héroe nacional nicaragüense se levantó contra la intervención de Estados Unidos, en un momento de confrontación entre fuerzas liberales y conservadoras que disputaban el control político del gobierno de Managua en el segundo decenio del siglo XX.

La presencia armada estadounidense en suelo nicaragüense respondía al interés geopolítico de controlar una posible ruta interoceánica, opcional al Canal de Panamá, y apuntalar a las depredadoras multinacionales frutícolas. No obstante, esas acciones unilaterales intervencionistas desencadenaron una ola de resistencia y rechazo, en procura de la liberación nacional.

Ortega describió a Sandino como un hombre estudioso y culto, quien había recibido la influencia de intelectuales, sindicalistas, científicos y masones progresistas en México y Nicaragua. De hecho, el líder revolucionario organizó el ejército campesino más grande, más importante y victorioso en América Latina para enfrentar la ocupación foránea. A ese movimiento se adhirieron voluntarios latinoamericanos inspirados en el pensamiento bolivariano.

“Quizás, la revolución mexicana reunió a más gente, pero Sandino demostró capacidad, liderazgo y entendió las contradicciones de la sociedad de Nicaragua en ese período”, subrayó el diplomático al referirse al caudillo que instaló su campamento guerrillero en Las Segovias, en el Norte de Nicaragua, y sorteó con sagacidad los intentos de aniquilación de sus detractores.

Estados Unidos intentó doblegar a Nicaragua a través de la presión diplomática y la fuerza, pero Sandino apeló a la conciencia de los campesinos y mineros para salvar el honor nacional.

Campaña de Ocotal en 1927

Registros oficiales confirman que Sandino atacó la base de los estadounidenses en la población de Ocotal, al Norte del país, en un acto de reafirmación soberana. Los extranjeros se defendieron con armas superiores a las que poseían los sandinistas y pidieron la ayuda de la aviación norteamericana. Por primera vez en la historia, se produjo un bombardeo desde el aire. Más de 300 personas murieron en esa refriega.

Como resultado de la dura respuesta bélica, Sandino se replegó y diseñó un tipo de lucha en la que debía tenerse en cuenta los ataques de la aviación. Por ese motivo, recurrió a la guerra de guerrillas, no lejos del enemigo, para evitar que la aviación pudiese afectar a sus combatientes.

Al referirse a esa lucha heroica, Ortega adujo que “no es casualidad que, a miles de kilómetros de Nicaragua, las tropas vietnamitas inspiradas por Ho Chi Minh, llevasen en sus manos una foto de Sandino cuando marcharon victoriosas en Hanói”.

En 1928, cuando el contralmirante estadounidense Sallers lo instó a entregar las armas, tras sucesivas incursiones rebeldes, el líder contra la ocupación extranjera respondió sin titubeos sobre la vocación soberana popular, de ser libre o morir: “La soberanía de un pueblo no se discute, sino que se defiende con las armas en la mano. La resistencia armada traerá los beneficios a que usted alude, exactamente como toda intromisión extranjera en nuestros asuntos trae la pérdida de la paz y provoca la ira del pueblo”.

Ortega sostuvo que en su andar a lo largo de Centroamérica, Sandino comprendió que la lucha principal era sacar a los norteamericanos de Nicaragua, y que los partidos liberales y conservadores “no eran una alternativa para un pueblo” ansioso de definir su propio modelo de desarrollo.

Como parte de ese esfuerzo antimperialista, el líder nicaragüense promovió una conferencia de gobernantes de países en la región en Buenos Aires, para generar una gran alianza latinoamericana contra el colonialismo, pero algunos sectores progresistas no llegaron a entender el alcance de esa iniciativa de unidad.

Asimismo, manifestó que el dirigente político y militar “pensó en un proceso en el que los obreros y los campesinos pudieran ser quienes dirigieran su propio futuro”, con apego a los principios de soberanía y autodeterminación, sin injerencias externas. Por ello, abogó por el control territorial del Estado, la Educación pública y la organización del campesinado en cooperativas.

El embajador rememoró que, inicialmente, Sandino “se montó en un movimiento de los liberales, en respuesta a un golpe de Estado de los conservadores, pero luego dimensionó la lucha y entendió la necesidad de defender la soberanía de la intervención estadounidense”, cuyos jefes militares exigieron el desarme y la sumisión de Nicaragua.

Al no poder derrotar ni desarmar a los revolucionarios, el presidente estadounidense Herbert Hoover ordenó la retirada de las tropas desplegadas en Nicaragua. Ese hecho provoco que Sandino iniciara, en 1933, la negociación con el gobierno de Nicaragua para la deposición de armas y el retorno a la vida civil, pero sobre la base de garantías a favor del pueblo organizado.

Sin embargo, las fuerzas retardatarias instigadas por Washington fraguaron plan para atrapar y ejecutar al líder de la lucha de liberación nacional. Anastasio Somoza, entonces jefe de la Guardia Nacional, ordenó su detención Sandino y de otros dos generales, el 21 de febrero de 1934. Poco después, al asumir el mando del país centroamericano, Somoza admitió que había recibido órdenes del embajador estadounidense Arthur Bliss Lane para matar a Sandino.

Ortega aseveró que, pese a ese trágico desenlace, el legado del líder histórico perduró, ya que en 1961 fue fundado el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), que combatió hasta derribar en 1979 al régimen somocista. Reseñó que la revolución emergente es considerada como el fruto de una acumulación histórica, y sus principales éxitos se reflejan hoy en el ámbito de la salud, la seguridad, la alfabetización, la producción de alimentos y la protección civil extendida a países de Centroamérica y el Caribe.

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