Estrategia victoriosa: hacer bien el bien común Por Francisco Javier Bautista Lara

Estrategia victoriosa: hacer bien el bien común Por Francisco Javier Bautista Lara
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«El bien común supera el bien particular»
Tomás de Aquino

«Este movimiento es nacional y antiimperialista. Mantenemos la bandera de libertad para Nicaragua y para toda Hispanoamérica. Por lo demás en el terreno social, este movimiento es popular».
Augusto C. Sandino

El bien común es un concepto político, jurídico y social. Como definición puede ser teórico, abstracto y general, pero es también específico, concreto y real, depende de las necesidades y aspiraciones sociales diferenciadas en cierto momento y entorno; cambia de un lugar y otro, entre una época y otra, porque los colectivos humanos, evolucionan y son distintos, aunque preservan en el imaginario colectivo lo esencial de sus raíces históricas socio culturales y afectivas que proporcionan al individuo y a la comunidad una manera de percibir, sentir, pensar, interpretar y actuar en el tiempo que les toca existir y convivir.

Dignidad, derechos, obligaciones

La habilidad y éxito de la gestión política se sustenta en la capacidad de interpretar esas necesidades y aspiraciones sociales y expresarlas, no solo en mensajes congruentes y creíbles, sino en acciones tangibles para la mayoría, en particular para el “ciudadano común”, quien, según el “parámetro occidental aceptado”, es un elector y un contribuyente, pero no solo eso, debe ser reconocido como ser humano con dignidad, con derechos y obligaciones, con capacidad para participar y ser feliz.

Un discurso o programa político que podría parecer teórica y académicamente adecuado, o que se ajuste solo a parámetros formales o a imposiciones externas, será incompatible e inefectivo en una realidad concreta, en una sociedad específica. Puede ser inentendible, ajeno y contradictorio al “bien común real”.

Es evidente que, sin obviar los antecedentes, la cultura y esas necesidades, un esquema exógeno impuesto resultará impertinente. Aproximarse a satisfacer las aspiraciones-necesidades colectivas legítimas obliga a presentar formulaciones auténticas, cercanas, flexibles, creativas y propias. Los actores políticos que aspiran al poder político institucional según “las reglas del juego constitucional” requieren comprender esto desde una visión independiente a dictados extranjeros, sin prejuicios elitistas, acercarse y ser parte de los grupos sociales desde una visión y actitud incluyente no sometida a intereses oligarcas o limitadamente electoreros y de corto plazo que maniobran en función del beneficio particular sacrificando el interés general que es la esencia del bien común.

Sin dudas, más allá de las condicionantes autoritarias de algunas potencias neocolonialistas de ciertos organismos injerencistas que desnaturalizan su función y poderes supranacionales que buscan preservar su esquema hegemónico, el ciudadano nacional es el elector que decide y el estado, desde su estatus soberano, ejecuta-administra los procesos políticos en su realidad, congruente a sus necesidades, en concordancia al interés general.

Sólido respaldo al Gobierno Sandinista

Las encuestas de opinión miden la percepción social, se aproximan a identificar lo que preocupa y aspira la gente, lo que rechaza y acepta en cada contexto presente, son un instrumento válido, aunque insuficiente, requiere el contacto directo y cotidiano con las organizaciones comunitarias en el territorio. Dos sondeos recientes de M & R (26 enero; 9 febrero, 2021) sustentan los datos que comparto, otras encuestas coinciden en muchos de los resultados expresados.

La mayoría de los nicaragüenses no acepta la injerencia externa en los asuntos interno (62%), la política agresiva de EEUU, la prepotencia imperialista; la intromisión mediante sanciones y amenazas es rechazada y calificada de ilegal por el 72%, quienes consideran que, al contrario de ayudar, perjudica la democracia (78%).  Tres de cada cuatro desaprueba a quienes promueven sanciones contra Nicaragua, lo cual es considerado antipatriótico y de sumisión.

La gran mayorista quiere determinar su destino, que sean los nicaragüenses quienes resuelvan sus problemas, aprecia las actitudes dignas, reconocen los valores de patriotismo, solidaridad, esperanza, compromiso y el mensaje cristiano, socioculturalmente arraigado más allá de la filiación eclesial. Se confiesan cristianos el 72%, un poco más de la mitad católicos y la otra parte protestantes.

El 69% piensa que el conflicto vivido en 2018 es un intento desestabilizador apoyado desde el exterior para impedir vivir en paz. Según el 80% de la población, Nicaragua, bajo ninguna circunstancia debe permitir ser puesta bajo tutela de países u organizaciones internacionales.

Rechazo a la mentira y la manipulación

La gente prefiere alejarse de los grupos que azuzan la violencia, promueven pesimismo, aprovechan algunos púlpitos, medios de comunicación y redes sociales para atemorizar, confundir, dividir y confrontar. Casi el 96% reconoce que las diferencias, controversias o problemas deben resolverse mediante el diálogo. Los “cabeza caliente” quedan reducidos a un número insignificante que, sin embargo, confunden, perturban y manipulan a los incautos, una minoría que no supera a la mayoría que apuesta por el camino del bienestar general, del progreso con equidad, de paz y seguridad por el bien común.

Prevalece el rechazo a la mentira y la manipulación, la gente quiere trabajo, educación pública (88% califica muy bueno/bueno), salud pública, viviendas, seguridad social, superar la pandemia Covid-19 de acuerdo a nuestra realidad (el 89% califica muy bueno/bueno el abordaje del Ministerio de Salud), emprender iniciativas para producir y trabajar, quieren seguridad ciudadana, orden y limpieza en sus comunidades, disfrutar la hospitalidad, la belleza natural y cultural, convivir en paz…

Las personas quieren disponer de sus espacios públicos comunitarios, parques, plazas y bulevares, como lugares de encuentro e identidad local, que se continúe expandiendo la red vial (90% está satisfecho con las carreteras) y mejorando el paisaje urbano.

Quien interpreta y promueva lo opuesto, no contará con aprobación mayoritaria, será rechazado, no tendrá oportunidad de captar el apoyo popular. Está condenado al fracaso.

Es ilícito y mal intencionado, frente a la incongruencia de un discurso o programa opositor propio, sin liderazgos legítimos o artificiosamente creados, con organizaciones fragmentadas y oportunistas, manipular y mentir para confrontar y desviar la atención de la vigencia del bien común hoy.

No es casual que el 61% califiquen de “mala” la actuación de la oposición política. Ante la carencia de solidez y la imposibilidad de obtener el voto favorable, la simpatía o apoyo de la mayoría, lo más fácil es pretender desacreditar y desconocer a priori la inminente victoria sandinista.

Visión esperanzadora

El sandinismo ha sabido, de manera consistente y demostrable, hacer bien el bien común por lo que el 69% ve en esta organización política esperanza, el 72% tranquilidad y seguridad. Superar los estragos del fracasado golpe de 2018 (cuyas acciones violentas, destructivas y tranques son rechazadas por el 86% de la población), las amenazas, sanciones y acciones hegemónicas imperialista y de sus adeptos, la inesperada pandemia que sembró incertidumbre en el mundo.

El emblemático líder sudafricano Nelson Mandela dijo: “Derribar y destruir es muy fácil. Los héroes son aquellos que construyen y trabajan por la paz”. Esos son los heroísmos victoriosos a mostrar.

Las adversidades y desastres han sido enfrentados con dignidad y sensatez, con la participación popular, con compromiso y solidaridad, que como escribió Eduardo Galeano “la solidaridad es horizontal e implica respeto mutuo”, a diferencia de la caridad que es “humillante porque se ejerce verticalmente desde arriba”.

La gestión pública ha sido sólida, compatible al bien común. No es casual que el 63.5% esté satisfecho con el funcionamiento de la democracia, el 82% reconoce que el gobierno trabaja por los intereses de la población en general. El 84% piensa que el sandinismo tiene capacidad para resolver los problemas que enfrentamos. Tres de cada cuatro cree que la dirección del presidente Daniel Ortega ha sido correcta. El 76% ve en el gobierno esperanza, el 82% reconoce que en los últimos catorce años el país ha progresado.

La estrategia de mentir, descalificar y tergiversar, de obviar los éxitos, de crear falsedades para desinformar, manipular los instintos y emociones, es insostenible, aunque se sustente de lo virtual y goce de financiamiento para desestabilizar. El ciudadano nicaragüense comprobará con serenidad la evidencia, en la proximidad de su comunidad, en la realidad del entorno inmediato, en el vínculo de su necesidad con la acción política institucional, la incompetencia de este tipo de oposición que, al carecer de argumentos, programas, liderazgos y organización, se refugia desesperada y fragmentada en la superficialidad inconsistente y en la subordinación política externa vergonzosa. Frente a la calumnia y la campaña descalificadora, hablar de los éxitos con alegría, divulgar la esperanza, compartir la solidaridad.

Más temprano que tarde prevalecerá la verdad en la comunidad internacional frente al acoso intimidatorio bullying orquestado en contra de Nicaragua, volverá el reconocimiento al derecho de continuar mejorando la calidad de vida de los nicaragüenses y superar desde nuestra capacidad, las adversidades y retos.

La gestión política es humana y como tal, perfeccionable, en este entorno incierto y cambiante el camino es participación y organización social activa, no solo como “simples electores” sino movilizados como sujetos y comunidades que determinan y construyen su destino, participan y se benefician con equidad y solidaridad, son parte del proceso al lograr que se exprese en ello el interés general, las necesidades y aspiraciones colectivas.

Frente a la prevalencia de una visión esperanzadora en el pueblo digno y heroico de Nicaragua, el 70% ve, para los próximos cinco años, un futuro de estabilidad, seguridad y progreso económico, la estrategia victoriosa es y continuará siendo: hacer bien el bien común.

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