El somocismo y su universo paralelo Por Alfonsa Goicoechea

El somocismo y su universo paralelo Por Alfonsa Goicoechea
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En mi infancia todos los chavalos éramos fanáticos lectores de las historietas ilustradas, paquines o penecas les decíamos, cerca de mi casa había una familia que ganaba un chelín por el alquiler de cada cuadernillo. Los temas eran variados, como los superhéroes con poderes sobrenaturales, niños traviesos, etc. Recuerdo que en la serie de Superman el protagonista tenía un archienemigo que vivía en “el mundo bizarro” un universo paralelo donde los sucesos ocurrían exactamente al revés de los eventos normales que usualmente experimentaban los habitantes de Villachica y los alrededores del mundo real.

Al escuchar los relatos y “denuncias” de la oposición nicaragüense sobre lo ocurrido desde 2018, no puedo evitar hacer la asociación con esos recuerdos de mi infancia, porque a pesar de haber suministrado ellos mismos tantas pruebas de sus propios actos terribles, dolorosos y sangrientos que cometieron, pretenden hacer creer que estaban protestando pacíficamente y ellos fueron las víctimas inocentes de una represión desproporcionada.

Cada vez que se refieren a los fallecidos y lesionados la cantidad varía. Suministraron datos falsos a los supuestos organismos internacionales de derechos humanos. A la fecha, no se han molestado para demostrar las identidades de los difuntos, detalle que descalifica cualquiera de sus afirmaciones en ese particular. Incluso muchas personas ausentes del país les reclamaron al ver incluidos sus nombres en la lista fatal inventada. También se cuidan de reconocer que las actividades de sus cómplices armados y equipados formalmente fueron neutralizadas en su carcácter delincuencial después de tres meses de intentos de las autoridades de apelar a la paz, la razón y la cordura. Tampoco aceptan que los invitados a mediar se parcializaron y persisten convertidos en azuzadores del crimen y la discordia.

Los opositores exigieron un diálogo que en el universo paralelo de su ficción fantasmal desquiciada significó rendición inmediata e incondicional de las autoridades legalmente electas, en lugar de una negociación para encontrar solución pacífica al conflicto. Se ausentaron repetidamente del diálogo; su inasistencia fue tan prolongada que finalmente el ejercicio murió por su abandono.

Se declaran demócratas y respetuosos de la ley, pero violentándola exigieron adelanto de las elecciones sin estar organizados formal y legalmente ni tener líderes definidos (porque sus supuestos representantes son tan numerosos como sus adeptos), carecen de propuestas de plan de gobierno para hacer más, o mejor, o al menos algo diferente en favor del país, solamente tienen aspiraciones al poder por sí mismo, no tienen en cuenta al pueblo que dicen representar.

La ley electoral nicaragüense establece que los partidos políticos son los únicos organismos facultados para participar en las elecciones de autoridades; por tanto, no puede haber candidaturas independientes. Sin embargo, los opositores reclaman a gritos por el arresto de imaginarios precandidatos, que últimamente y por arte de magia se han convertido en “candidatos presidenciales” supuestamente “con las mejores posibilidades de ser electos en el cargo”. Estas “destacadas personalidades” de la oposición ni siquiera están afiliadas a ningún partido vigente, mucho menos habían inscrito formalmente sus pretensiones personales.

Dicen que sus protestas fueron pacíficas, pero su vandalismo causó graves destrucciones materiales y daños morales al país cuantificadas en 7.2% del Producto Interno Bruto; sus fotos y videos abundan para demostrarlo. Si en la década anterior a 2018 nuestra economía venía creciendo anualmente en promedio del 5%, lo cual ya era una maravilla, son devastadoras las pérdidas y el retroceso en la producción de bienes y servicios, además de la necesidad de reconstruir y reparar todas las averías y estragos a un costo superior al nivel de crecimiento. De no haber sufrido ese terrorismo y demolición generalizada, el país hubiera estado en mejores condiciones para atender las implicaciones de los dos huracanes del año pasado y la pandemia.

Padeciendo miles de penurias por su causa, al fin llegamos a la fecha de las elecciones determinadas por la ley. Las autoridades cumplieron escrupulosamente en tiempo y forma, se reformó la ley electoral conforme todas las recomendaciones técnicas de la misión asesora enviada por la OEA. Por primera vez en la historia de Nicaragua los votantes asistieron en forma cívica, pacífica y masiva bajo el imprio de nuestras leyes soberanas, pero dicen que fue una farsa, y desde el exterior sus voceros interesados y miopes calculan una abstención mayor al 80%.

Bajo la justificación de incumplir los estándares internacionales, exigen anulación de las votaciones porque los organismos y gobiernos internacionales con las mismas leyes vigentes así lo determinan, como si las leyes nacionales no valieran. La Carta Constitutiva de la OEA no faculta al organismo para intervenir en los asuntos internos de Nicaragua ni obligarnos a nada, mucho menos a acatar leyes de otros gobiernos hostiles.

Independientemente que los organismos y los gobiernos internacionales carecen de autoridad moral para criticar o requerir, lo central, fundamental e importante es que Nicaragua ha actuado en cumplimiento estricto de sus leyes: eso es lo que se denomina Estado de Derecho. Eso es soberanía y autodeterminación declaradas en el artículo 1 de nuestra Constitución Política, desobedecer sería romper el Orden Constitucional.

¿O será que la oposición nicaragüense espera el regreso de los marines gringos para que violentamente otra vez impongan su ley electoral a la medida de las pretensiones extranjeras absurdas, cuenten nuestros votos y decidan los lacayos electos como en las elecciones de 1928? Las elecciones de 2021 son lo contrario de las elecciones ficticias de 1928. Los Moncada, los Díaz, los Somoza y sus secuaces están en el universo paralelo virtual de los paquines de terror que no volverá.

¡Nunca más!

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