Boris está fuera, ¿qué pasará con Ucrania? Por Martin Jay | Strategic Culture Foundation

Boris está fuera, ¿qué pasará con Ucrania? Por Martin Jay | Strategic Culture Foundation
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Con la dimisión de Boris Johnson no sólo el Reino Unido, sino el mundo, ha alcanzado un hito con los líderes populistas. Gran Bretaña necesita ahora, prácticamente, un tipo economista con conocimientos de negocios que pueda enderezar el desorden de las inflaciones de dos dígitos y la escasez de alimentos y combustible.

Gran Bretaña ha tenido su experimento ya que Boris fue votado, para muchos, como un contrapeso al wokeísmo (movimiento de justicia social) y a la corrección política que se le está yendo de las manos. Pero ahora el país y el Partido Conservador buscarán un líder más sensato y centrado en los negocios, que pueda restaurar la confianza con el electorado pero también arreglar la economía. Tareas nada fáciles que no dejan más que compadecer al próximo primer ministro, que tiene dos años para restablecer el orden en Gran Bretaña antes de las próximas elecciones generales.

Es la economía, estúpido

Pero, ¿ha tenido el mundo su correspondiente experimento con los líderes populistas y su oferta? Para Boris, la gran cuestión era ser lo suficientemente excéntrico y tal vez egocéntrico como para ser una fuerza definitoria singular contra la UE y conseguir el Brexit –que muchos argumentarían que sólo ha completado a medias, ya que el Brexit es mucho más que conseguir un nuevo acuerdo con Bruselas. Hay que recordar que Boris no ha conseguido hacer realidad los beneficios del Brexit sobre el papel.

Si miramos ahora a Estados Unidos, muchos se preguntarán si Trump volverá en 2024, agobiado por la posibilidad incluso de ser acusado o imputado por toda una serie de comportamientos y argucias no presidenciales, que algunos podrían llamar simplemente “corrupción”.

Lo que la historia de Boris debería decirnos es que este tipo de líderes populistas tienen un mandato muy limitado y una popularidad aún más corta una vez que las realidades de no trabajar con asesores y otros expertos empiezan a ser claras. Boris rompió todas las reglas y fue muy presidencialista en muchos aspectos. Era un Donald Trump mejor educado, pero al final, su perdición fue la economía, lo que nadie admitirá.

Claro, todos los miembros del gabinete y los diputados de la bancada mencionaron una “falta de confianza” en la capacidad de Boris para dirigir, pero en realidad fue la economía que se descarriló lo que asustó a todos. Gran Bretaña necesita ahora, como decíamos, un tipo de economista experto en negocios que pueda enderezar el desorden de las inflaciones de dos dígitos, la escasez de alimentos y de combustible y restaurar la imagen del Reino Unido en el mundo.

Lo que nos lleva a Ucrania. ¿Sentirá su líder populista, el señor Zelensky, el calor de la calamidad británica? Desde el comienzo de la Operación Militar rusa, siempre fueron Gran Bretaña y Boris quienes lideraron la carga contra los rusos y fue Boris quien asumió el papel de ese líder occidental que convenció a Zelensky de “luchar hasta el último hombre” contra los rusos. Ahora que Boris se ha ido, ¿continuará el próximo primer ministro con esa campaña? Es poco probable.

La gente de todo el mundo está empezando a despertar y a ver cómo la guerra está costando mucho más a los occidentales que imponen sanciones farsantes contra Rusia –mientras siguen siendo adictos a su petróleo y gas– que a los propios rusos. Boris formó parte de la falange de líderes occidentales con trajes baratos que sólo se centraron en el fin de Putin, sin ser capaces de mirar los costes, exactamente de la misma manera que se quitó el ojo de la economía post-Brexit.

No habrá grandes cambios

Es posible que la interrupción que se produce ahora en la política británica, mientras el Partido Conservador busca un nuevo líder, dé lugar a un periodo de reflexión sobre el papel de Gran Bretaña en la guerra de Ucrania, y quizás incluso conduzca a un momento de sobriedad que provoque un debate sobre la negociación de una paz, la restauración de los mercados globales y el cierre del capítulo de la escasez de alimentos y energía en todas partes. Este tipo de comentarios aparecen ya en la prensa de izquierdas cada cierto tiempo y es probable que ganen fuerza una vez que haya un nuevo primer ministro en Downing Street

Pero no hay que esperar grandes cambios o un giro en las políticas. El nuevo líder estará dirigido por el servicio de inteligencia exterior del Reino Unido en los puntos que importan en el mundo, y China seguirá siendo vista como un enemigo y una amenaza para el dominio occidental, tanto económica como geopolíticamente.

Lo que señala el fin del mandato de Boris es que la bufonada transatlántica de los líderes populistas de Reino Unido y Estados Unidos ha terminado. Aunque Trump sea reelegido en 2024, no encontrará un amigo en Downing Street que apoye sus descabelladas ideas sobre Oriente Medio, China y el papel de Estados Unidos en el mundo.

Nos guste o no admitirlo, en este sentido, Boris fue un caniche sobre las rodillas del presidente estadounidense de turno y no deberíamos esperar que el próximo primer ministro del Reino Unido siga el mantra. “Gran Bretaña Primero” será la doctrina en un intento de recuperar la confianza de los votantes tories (conservadores) y de los viejos laboristas que votaron a Boris sólo para sacar al Reino Unido de la UE. A partir de ahora, todo girará en torno a la lucha contra la pobreza, los impuestos y la adaptación a la realidad post-Brexit. Será difícil adivinar si los conservadores pueden evitar un parlamento hostil o no.

Pero por el momento, Gran Bretaña está a punto de recuperar algo de credibilidad en todo el mundo y restaurar la confianza en el sistema parlamentario y en la política en general. Y eso no puede ser malo. Al final, hasta Larry, el gato de Downing Street, perdió la confianza en su dueño.

Zelensky estará observando los acontecimientos muy de cerca y preguntándose cuán corta será su propia y efímera popularidad, ya que cada día mueren al menos 200 soldados ucranianos y no parece haber ninguna esperanza de victoria para él en su país. No es de extrañar que hable de terminar la guerra en octubre.

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