Hay que recuperar los valores y el lenguaje del periodismo Por María Clara Olmos | Agencia de Noticias de Ciencias de la Comunicación (ANCCOM)

Hay que recuperar los valores y el lenguaje del periodismo Por María Clara Olmos | Agencia de Noticias de Ciencias de la Comunicación (ANCCOM)
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Stella Calloni es una escritora y periodista especializada en política internacional, ampliamente reconocida por sus trabajos de investigación sobre las dictaduras latinoamericanas, por su desempeño como corresponsal de guerra en Centroamérica y por las entrevistas a figuras políticas de suma relevancia como Hugo Chávez y Fidel Castro. Pero, tal como ella se define –y de allí emerge– es “poeta antes que ninguna otra cosa”. Autora de una obra poética tan profunda como las raíces mismas del continente, en cada verso vira desde el más sentido dolor al más tierno de los amores, como quien salta de piedra en piedra con la correntada debajo.

Nacida en 1935 en Pueblo Leguizamón, una pequeña localidad fundada por su propio abuelo y ubicada en el noroeste de Entre Ríos (provincia en el noreste de Argentina, entre los ríos Paraná y Uruguay), Calloni recuerda siempre las asperezas –pero también las bellezas– de la vida en el monte. Hija de una maestra rural y heredera de la incomodidad frente a las injusticias, dejó su tierra natal a corta edad para finalizar sus estudios en Buenos Aires. De allí en adelante, su vida fue la de una trashumante, siempre atravesada por las coyunturas políticas de la región. En estos tiempos de pandemia y en un hueco entre sus compromisos, Stella Calloni se incorpora al Zoom y cuenta entre sonrisas: “Hay un aprendizaje permanente, yo a los 85 años sigo aprendiendo. Lo que hace joven a una persona es eso: la capacidad de aprendizaje y la capacidad de asombro”.

¿Cuándo empezó a escribir poesía?

Yo hacía poemas desde muy chica y mi mamá los guardaba. Hay algo nato para que de repente un niño sea extremadamente sensible frente a determinadas situaciones. Me podía pasar horas siguiendo los caminos de las hormigas: me parecía portentoso esos animalitos chiquitos llevando unas hojas enormes, caminando y caminando. Esa capacidad de observación no la podes tener en una ciudad, donde todo es ruido, afán y la carrera hacia la nada. Yo le hice mucho caso al tema de la poesía. Una de las primeras poesías que hice, cuando tenía 11 o 12 años, fue «Los Hacheros»: yo veo ahí una raíz. “Ya se van hacia el monte, metidos en estrías de luz, a la espesura, los hacheros, Galván, el Mocho y tanto, una larga fila de hombres cargados con un hacha y un cansancio de lunas y esperanzas”. Lo leo y no puedo creer que escribiera eso en ese momento. Teniendo esas características como niña, como joven, como persona, era obvio que yo me iba a tratar de meter en el trabajo social, en la política, en todo lo que estaba pasando.

¿Qué es para usted la poesía?

La poesía tiene mucho que ver también con la forma de vivir.  Poeta es quien puede mirar bajo el agua, aunque el agua esté sucia. Yo uní esa mirada de la poesía con la del investigador periodístico: encontrás un hilo perdido por ahí y ese hilo te lleva, te lleva y te lleva. Ese trabajo del investigador tiene mucho que ver con el mundo de la poesía porque vas eternamente descubriendo una cosa encima de la otra. A mí me sirvió mucho para el periodismo pero si hubiera podido elegir, hubiese elegido la literatura. Yo no suelo usar la poesía como un instrumento político, no me propongo eso: yo escribo lo que estoy sintiendo. En mis notas (periodísticas) escribo lo que quiero políticamente y en mi poesía lo que yo siento que es poesía, donde yo estoy bailando con el remolino de tierra.

Una vida movilizada por la política

Si bien Calloni no se propone un fin político, su poesía es sin duda un reflejo muy sentido de su historia, que es a su vez la historia política de latino y centroamérica. Desgarrada por el terror y resurgida al ritmo de su poesía, Calloni escribe: “El trashumante / siembra en su camino / todas las cóleras / mieles y ternuras”. De sus vivencias –permanecer un año escondida en la selva paraguaya durante la dictadura de Stroessner, el exilio político, la invasión norteamericana en Panamá y más– y de su humanísima sensibilidad derivó una percepción política de profunda lucidez.

¿Qué análisis hace de la política en la región?

Ha habido muchos cambios, creo que es un momento único en la historia. No podemos seguir repitiendo las mismas cosas que repetíamos hace 20 años. Tenemos que tener la cabeza más abierta que nunca porque si seguimos sin madurar políticamente, si permanecemos amurallados en nuestras ideas básicas, sin pensar en todo lo que ha ido cambiando, nos puede traer problemas gravísimos. Este cambio profundo, por ejemplo, de que los golpes de Estado en nuestra América en este siglo fueron resistidos y vueltos atrás en tan poco tiempo: en 72 horas a Chávez en 2002, impedir el golpe en Bolivia en el 2008 y derrotar otro golpe en 2020, Ecuador en 2010. Por otro lado, Estados Unidos pudo en Honduras y Paraguay porque ahí tienen bases militares y en Brasil porque hace muchos años que están enquistados y ha habido un descuido de los políticos brasileños en ese movimiento evangélico que no es ni evangélico ni religioso, sino que son personas entrenadas para que, usando su estamento y su verborragia, fueran ganando en lugares muy pobres, enriqueciéndose a partir de los pobres del continente. Cuando estudiamos las cuestiones políticas y no enfocamos la realidad existente, no podemos construir nada porque nuestras teorías políticas si no se alimentan con la realidad son falsas o por lo menos débiles.

Se habla mucho de una nueva oleada progresista: ¿se puede pensar en la posibilidad de que se desarrolle un panorama similar al que se inició con Chávez en 1999?

Hay que pensar qué pasó después de aquel tiempo que vivimos con estos presidentes que fueron paridos por los pueblos que se organizaron, que salieron espontáneamente contra el neoliberalismo, contra los ajustes, algo que se dio de manera muy auténtica, muy profunda.  Ahora estamos viendo los pueblos resistiendo en todas partes: salen con dirigencia o sin dirigencia. Si revisás cualquier país todo te da un panorama de fuerte lucha donde lo que quedó sembrado del periodo anterior –donde los pueblos se pudieron expresar– unido a la imaginación normal del latinoamericano te da una fuerza portentosa. El camino por el que puede optar la región puede ser el de la recuperación de lo que se había logrado construir en su momento. Pero hay que saber contra quién estamos luchando. Ya no sirve seguir alimentándonos con la idea de que todo lo que nos pasa es doméstico: acá no estamos luchando contra Mauricio Macri, sino contra algo muy poderoso que hace posible que Macri o (Jair) Bolsonaro existan en América Latina o un Orlando Hernández en Honduras. El tipo de oligarquía que nosotros enfrentamos en su momento está prácticamente desplazada: esos lugares ahora los ocupan estos gerentes de grandes empresas, avorazados, que solo conocen el dinero, que no tienen ningún tipo de sentimiento de patria ni de pertenencia, que trabajan para la potencia dominante. A partir de ese momento ya no son una derecha nacional. Hay coaliciones armadas, financiadas y manejadas desde Estados Unidos. Tenemos que empezar a estudiar estos procesos, creo que llegó el momento.

¿Cómo se enfrentaría esta política de Estados Unidos en Latinoamérica?

Yo estudio la política norteamericana desde hace 60 años porque sé que nosotros dependemos de ellos. Si no entendemos lo que significa la política de este país hacia América Latina no entendemos la realidad. Nada va a ser lo mismo después de esta pandemia y de esta crisis porque se están consolidando otras potencias en el mundo como China, la Federación Rusa y otros países que han roto con el unilateralismo con el que actuaba Estados Unidos. Esto a nosotros nos beneficia mucho porque mantenemos un equilibrio que se había roto. En este momento, esta lucha no la hacemos solos: ya no estamos tan solos y tan abandonados a nuestra suerte, y aun estando de esa manera –como en el periodo anterior– produjimos esos levantamientos contra el neoliberalismo. La presencia del pueblo en las calles fue imprescindible: la de los nuevos protagonistas que se incorporaron, los movimientos sociales o los movimientos indígenas que están obligándonos a cambiar un pensamiento cerradamente inútil en una América Latina que tiene otra construcción en su población.

¿Qué ocurre con este dispositivo del “fraude”, utilizado para inventar un golpe o perpetuar el poder ilegítimamente?

Era tan cantado que (Donald) Trump iba a usar el tema del fraude que lo empezó a decir hace mucho tiempo, como hicieron con Evo: habían instalado en los medios de comunicación, día por día, que Evo iba a hacer fraude. Cuando vieron que estaba empezando a ganar el MAS, rápidamente la OEA dijo que había irregularidades. Es igual que lo que está pasando en Estados Unidos: no hay irregularidades, allí siempre se votó por correo, siempre. Ya había dicho que iba a haber fraude porque ellos estaban preparando lo que están haciendo ahora: hacer que mucha gente crea que le van a quitar el voto. Cuando Estados Unidos perdió la guerra de Vietnam, la perdió moralmente primero en el país cuando se empezaron a levantar todos en contra. A partir de entonces dijeron “nosotros tenemos que ganar las mentes y los corazones”: esa es una expresión de su doctrina. ¿Cómo ganaban las mentes? Apropiándose de la mayoría de los medios de comunicación y haciendo una guerra sistemática sobre nuestras cabezas y las de sus propios pueblos. Así llegamos a donde estamos.

Se están viendo los resultados…

Sí, hay terrorismo mediático, terrorismo medioambiental: son terroristas las acciones que se producen. Están atentando contra toda posibilidad del futuro, de todos, de la vida. No hay animal que destruya su hábitat: el hombre sí. No solo destruye su propio hábitat sino el de todo ser viviente. Hay muchos temas que hay que tratar y que están muy escondidos muchas veces. Entonces yo me pregunto: ¿por qué nos pasamos tantas horas con la agenda del macrismo? ¿Por qué no rompemos con eso? Si nosotros rompemos con eso, ellos no pueden instalar ninguna agenda. No están porque sean poderosos, sino porque  hemos renunciado a la imaginación: nosotros, los latinoamericanos, somos una síntesis de pueblos originarios, de europeos, de asiáticos, de árabes. Somos el único continente tan complejo en ese sentido y eso nos ha dado una capacidad muy grande de imaginar y no someternos a cualquier cosa, eso es algo muy importante para nosotros. (Zbigniew) Brzezinski decía: “Si no se vence la cultura de los latinoamericanos, nunca los vamos a convertir en vasallos”. Que nosotros tuviéramos esta cuestión cultural es lo que ha mantenido a los pueblos originarios a través de los tiempos, si no con todo lo que han hecho no tendría que haber ni un originario en el mundo porque vinieron a exterminarlos, pero quedó la cultura.

Testimonios de un periodismo comprometido

«¿Por qué escribo estos versos / al borde de las emboscadas / sintiendo en mis espaldas / el aliento de los asesinos (…)?, se pregunta en uno de sus poemas. En su misma obra poética brinda una respuesta: Mi cuerpo alberga / la fortaleza de los guerreros / el perfume de las cimas / y la humedad del vértigo / de los abismos». El miedo y el coraje la han constituido en una de las más comprometidas periodistas del país.

¿Cuál es el rol del periodismo actualmente en todo esto?

Tenemos que educar a la población a través del periodismo. Hay que recuperar los valores y fundamentalmente el lenguaje. ¿En qué lenguaje les estamos hablando a nuestros pueblos? Si yo le digo “vino un CEO para hacer fracking”, es mejor decirle “vino un gerente para excavar, explorar a fondo y sacar el petróleo”: recuperar el lenguaje es recuperar la cultura. Cuando perdés el espíritu, los valores intrínsecos a un ser humano, ya te han convertido en una especie de robot que va por el mundo sin más. Tenemos que repensarnos a nosotros mismos ahora y no sólo políticamente, sino como seres humanos en un periodo histórico donde hay sectores que quieren destruir lo mejor de la humanidad.

¿Y el de las nuevas generaciones de periodistas?

Las nuevas generaciones deben ser muy creativas porque no es solo la manipulación y la desinformación, hay una desculturización temible y estamos educando a una población para aplaudir la colonización de nuestros países. Nosotros todavía no somos independientes: sólo podremos hablar de una democracia seriamente cuando no pase que quieras tomar una medida en favor de tu pueblo y desde los medios te planten unas campañas espantosas que te lo impidan, pero que además utilicen a esa población que previamente han desculturalizado y desconscientizado por medio de los entretenimientos feroces. Estamos subsistiendo a una dictadura mediática a nivel mundial. Acá ahora se oponen a la vacuna rusa como si fuera comunista, eso es de un atraso increíble, no es coherente con la realidad. Llevaron a una población a expresarse contra algo que no existe. Pongámonos firmes para erradicar todo eso: sacarse de encima todas esas enseñanzas, todas las mentiras, volver a recuperar el periodismo como un derecho humano de los pueblos a recibir una información veraz es liberador. Si vos al pueblo le estas mintiendo lo podés hacer incluso elegir a sus propios verdugos, los que van a ejecutar leyes que van a destruir una sociedad justa. Yo creo que la juventud tiene en sus manos cambiar muchas cosas

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