A mí no me engaña el somocismo Por Arlen Marian Mejía

A mí no me engaña el somocismo Por Arlen Marian Mejía
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Me molesta tanto la ignorancia del opositor de estos tiempos, que creen conocer el lado correcto de la historia afirmando que el FSLN fue el responsable de una guerra contra el pueblo (su mismo pueblo), responsable de un bloqueo económico, de tantos asesinatos, torturas y muchas más violaciones al pueblo de aquel entonces.

No viví esos años, pero los vivieron mis abuelos quienes con todos mis tíos tuvieron que cavar y esconderse bajo tierra para no ser asesinados por la guardia somocista soportando horas y días de hambre, sed e incertidumbre.

Los vivió mi madre cuando en su adolescencia fue perseguida por un BECAT que sí no hubiera sido por una anciana que la ayudo y escondió en su casa para que no la matarán, no estaría hoy aquí para contarlo; cuando tapaba sus ojos para no ver a aquellos que eran asesinados sin culpa y gustosamente.

Los vivió una tía y nuestra vecina Amada Pineda quienes fueron violadas y torturadas por la guardia, los vivió uno de mis tíos que a sus 8 años tuvo que tomar un rifle que era más pesado que él para defender a su familia y los abandonó luego para ir a las montañas a defender la patria.

Viví el liberalismo de los años 90 cuando recuerdo los apagones y lo doloroso que fue para mi prima de tan solo unos 10 años de edad cuando tuvo un accidente el que le extrajeran un objeto de su pierna y limpiaron e hicieran 12 puntadas sin anestesia e irse a casa sin medicamentos porque nada de eso había en el hospital, que por cierto se caía a pedazos; cuando lloraba al ver tantos niños, mujeres y ancianos en la chureca, en las calles pidiendo y lavando autos , cuando veía a los afectados del Nemagón y sin ir tan largo ver a mis vecinos en aquellas casas de cartón y plástico negro.

Cuando no teníamos merienda escolar, ni escuelas dignas, cuando no se le daba ni la tiza al maestro, cuando se pagaba hasta por la tinta del lapicero y nunca recuerdo me dieran un libro, una mochila con los útiles escolares y mucho menos que me dieran un juguete. Cuando si no tenías dinero para estudiar te quedabas con los sueños truncados y sin preparación técnica o profesional.

Un país sumido en la miseria cuando arriba solo les preocupaba llenar sus cuentas bancarias y aun teniendo mucho no se saciaban.

Cuando vendían los bienes del país me llenaba de cólera ver a mi pueblo tan pobre y necesitado.

Cuando aquellas familias del casitas quedaron soterradas y no importo porque no era la familia presidencial la que vivía ahí.

Cuando se robaban todas las donaciones.

Cuando por muchos años desconocían la existencia de un pueblo caribeño.

Y más de esto que han querido borrar de la historia o han querido acomodar en su teatro diabólico, engañando a muchos.

Pobres mentes jóvenes que van sumisos como ovejas al matadero, que no tienen opinión propia y carecen de conocimiento. Y otros llenos del veneno oligarca de quien hoy llora porque se le acabó el dinero, porque se le terminó la fama.

A mí no me engaña la historia transformada de un opositor que defiende lo indefendible, que sabe que ha perdido todos sus privilegios y que pretende ganar riquezas con violencia; que pretende acabar con un pueblo herido, dolido y humillado que conoce la verdad y no está dispuesto a repetir la historia.

No nací por casualidad un 19 de Julio, no me llamo Arlen porque simplemente sonó bonito.

Soy y seré revolucionaria hasta el día de mi muerte.

Seguiré dando la batalla desde mi trinchera y enseñando a esta generación y las próximas que pasen por mis manos, la verdadera historia de Nicaragua, la verdad de la Revolución.

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