La «diplomacia de coerción» es la patente de Estados Unidos China Radio International (CRI)

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Los funcionarios estadounidenses han tergiversado repetidamente en público las contramedidas legítimas de China contra Lituania como “diplomacia coercitiva”. Este es un cálculo político de la parte estadounidense para cooperar con el complot de “controlar China a través de Taiwán”. La “diplomacia coercitiva” demuestra la hipocresía y el engaño de la “expresión de intimidación” estadounidense.

La traición y el socavamiento del principio de una sola China por parte del gobierno lituano han sido ampliamente criticados y rechazados por la comunidad internacional. Recientemente, el presidente lituano, Gitanas Nauseda, señaló que fue un “error” permitir que Taiwan abriera una oficina de representación en Vilna usando el nombre de Taiwan y urgió a actuar para volver al principio de una sola China. Esto demuestra plenamente que Lituania cometió errores graves en sus relaciones con China primero y que China tomó contramedidas razonables y legales después. Estados Unidos calificó las medidas legítimas de China para salvaguardar la soberanía nacional como “diplomacia coercitiva”, comportándose como un ladrón que llama a atrapar a un ladrón.

Mirando a la historia, no es difícil encontrar que la “diplomacia coercitiva” es una patente de Estados Unidos. Ya en 1971, Alexander George, profesor de la Universidad de Stanford en los Estados Unidos, propuso por primera vez el concepto de “diplomacia coercitiva” para resumir la política estadounidense hacia Laos, Cuba y Vietnam en ese momento. El núcleo de este concepto es utilizar la amenaza de la fuerza, el aislamiento político, las sanciones económicas, el bloqueo tecnológico, etc., para obligar a otros países a obedecer los requisitos de Estados Unidos, a fin de lograr sus objetivos estratégicos y mantener su posición hegemónica.

Desde obligar al gobierno militar haitiano a dimitir en 1994, hasta asignar en 2003 los 30.300 millones de dólares adicionales en gastos militares para sostener “diplomacia coercitiva”, y luego el hecho de que los funcionarios estadounidenses admitieron francamente que su política hacia Irán es solo “coerción”, Estados Unidos ha adoptado acciones una y otra vez a lo largo de los años, brindando al mundo un caso clásico de “diplomacia coercitiva”.

Hace apenas una semana, el Departamento de Estado de EE. UU. anunció la imposición de restricciones de visa a ocho funcionarios cubanos, ignorando las resoluciones que piden el fin del embargo contra Cuba aprobadas en la Asamblea General de las Naciones Unidas durante 22 años consecutivos. ¿Esto no es “diplomacia coercitiva”?

Además, con el fin de mantener la hegemonía económica y tecnológica, Estados Unidos ha hecho todo lo posible para reprimir a competidores como la francesa Alstom y la japonesa Toshiba, coaccionar a TSMC, Samsung y otras empresas para que entreguen los datos de la cadena de suministro de chips e inventar el Incidente de Meng Wanzhou en un intento de suprimir las empresas chinas de alta tecnología… Todas estas malas acciones demuestran que el mundo ha sido “coaccionado” por Estados Unidos durante mucho tiempo.

Para Estados Unidos con genes hegemónicos, la “diplomacia coercitiva” es un arma inseparable en su caja de herramientas. Sin embargo, en la era de la globalización que persigue el multilateralismo y el beneficio mutuo, no hay salida para la “diplomacia coercitiva”. El exsecretario de Estado de EE. UU. Arnold Kanter admitió una vez que la “diplomacia coercitiva” parece ser capaz de lograr importantes objetivos estratégicos a bajo costo, pero hay pocos ejemplos de que sea realmente eficaz.

La comunidad internacional puede ver claramente quién está “coaccionando” al mundo y quién está socavando el orden internacional y las reglas multilaterales. Los países soberanos, grandes o pequeños, fuertes o débiles, tienen el mismo estatus en el derecho internacional. Las empresas operan y se desarrollan de acuerdo con las reglas del mercado, y nadie está dispuesto a aceptar la coerción y ser una herramienta política. Estados Unidos no puede ser verdaderamente poderoso apoyándose en la “diplomacia coercitiva”, sino que se aislará cada vez más del mundo y seguramente fracasará.

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