Carlos Fonseca siempre fue ejemplar Por Margine Gutiérrez

Carlos Fonseca siempre fue ejemplar Por Margine Gutiérrez
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Carlos Fonseca es uno de los más grandes revolucionarios de Latinoamérica. Su profundo compromiso desde niño, con las clases empobrecidas a las que pertenecía, marcó su vida y fue la guía de su palabra y acción. Pero lo que verdaderamente lo distingue es su elevada mística y moral revolucionaria, forjada a conciencia por él mismo, al igual que lo hiciera Ernesto Che Guevara.

Como dijera Haydée Santamaría del Che, Carlos Fonseca también se hizo a sí mismo. Ese es uno de los principales ejemplos que nos ha legado: su conducta intachable, cincelada por él a conciencia, sabedor de que el ejemplo era y es vital para lograr que el pueblo se sume a la lucha, para que las mejores mujeres y hombres se integraran al combate. Sus virtudes y cualidades morales, su honradez y su entrega a tiempo completo a la lucha revolucionaria, es indiscutible. Absolutamente nadie lo pone en duda. “Yo soy un asceta, casi un místico, todo mi tiempo lo tengo dedicado a la revolución”.

Marxista Leninista

Su conciencia de clase fue su motor así como el convencimiento de que el marxismo leninismo es la teoría revolucionaria, el método científico para conocer la realidad y luego transformarla. Estudió el marxismo desde muy jovencito. Su amigo Ramón Gutiérrez, excomulgado por la Iglesia Católica a los 16 años, le regaló el Manifiesto Comunista, traído de la Guatemala de Jacobo Arbenz. Estaba en francés lo que obligó a Carlos Fonseca a aprender ese idioma, de forma autodidacta, para poder leerlo. Recuérdese que en esa época los libros de marxismo estaban prohibidos por la sangrienta dictadura.

En su libro “Un nicaragüense en Moscú” recuerda que, desde entonces, en todas las librerías a las que tenía acceso buscaba libros de marxismo leninismo. La impaciencia por hacer algo empezó a dominarlo. No bastaba con estudiar y conocer el marxismo.

En esa búsqueda permanente de darle un carácter orgánico a sus inquietudes, la primera organización a la que se vincula es a la Unión Nacional de Acción Popular (UNAP) y con apenas 14 o 15 años expresa que miró a la UNAP demasiado perfumada y aburguesada “por lo cual mis simpatías terminaron”. La realidad es que ya para esa época y siendo apenas un adolescente, empezaba a conocer el marxismo y se asumía como marxista.

Dice Matilde Zimmermann que “en 1953 o posiblemente al comienzo de 1954 le comentó a un dirigente de la UNAP que no podía apoyar más a la organización porque él se había hecho marxista”

Forjador del movimiento estudiantil

Concluye sus estudios de primaria con las más altas calificaciones, en la Escuela Superior de Varones. En una ocasión en que el dictador visitó la escuela, muchos niños se negaron a darle la mano, entre ellos Carlos Fonseca y cuando despidieron a la profesora Lucidia Mantilla por antisomocista Carlos la visitó junto con sus compañeros quienes le ofrecieron una cena, en desagravio. Entre los que visitaron a la maestra estaba Manuel Baldizón caído en El Chaparral.

Luego en 1950 -a la edad de 14 años- Carlos Fonseca ingresa al INN donde profundiza su conocimiento de la realidad del país e inicia un compromiso que empieza a ser más profundo. Desde allí busca como canalizar sus inquietudes políticas, que desde siempre fueron para un cambio en favor de los explotados, a través del periodismo, la poesía, la concientización y la organización estudiantil.

Estando apenas en primaria, Carlos Fonseca ya promovía la organización de los estudiantes, aunque es hasta que ingresa al instituto que organiza el primer Comité Estudiantil, influido por la Guatemala hermosa de Jacobo Arbenz, y trata de que este comité se vincule con el incipiente movimiento obrero de Matagalpa.

En el INN su actividad es febril. Con Francisco Buitrago, venido de Terrabona a estudiar a Matagalpa, y Ramón Gutiérrez, organiza el mencionado Comité Estudiantil y fundan la Revista Segovia con Carlos Fonseca como Director. El Jefe de Redacción sería Francisco Buitrago, quien cayera en 1963 en la Guerrilla de Río Coco y Bocay y de quien dice el Comandante Borge que fue fundador del FSLN. De los once números que se publicaron de Segovia, los primeros siete los dirigió Carlos Fonseca.

Uno de los propósitos de la revista es alentar la organización de Juntas Culturales para que celebren efemérides importantes. Abordaban temas de ciencias naturales, poesía y hasta escribieron un artículo sobre el Desarrollo del Capitalismo en Europa. Carlos, era una de los principales escritores de la revista. Publicaba artículos y poemas como “Los 16 versos del Molendero”.

Segovia era financiada con la venta que de ella hacían los estudiantes, anuncios comerciales que conseguían y algunas veces la querida profesora Matilde Morales, en cuya casa se reunían a elaborar cada número, les prestaba dinero para completar.

Alrededor de la Revista Segovia, Carlos logró organizar a más de veinte jóvenes estudiantes incluyendo una mujer, Bertha Prado. Con la orientación política de Carlos Fonseca escribían artículos y vendían la revista, desde la que mostró como una de sus principales preocupaciones los elevados niveles de analfabetismo de los trabajadores.

De allí que Carlos Fonseca creyera, desde entonces, que el papel más importante que en ese momento podían desempeñar los estudiantes, y especialmente los vinculados a la Revista Segovia, era “llevar alfabetización a los trabajadores y campesinos pobres”. Francisco Buitrago compartía la preocupación de Carlos Fonseca sobre los elevados niveles de analfabetismo y en uno de sus artículos, Francisco Buitrago hizo un llamado a organizar una campaña nacional de alfabetización bajo el lema ¡Hagamos Patria!

Cuando se bachilleró Carlos Fonseca no solo obtuvo la Estrella de Oro por haber sido el mejor estudiante durante los cinco años, sino que también se ganó el primer premio en el idioma francés, el que estudió de forma autodidacta solamente para leer y estudiar el Manifiesto Comunista. Para su examen final de bachillerato presenta su tesis “Capital y Trabajo”, donde entre otras cosas afirma: “Se precisa que los propietarios de los instrumentos de producción sean los proletarios. Entonces para que tal suceda ¿habrá de arrebatarle la propiedad a los capitalistas? Si habrá que arrebatársela”.

Tomás Borge recuerda que “estas tesis se escribían apenas en un par de horas. Se le daba al alumno un tema y este lo desarrollaba sentado en su pupitre, sin consultas bibliográficas; era una improvisación total”. Esta enorme capacidad intelectual de Carlos Fonseca llevó a Ramón Gutiérrez a escribir en la Revista Segovia “Carlos Fonseca ha triunfado. Su talento no se ha perdido. Me siento orgulloso de ser su amigo, soy predilecto de los humildes que llevan buenos sesos y corazones pesados, grandes y blancos”.

Revolucionario desde su niñez

Nació en Matagalpa el 23 de junio de 1936 en el seno de un hogar muy pobre. Fue hijo de doña Agustina Fonseca Úbeda, una madre soltera de 5 hijos a los que sostenía con su trabajo como empleada doméstica. Fue una vida muy dura de muchas carencias.

Para ayudar a su madre en la manutención del hogar, Carlos Fonseca vendía el semanario “Rumores” en las calles de Matagalpa y también confites y lecheburras casa por casa. Ramón Gutiérrez, al bachillerarse Carlos con la máxima distinción que otorgaba el INN, escribió en Segovia “Carlos vendió melcochas por las calles, con su pantalones chingos y sus grandes ojos gatos, miopes. Fue voceador de periódicos y cobrador de recibos; supo del gusto que tiene la necesidad y pisoteó con sus pies descalzos los prejuicios que empiedran las avenidas de los rancios burgueses”.

La identificación profunda con su madre, lo lleva a comprender el origen de sus condiciones sociales de vida y a tomar una posición política desde muy jovencito. “Permítaseme evocar este día a la madre del que escribe estas líneas, mi madre proletaria…” escribe un 30 de mayo.

Dice Tomás Borge que Carlos, a los 12 años, ya había escuchado hablar de Sandino y se mostraba orgulloso de que un pariente suyo, llamado también Carlos Fonseca, haya sido combatiente del EDSN.

Matagalpa ciudad de contrastes entre una minoría de acomodados cafetaleros y una mayoría empobrecida le sublevan la conciencia y es así que sus primeras expresiones de descontento y protesta son alrededor de las condiciones de vida infrahumana de los trabajadores agrícolas. Este sector o clase social sería una constante en sus declaraciones, discursos y análisis en los que siempre se refería a sus condiciones de vida infrahumanas y a la necesidad de luchar para lograr su emancipación. “Con legítimo orgullo declaro que preferí recorrer al lado de mis hermanos de lucha, el camino proletario, el camino para forjar la liberación de mi clase, la clase proletaria”.

Por otro lado, Matagalpa era un hervidero de inquietudes políticas opositoras al somocismo y el Instituto Nacional del Norte (INN) no era la excepción. Los estudiantes publicaron el periódico Vanguardia Juvenil en 1947 y Espartaco de 1947 a 1948, y cuyo principal redactor era Tomás Borge, desde donde fustigaban y denunciaban al somocismo o impulsaban acciones temerarias como pintar de negro un puente por donde Somoza iba a pasar. Más de una vez estos jovencísimos estudiantes revoltosos fueron a parar a la cárcel a tan temprana edad.

La juventud matagalpina está caliente ¿Es que no es caliente la bala disparada? Y nosotros somos la bala disparada por el anhelo de servir a la patria”, escribía en la Revista Segovia.

Fuentes:
-Tomás Borge. La Paciente Impaciencia.
-Matilde Zimmermann. Carlos Fonseca Amador, Bajo las banderas de Che y Sandino.
-Proclama del FSLN. 1 de enero de 1969

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