Chávez y la derrota del ALCA Por Edgar Palazio Galo

Chávez y la derrota del ALCA Por Edgar Palazio Galo
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A raíz de la desintegración de la URSS algunos funcionarios académicos del capitalismo enarbolaron la bandera de victoria, uno de ellos Francis Fukuyama publicó en 1989 el ensayo «¿El fin de la historia y el último hombre?» donde proclamaba la “…impertérrita victoria del liberalismo económico y político. El triunfo de Occidente, de la idea occidental, es evidente, en primer lugar, en el total agotamiento de sistemáticas alternativas viables al liberalismo occidental”. Fukuyama mostraba la democracia liberal como forma última y superior de gobierno humano. Sucesivamente fue formulado por Charles Krauthammer el concepto y la existencia de un “momento unipolar”, según él un nuevo orden en las relaciones internacionales determinado por el poder hegemónico centrado en los Estados Unidos.

En 1990 John Williamson publica «Lo que Washington quiere decir cuando se refiere a las reformas de políticas económicas», artículo orientando a lo que fue el Consenso de Washington, decálogo de políticas económicas de ajuste y privatización que limitaron los servicios sociales de los estados con funestas consecuencias, era el reino del neoliberalismo y la obediencia de los gobiernos a la hegemonía del imperio.

El discurso ideológico que circuló desde los grandes dispositivos mediáticos del imperio trató por todos los medios de construir una percepción que asociara el colapso de la URSS con el fin de la historia, figurando un orden unipolar que según ellos había llegado para quedarse.

El ALCA

En la línea trazada por el consenso de Washington, Estados Unidos diseñó toda una estrategia para profundizar las reformas económicas neoliberales en Latinoamérica y convertir al mercado en el principal asignador de recursos en disminución de los estados. Para tal efecto, en diciembre de 1994 auspiciaron en Miami la realización de la primera cumbre de las Américas con fin de establecer un acuerdo para crear un Área de Libre Comercio (ALCA) que debía quedar instaurada para enero 2005.

Colin Powell, por entonces secretario de estado del gobierno de George Bush, no tuvo reparos al poner en palabras los intereses económicos que perseguía el imperio: “Nuestro objetivo con el ALCA es garantizar a las empresas norteamericanas el control de un territorio que va del polo Ártico hasta la Antártida, el libre acceso, sin ningún obstáculo o dificultad para nuestros productos, servicios, tecnología y capital en todo el continente”.

El comandante Hugo Chávez Frías asiste en abril de 2001 a la tercera cumbre de las Américas en Quebec, Canadá, y con su presencia se pone fin al control total estadounidense en estos foros internacionales. En el desarrollo de esta cumbre, el Comandante Chávez contrapuso su posición y desacuerdo en dos aspectos de la declaración final de la cumbre.

En primer lugar planteó que la democracia no debía restringirse únicamente a su forma representativa e introdujo en el debate el concepto de democracia participativa, señalando: «En verdad una democracia participativa es la mejor manera que el pueblo participe… Creo que es una pregunta buena para una reflexión profunda ahora, cuando estamos empeñados en construir, solidificar y fortalecer la democracia ¿Qué tipo de democracia? ¿Democracia para morirse de hambre? Pierde la esencia de la democracia un sistema que lleve a su gente a la miseria, al hambre y la explotación… creo que tenemos que avanzar hacia una democracia participativa y he allí la primera recomendación de Venezuela a la Cumbre de Québec…nosotros proponemos formalmente y pedimos, roguemos que quede en acta, que cuando hablamos de democracia representativa, agreguemos también, participativa».

En segundo lugar, el comandante Chávez criticó la urgencia y necesidad de la propuesta estadounidense en conformar un área de libre comercio sin antes prever o considerar los requisitos y condiciones para la misma. Enarbolando el principio de autodeterminación, Chávez no aprobó la fecha propuesta para la puesta en marcha del ALCA, que fue aceptada por los demás países subordinados a los intereses del imperio.

Fue el inicio de una beligerante lucha contra la hegemonía y la globalización neoliberal, particularmente en el escenario de las relaciones internacionales en Latinoamérica donde la sumisión vergonzante era la nota distintiva de los gobiernos de la región. Para entonces en Nicaragua los gobiernos neoliberales hacían gala por mostrar obediencia.

La posición del comandante Chávez estaba en línea con las bases programáticas del Plan de Desarrollo Económico y Social de la Republica Bolivariana de Venezuela, elaborado en septiembre de 2001, donde se fijó como orientación de su política internacional “estimular la gestación de un mundo multipolar, diversificando las modalidades de relacionamiento, privilegiando las relaciones con los países latinoamericanos y caribeños”; igualmente “reiterar en foros mundiales y regionales la importancia y significación de la democracia participativa”.

ALCA, al carajo

En el año 2005 el escenario estaba fijado para la realización de la IV Cumbre de Las Américas en Mar de Plata, Argentina. Según los acuerdos previos, ahí debía firmarse y poner en vigor el ALCA. Fue entonces cuando el liderazgo del comandante Chávez marcó la posición líder de quienes se opusieron y derrotaron la iniciativa del ALCA, pues ese acuerdo lo que buscaba era “consolidar el poder económico de las grandes transnacionales y de las élites que han dominado estos países durante mucho tiempo”.

En su discurso del 4 de noviembre de 2005, Chávez expresó: “¡ALCA, al carajo! No solo debemos ser enterradores del ALCA sino enterradores y en mucha mayor dimensión, complejidad y profundidad, del modelo capitalista neoliberal que desde Washington arremete contra nuestros pueblos desde hace tanto tiempo. La batalla del ALCA sin duda que la hemos ganado, pero ¡cuidado! Eso es sólo una batalla de tantas batallas pendientes que nos quedan para toda la vida”.

El fin del ALCA fue una derrota política y diplomática para el imperio estadounidense. El comandante Chávez estableció una nueva relación en el equilibro geopolítico latinoamericano, dio voz y contenido movilizativo a los países del Sur reposicionándolos frente a la tesis unipolar desde una plataforma de integración y unidad latinoamericana, con profundas raíces en el espíritu del libertador Simón Bolívar, del que Martí y Sandino fueron continuadores.

Y hasta el plano de vida donde habita, desde Nicaragua sandinista comandante Chávez le decimos parafraseando el poema de Miguel Ángel Asturias a Simón Bolívar: “creemos en la resurrección de los héroes y en la vida perdurable de los que, como tú, Libertador no mueren, cierran los ojos y se quedan velando”.

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