Carmencita Bolaños, una militante que nos hace invencibles Por Margine Gutiérrez

Carmencita Bolaños, una militante que nos hace invencibles Por Margine Gutiérrez
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Se nos fue la Carmencita Bolaños, esa muchacha tan alegre y sonriente, que siempre trabajó con René Núñez con toda la diligencia y discreción posible.

La conocí en el 79 en la Secretaría de la Dirección Nacional, donde también conocí a mi coterránea Sadie María Rivas Reed, con quien desde ese instante, nos convertimos en uña y mugre. Éramos vecinas desde la casa Juan de Dios Muñoz (en Managua, cerca de Plaza España) –un edificio frente al otro– donde fueron mis oficinas por cerca de casi 6 años.

Carmencita, Sadie, Roxana Espinoza, Maribel Muñoz, Astrid Cruz… eran el alma y nervio de la Secretaría, como si cada una hubiera sido escogida para dar a esa importantísima institución de la Revolución una cara bonita, cálida, alegre y de mucha amabilidad.

Yo me cruzaba con bastante frecuencia a buscar a Sadie y buscar a una era como buscarlas a todas. Eran un solo puño, aquel grupo de jovencitas trabajadoras incansables, comprometidas, con hora de entrada pero sin hora de salida pues casi siempre estaban trabajando hasta altas horas de la noche. Tenían sobre sus hombros responsabilidades impensables para muchachas de su edad. Acometían como un colectivo las tareas globales de los miembros de la DN con los que trabajaban pues la amistad –no el amiguismo– y la fraternidad reinaba en el grupo. Cada una tenía sus responsabilidades particulares pero se ayudaban las unas a las otras.

Casi todas ellas todavía no guardaban sus fusiles libertarios aún humeantes, Sadie y Roxana siempre de verde olivo, y trasladaron a la Secretaria la fraternidad, el espíritu fuerte de grupo y la hermandad de los tiempos de la lucha antisomocista. Eran hermosos estilos y métodos de trabajo generados por la revolución recién triunfante.

La Carmencita siempre estaba en su inmenso escritorio, a la entrada de la oficina de René y contrario a lo que ahora ocurre, ella siempre facilitaba, con toda la amabilidad del mundo la accesibilidad de René. Y si René estaba ocupado y no podía atender de inmediato, ella se encargaba de que no sintieras el tiempo de espera.

Fácil es deducir la pérdida que significa la muerte de la Carmencita, no solamente para quienes la conocimos, la quisimos y disfrutamos de su amistad, sino también para el sandinismo. Trabajar tantos, tantísimos años directamente con René y con una parte de la DN entraña una enorme formación política e ideológica.

Su compañera y hermana del alma (mía también) quien hoy la llora con un profundo dolor, Astrid Cruz, recuerda que ya gravemente enferma anduvo sin desmayar, en las visitas casa por casa, pidiendo el voto para el FSLN. Las Carmencitas Bolaños son las que hacen invencible al Frente porque con su vida y su ejemplo concreto siempre contribuyen a su fortalecimiento y a su defensa, sin importar situación económica y condición de salud. Porque hay que decir algo, trabajó por muchos años con la DN pero a la hora de su enfermedad sus amistades de forma discreta, como debe ser, solicitaron apoyo económico para enfrentar sus gastos de medicinas para la larga enfermedad que la aquejó, porque ella no tenía posibilidades de costeárselos.

La Carmencita Bolaños nos deja su alegría y su sonrisa como un hermoso recuerdo que siempre perdurará pero también nos deja su ejemplo de militante sandinista pues su humildad, fraternidad, aporte a la revolución y su entrega y lealtad hasta el último minuto de su vida es un ejemplo que nos acompañará toda la vida.

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