De San Felipe a Matagalpa, de la montaña a la ciudad, Crescencio Rosales revolucionario ejemplar Por Martha Isabel Mairena

De San Felipe a Matagalpa, de la montaña a la ciudad, Crescencio Rosales revolucionario ejemplar Por Martha Isabel Mairena
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Los siguientes datos de la presente biografía se toma de una que fue elaborada en octubre de 1979 e impresa en el Centro de Enseñanza Militar “Carlos Agüero Echeverría”. Complejo Militar “Germán Pomares Ordóñez”. Otros datos fueron brindados por la mamá de Crescencio, Anita Rosales, en visita realizada a su casa de habitación, como también por el aporte y testimonios de compañeros que le conocieron. La historia de muchos héroes y mártires de la Revolución sigue siendo una tarea pendiente.

Gilberto Crescencio Rosales Cabrera (Miguel, Fredy), nació en la ciudad de León el 12 de agosto de 1953, en el barrio San Felipe, uno de ocho hijos, 5 mujeres y 3 varones, de Ana Diega Rosales y Juan Pablo Cabrera.

Realizó sus estudios iniciales en una escuelita del barrio. Posterior inicio sus estudios de primaria en la Escuela John F. Kennedy, hoy San Felipe. Su mamá señala que él le ayudaba en los quehaceres del hogar. Desde primaria manifestó descontento por la Guardia de Somoza a quien aborrecía. Su bachillerato lo realizó en el Instituto Miguel Larreynaga, pero dada la situación económica familiar decide pasar a la nocturna para poder trabajar de día y ayudar a su familia. Es así que concluye sus estudios en el Instituto Nocturno Universitario “Mariano Fiallos Gil”. En 1973, logra bachillerarse en Ciencias y Letras.

En 1970, da sus primeros pasos en el movimiento estudiantil de secundaria, desarrollando actividades de gran envergadura para la consolidación de dicho movimiento. Fue reclutado por Carlos Roberto Huembes. Dado su encomiable labor obtiene la pre-militancia en las filas del FSLN.

En 1972, ya como militante del Frente, desempeña actividades en El Sauce, departamento de León, sirviendo de enlace entre la ciudad y el campo. Entre las tareas que desarrolla están compra de alimentos y medicinas, asegurar casas de seguridad y llevar información. De igual forma, durante el proceso electoral de Somoza en 1975, se destaca demostrando la farsa electoral que conllevaba ese proceso. Compartió tareas organizativas con los compañeros Omar Cabezas, Pedro Arauz, Iván Montenegro, Julián y María Mercedes Avendaño, Rodolfo y Marcio Jaén.

Preso y torturado

En 1974 ingresa al Año Básico de la UNAN-León y a la vez trabaja en un plantel de construcción. Desarrolla trabajo organizativo en barrios y en el sector estudiantil. Utiliza su casa como casa de seguridad y bodega, situación que fue denunciada por unos vecinos. Cayó preso el 7 de noviembre de 1974, fue torturado, le ofrecieron pago a cambio de trabajar con la Oficina de Seguridad Nacional (OSN). Dado su trabajo organizativo, conspirativo no lograron encontrar elementos comprometedores, así como dada su terquedad, convicción y lealtad no lograron sacarle información.

Tanto la rectoría de la universidad como el movimiento estudiantil, demandaron de inmediato la libertad de Crescencio, hasta que salió libre el 16 de noviembre de 1974, tras nueve días de cárcel y torturas, siendo recibido con júbilo por familiares y compañeros.

En conversaciones con su mamá nos cuenta que “transcurrieron tres días sin dar señales de nada, tranquilo en casa, asistió a clase .Un día por la noche escribió una carta de despedida, la cual dice lo siguiente: «Espero que mi despedida no la tomen a mal y esto que hago sea comprendido por el resto de mis hermanos», y desapareció el 21 de noviembre de 1974.

“Durante 3 años, no tuvimos noticias de él hasta el 23 de septiembre de 1977, que nos sorprendió con una inesperada visita de 5 minutos. Días después recibí una carta que dice «Madre tuve miedo al acercarme, pero no del enemigo, sino de no encontrarla»”, relata doña Anita.

En la montaña estuvo integrado en la escuadra “Carlos Agüero Echeverría”, participó en la emboscada que se le propinó varias bajas a la Guardia en el sector de San Antonio de Kuskawás el 9 de septiembre de 1975. En ese operativo también intervinieron Jacinto Hernández (miembro de la Dirección Nacional del Frente Sandinista), quien cae tratando de recuperar un arma; Francisco Ramírez, Facundo Picado, Álvaro Hernández, Serafín García, Fidel Aguilar, Víctor Manuel Urbina (conocido como el Humilde Campesino) y Filemón Rivera, quien cae días después durante la retirada en Cerro Grande. Dado el golpe propinado a la Guardia en Kuskawás, se desata una persecución y masacre contra los colaboradores.

A finales de 1977, tras tres años de fogueo en la montaña, Crescencio pasó a ocupar el cargo de responsable del Regional Faustino Ruíz “El Cuje”. Según algunos de sus compañeros, la movilización de Crescencio a la ciudad fue por problemas de salud, pues “empezaba a padecer de epilepsia debido al hambre y desvelo en la columna guerrillera en la montaña”.

La Insurrección de los Niños

Margine Gutiérrez, militante sandinista y periodista originaria de Matagalpa, relata que “Crescencio Rosales fue el jefe de la Insurrección de Agosto”.

“La guardia estaba reconcentrada en el cuartel. Prácticamente todos los barrios habían sido tomados, excepto el de la Salida a Jinotega y El Tule que era una zona alejada del centro de la ciudad. Durante todo el día hubo intentos de la guardia de penetrar a los barrios pero la hacían retroceder. En palabras de Sadie Rivas, fue como un “estira y encoge”.

“Crescencio Rosales se contacta con algunos de los dirigentes, analiza la situación y empieza a dar orientaciones. Lo principal era no creer que con estas acciones, la guerra finalizaba y se caía la dictadura. Crescencio se moviliza por algunos lugares con mucha discreción, con la cara tapada, a puntualizar detalles.

Crescencio Rosales llegó a Matagalpa en 1977 a hacerse cargo del Regional Clandestino “Faustino Ruiz”. Venía revestido de la autoridad y la experiencia que da la vida guerrillera en la montaña, donde estuvo muchos años en la mítica Brigada Pablo Úbeda (BPU). Fue trasladado a Matagalpa porque tenía epilepsia y había adquirido leishmaniosis en la montaña. Para esa generación de sandinistas era un maestro, un formador. No dejaba pasar nada y siempre estaba pendiente de los detalles. Se sentaba a amarrar los trabajos obligando a pensar a los muchachos que estaban bajo su responsabilidad. No les hacía el trabajo sino que los estimulaba y acompañaba a tomar las mejores decisiones. Estas sesiones por lo general duraban desde las siete de la noche hasta las cuatro de la mañana. Era de los que estaba en las tareas más grandes y en las más concretas. Siempre era el más informado. Sabía de los movimientos de la burguesía y también de lo que hacía la militancia. En las tensas madrugadas de trabajo, a veces se quedaba dormido porque las pastillas para la epilepsia le provocaban sueño. Se levantaba, se iba a mojar la cara y ya regresaba como nuevo.

“Lucy González Picado lo recuerda siempre trabajando. “era incansable. Nosotros no le conocimos un momento en que no estuviera hablando de trabajo, proponiendo otra reunión en la madrugada. Se sentaba con nosotros durante horas a hablarnos de la unidad contra la dictadura somocista”.

“Al caer la noche del 26 de agosto, da la orden de retirarse de los barrios por falta de armas y porque hay que esperar que se levanten las otras ciudades. Aún no ha llegado el momento de la insurrección. A eso de las 11 de la noche se comienza a cumplir la orden dada por Crescencio Rosales y empiezan a salir de los barrios”.

Revolucionario ejemplar

Crescencio era un compañero de una serie de cualidades y valores, de una mística y firmeza revolucionarias extraordinarias. Tenía una gran capacidad de organización y respetaba mucho las responsabilidades de cada quien. La compartimentación fue uno de los elementos que exigía y el cumplía a cabalidad, ejemplo de esto, no daba orientaciones a ningún miembro de una célula si no era el responsable. De tal manera, que no se rompía la secretividad del trabajo ni la jerarquía de responsabilidad. De igual forma, prestar la atención a lo que te rodeaba era un principio de seguridad y por tanto, de sobrevivencia.

En una oportunidad compartió que en una marcha en la montaña buscando como acampar, porque ya estaba cayendo la noche, de repente el simple ruido de la cadena de una cantimplora (esto lo dedujeron después cuando verificaron donde estaban llegando), les salvó la vida a un grupo de cinco compañeros. Estaban caminando directo a una patrulla de la guardia que estaba acampando, y parece que uno de los guardias abrió su cantimplora (el tapón se sujetada con una cadenita de metal a la cantimplora). El minúsculo ruido en medio del silencio y la atención que el grupo de compañeros llevaba, les salvó la vida.

Reunirse o movilizarse con Crescencio era una escuela móvil de formación ideológica, de trasmisión de valores, lo cual fortalecía maduramente el respeto de todos sus compañeros. Confiaba absolutamente en el triunfo de la revolución y expresaba preocupación solamente por “llegar a la casa y no encontrar viva a mi mamá”.

El 2 de noviembre de 1978, Crescencio y Salvador realizaron la movilización de un grupo de compañeros que habían sido heridos en la insurrección de Estelí y estaban en proceso de recuperación e iban ser traslado a otro sector.

Una emboscada fortuita

Entraron a Matagalpa cerca de las 6 de la tarde, Crescencio, Salvador y cuatro o cinco compañeros más. Se trasladaron a la Hacienda Santa Josefina, propiedad de la familia de Salvador. Cerca de las 8 de la noche, Crescencio y Salvador regresaron a Matagalpa. Hay versiones que dicen haberlos visto por el lado de la Escuela El Progreso y luego doblar para el sector de la gasolinera Chevrón, momento en que un Becat le estaba dando seguimiento.

La caída de Crescencio y Salvador, está llena de una serie de preguntas, y se ha dado como repuesta que se debió a una coincidencia lamentable. Ese mismo día, se efectuó un operativo de recuperación de un mimeógrafo del Colegio Monseñor Carrillo realizada por dos compañeros, quienes se identificaron como miembros del Frente Sandinista de Liberación Nacional. Los dos compañeros se movilizaban en un jeep rojo marca Toyota idéntico al que tenía Salvador, en el cual movilizaba frecuentemente a Crescencio Rosales.

En algunos artículos escritos o testimonios dados por algunos compañeros señalan “Salvador y Crescencio en ese momento se movían ajenos a todo lo que pasaba”. Algunas versiones de habitantes del sector señalan que Crescencio sale del vehículo mientras Salvador cubría su retirada. Logrando Crescencio desprenderse de una documentación y realizar unos disparos. Estando gravemente herido fue ejecutado. En tanto, Salvador fue capturado y asesinan dándolo por muerto en combate.

Al triunfo de la revolución, compañeros que tomaron las instalaciones del cuartel de Matagalpa en 1979 y lograron rescatar información de la OSN y de la Sección del Servicio Anticomunista (SAC), encontraron un carnet del SAC de un sujeto que colaboraba con el Frente y que servía de casa de seguridad donde Crescencio llegaba, que quedaba cerca donde Salvador y Crescencio cayeran el 2 de noviembre de 1978.

El sujeto no fue reclutado por Crescencio, sino que ya tenía tiempo de facilitar su vivienda como casa de seguridad para los clandestinos. De igual manera, había una serie de información sobre varios compañeros lo cual demuestra que la información era trasmitida por este sujeto que servía como doble agente.

Homenajes a Crescencio

En homenaje a Crescencio el FSLN formó la “Unidad de Combate Crescencio Rosales” conformada por las escuadras “Salvador Amador” y “Carlos Arroyo”, con la cual se realizaron una serie de operativos militares entre ellos: el ajusticiamiento del coronel Davidson Blanco el 21 de febrero de 1979. Davidson fue uno de los guardias que participó en el asesinato de Sandino.

Otras acciones de la Unidad fueron el ataque a los cuarteles somocistas de San Ramón y San Dionisio el 9 de mayo del 79, así como también, el operativo económico más grande realizado en Matagalpa, el asalto al Banco Calley Dagnall que fue dirigido por Ramón Cabrales (Emiliano, Nacho), actividad que se realizó de una forma inusual en cuanto a movilización se refiere. Una vez saliendo del banco, los compañeros se retiraron en bicicleta hasta abordar un carro en cierto punto.

En la insurrección de Estelí, en el bombardeo al cuartel de la guardia de esa ciudad que fue fundamental para la toma de dicha ciudad. El compañero de seudónimo “Saúl” y de apellido Larios (hermano de Chilo Larios), fue reclutado por Crescencio. Saúl era piloto, trabajaba en la fumigación de los arrozales en los sembradíos de Sébaco. Cuando artilló la avioneta grabó las iniciales CRC en homenaje a Crescencio Rosales Cabrera.

¡Crescencio Rosales Cabrera!

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