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Catrachos sufren en México y Honduras es «un infierno» para haitianos

Cortes, Honduras. Agencias | 7 de Julio de 2020 a las 16:26

Desde enero de 2016 hasta febrero de 2020, aunque sí hubo embajador, no precisamente significa que los migrantes hondureños tuvieron representación y apoyo en México, pues la gestión de Alden Rivera pasó completamente desapercibida y para la mayoría de hondureños que viajaban hacia Estados Unidos, él nunca existió.

Alden Rivera renunció como embajador de Honduras ante los Estados Unidos Mexicanos a inicios de febrero de 2020, justo cuando el Covid-19 se propagaba desde Europa a Latinoamérica y amenazaba con llegar a la nación azteca.

Entre tanto, la Cancillería nombró interinamente a Raúl Matamoros, un diplomático más que, al parecer, también se desentendió totalmente de la problemática migrante.

Raúl Matamoros fungió como embajador desde marzo hasta julio. Un equipo de investigación de TIEMPO Digital trató de contactarlo para conversar sobre qué se estaba haciendo para proteger a los compatriotas que permanecen hacinados en albergues mexicanos, expuestos al contagio del Covid-19, pero no se obtuvo respuesta.

Fue hasta el 3 de julio que Honduras oficialmente nombró embajador en México, y se trató de Gerardo Alberto Simón Yerres, personero que antes era cónsul general en Washington.

Sin duda, la ciudadanía del país exigirá a Simón Yerres que no ignore a los migrantes hondureños como lo hizo por muchos años Alden Rivera.

Pero mientras Honduras tiene literalmente abandonados a sus ciudadanos en México, pues la Cancillería nada más los «ayuda» con su deportación luego de que los detienen, en el territorio nacional, representantes del Instituto Nacional de Migración (INM) y de derechos humanos deben lidiar con el acuerdo de «tercer país seguro» firmado hace un año con Estados Unidos.

Dicho acuerdo obliga a países como Guatemala, Honduras y México a darle alimentación y refugio a los migrantes extranjeros que transiten por sus jurisdicciones, desde donde deben tramitar su solicitud de asilo en EE.UU. y esperar que la aprueben, lo cual, puede tardar muchos años.

La utopía es que los «países seguros» tiene la capacidad económica y social de cargar con la responsabilidad de cuidar a los migrantes, pero Honduras, más bien, todo lo contrario, pero aún así el Gobierno firmó.

El Poder Ejecutivo intentó disimular que se trataba del acuerdo de «tercer país seguro», y lo anunció a medios de comunicación como un pacto migratorio diferente, aunque luego, el mandatario finalmente confesó.


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