¡A mí no me manipula nadie! Por José Aragón, poeta y pintor nicaragüense residente en España

¡A mí no me manipula nadie! Por José Aragón, poeta y pintor nicaragüense residente en España
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Los neurólogos aseguran que el cerebro humano se termina insensibilizando ante todo aquello que permanece demasiado tiempo expuesto a los sentidos. Por ejemplo, cuando una persona llega por primera vez a un lugar bonito queda deslumbrada por la novedosa belleza que aparece ante sus ojos, pero aquel deslumbramiento inicial va perdiendo intensidad conforme la belleza se va volviendo costumbre, rutina. Cuando ya todo lo que ocurre en el entorno es predecible para el cerebro éste pierde el interés y busca otros enfoques que estimulen, motiven y reactiven su sensibilidad y abran nuevos caminos de experimentación y conocimiento.

Eso mismo ocurre con la comunicación política. Cuando el argumento es excesivamente reiterativo, corre el riesgo de volverse obvio, previsible, cansino y puede terminar insensibilizando a los adeptos y dejando indiferentes a los ciudadanos independientes que buscan escuchar ideas, propuestas y proyectos nuevos. Vivimos el tiempo de la inmediatez y la fugacidad, de la renovación constante, de la saturación informativa, esto exige a la comunicación mucha habilidad en los enfoques y una gran agilidad en la actualización del mensaje y del formato de forma que garanticen brevedad, impacto, conexión e interacción.

Hoy en día muchas de las campañas publicitarias se hacen en los medios virtuales, sitios donde todo pasa veloz y las personas están muy pendientes de la novedad. Por eso me parece que, en el caso de la difusión política en redes sociales, el uso repetitivo de una misma imagen corporativa puede llegar a convertirse en contraproducente porque, al quedar claramente identificado el emisor, en vez de atraer puede ahuyentar a los posibles receptores del mensaje al identificar inmediatamente la imagen corporativa que envuelve al contenido. En estos espacios solo capta la atención aquello con apariencia de novedad.

La mejor manera de decir es hacer porque haciendo los hechos se dicen solos. Fidel Castro, gran gurú de la revolución latinoamericana moderna, lo tenía muy claro. Centró ingentes esfuerzos en desarrollar y potenciar plenamente la salud, la educación, el deporte, la investigación científica y la cultura, llevando a niveles elevadísimos las capacidades humanas de su pueblo. Y aquella convicción sobre el desarrollo de las humanidades combinado con la práctica solidaria de Cuba, se convirtió en el mejor medio para comunicar al mundo la importancia de sus logros en la lucha contra la pobreza, la ignorancia y la exclusión generadas por el capitalismo.

Hoy en el mundo a muy poca gente le impresionan las cifras macroeconómicas, los pueblos se han insensibilizado a esos datos porque tienen la certeza de que todos los gobiernos los presentan maquillados. Por eso fue muy efectivo Fidel al establecer como eje de comunicación la difusión de resultados de desarrollo humano y no la maraña de fríos datos macroeconómicos. Al final, lo que diferencia la gestión revolucionaria con respecto al capitalismo es la capacidad de invertir recursos en lo humano y no en acumular capital para unos pocos. Contraponer verdadero desarrollo humano frente a la fantasía economicista capitalista.

Cada ser humano está segurísimo de que nunca ha cedido a la influencia de nadie y que actúa siempre movido por su criterio propio, así que no hay comunicación más ineficaz que aquella que deja en evidencia su intento de convencer e inducir a creer en algo. La mejor propaganda es la que no lo parece. En ese sentido, la derecha ha sido muy hábil. La propaganda de la derecha es sutil, sibilina, astuta, consigue su objetivo sin apenas darnos cuenta, sin dejar en evidencia el propósito de querer imponer un criterio, una verdad, un relato univoco. El mejor ejemplo de sutileza propagandística e influencia ideológica capitalista ha sido Hollywood.

La comunicación política, en general, busca posicionar un proyecto en la mente de los ciudadanos, pero la de izquierda en particular, intenta posicionar también unos ideales. Esto obliga a tener muy en cuenta la pedagogía en toda estrategia de sensibilización, para que, al asumir el proyecto, el ciudadano asuma también plena consciencia sobre la importancia de ese proyecto para la sociedad y para el individuo. Todo pensamiento es producto de un aprendizaje, así que, nuevos aprendizajes construirán renovados pensamientos ensanchando las rutas del transitar humano. La vida es un camino sin camino. Es abrir caminos mediante el conocimiento.

La humanidad ha cambiado y los métodos y herramientas de comunicación e influencia se han vuelto cada vez más subliminales. Por eso no es extraño que hoy, en plena era de la manipulación cotidiana, todavía se escuche a algunos afirmar con rotunda ingenuidad: “¡Mire amigó, a mí nunca me ha manipulado nadie!”.

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