La OTAN salió del armario Editorial | Strategic Culture Foundation

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Rusia y China, al mantenerse firmes, pueden ser suficientes para empujar al eje estadounidense a la tumba que se merece.

Finalmente, la alianza militar liderada por Estados Unidos llamada OTAN ha hecho explícitas sus ambiciones de guerra fría global. Por fin, la organización belicista ha salido del armario engañoso en el que se ha escondido durante muchos años. Y, por lo tanto, a partir de ahora, que sea condenada por todas las personas bien pensantes del mundo.

En una cumbre celebrada en Madrid la semana pasada, la Organización del Tratado del Atlántico Norte dio a conocer un nuevo Concepto Estratégico que declaraba a Rusia como una “amenaza directa” y a China como un “desafío” a “nuestros valores e intereses”. ¿Cuáles son exactamente esos valores e intereses? El belicismo y la dominación.

La última vez que la OTAN publicó un documento estratégico fue en 2010. En aquel entonces, Rusia fue descrita como un “socio” y China ni siquiera fue mencionada.

Durante la última década, el bloque militar dominado por Estados Unidos ha adoptado cada vez más una política hostil tanto hacia Rusia como hacia China. La búsqueda de una nueva guerra fría ha sido implacable y en gran medida implícita. Ahora, sin embargo, el eje liderado por Estados Unidos está declarando abiertamente su hostilidad.

Los 30 miembros de la OTAN han invitado formalmente a dos nuevos estados europeos a unirse a sus filas, Finlandia y Suecia. Los dos países nórdicos ponen fin a décadas de neutralidad nominal en lo que sólo puede verse como un movimiento de provocación calculado contra la seguridad nacional de Rusia. Los nuevos miembros duplicarán la frontera terrestre de la OTAN con Rusia y aumentarán la ya floreciente presencia de la alianza con armas nucleares en la región del Ártico.

Moscú ha advertido contra esta expansión de la OTAN por considerarla una desestabilización gratuita del equilibrio estratégico. El hecho de que el bloque siga adelante con la expansión habla de la temeraria indiferencia hacia los esfuerzos por encontrar la seguridad mutua y mantener la paz internacional.

La cumbre de la OTAN en Madrid también dejó claro que el eje militar liderado por Estados Unidos está adoptando una postura de guerra contra China. ¿Por qué, si no fuese así, una organización atlántica invitaría a asistir por primera vez a cuatro naciones del Pacífico que se han hecho cada vez más eco de la retórica estadounidense contra China? Los líderes de Australia, Nueva Zelanda, Japón y Corea del Sur estaban en Madrid para formar los llamados “Cuatro de Asia-Pacífico” (AP4).

Vasallos o enemigos

Al igual que con el Diálogo Cuadrilateral de Seguridad, o Quad, liderado por Estados Unidos, y el pacto AUKUS (Australia, Estados Unidos, Reino Unido), el Pacífico se está convirtiendo en una zona de combate de la OTAN dirigida contra China, de la misma manera que el Atlántico está dominado por la hostilidad de la OTAN hacia Rusia. En última instancia, son Estados Unidos y sus intereses imperiales los que están siendo atendidos y los que dan la pauta. Esto es lo que realmente significa el encantamiento vago y aparentemente benigno de “nuestros valores e intereses”.

Esta culminación en 2022 es coherente con el papel histórico de la OTAN. Se formó en Washington en 1949 como un instrumento ofensivo para la agresión estadounidense contra la Unión Soviética. La ideología de suma cero del imperialismo estadounidense se basa necesariamente en la hegemonía y la dominación. Los demás países son vasallos o enemigos. Un mundo multipolar de asociación mutua es un anatema. De hecho, el propio concepto de las Naciones Unidas es un anatema. El mundo debe ser demarcado en “aliados y enemigos” para que el capitalismo militarista estadounidense sobreviva.

Cuando la anterior guerra fría con la Unión Soviética terminó en 1991 por el colapso político y económico de la URSS, la euforia inicial de la supuesta victoria estadounidense se disipó rápidamente. El autor y comentarista John Rachel analiza cómo la vertiginosa palabrería sobre el fin del militarismo y el excesivo gasto militar y la anticipación de un masivo y transformador “dividendo de la paz” fueron dejados de lado con demasiada crudeza. ¿Por qué? Porque los gobernantes estadounidenses y sus vasallos de la OTAN se dieron cuenta de que sin el militarismo y la guerra se acababa el juego para su chantaje capitalista corporativo.

Surgió entonces la Doctrina Wolfowitz y el “dominio de espectro completo”, por el que Estados Unidos y sus secuaces europeos declararon literalmente la guerra al planeta para acaparar los recursos naturales y mantener bajo control a las potencias percibidas como competidoras. Una Rusia renaciente y una China ascendente no se tolerarían por ser impedimentos a las ambiciones hegemónicas estadounidenses.

Orgía bélica

En los últimos 30 años, desde el final de la primera guerra fría, se ha producido nada menos que una orgía de belicismo de Estados Unidos y la OTAN en la que las naciones más débiles, una tras otra, han sido destruidas por el militarismo dirigido por Estados Unidos. El derecho internacional y los derechos humanos han sido destruidos y saqueados por una guerra relámpago dirigida por Washington contra el planeta.

Las personas con principios, como Julian Assange, que han denunciado esta criminalidad, han sido perseguidas y torturadas. La libertad de expresión y el auténtico pensamiento crítico independiente han sido acosados y aniquilados.

Con increíble hipocresía, arrogancia y engaño, el presidente estadounidense Joe Biden y otros cómplices de la OTAN exaltan los principios de la democracia, el orden basado en reglas y el derecho internacional, cuando la verdad es que Estados Unidos y sus lacayos de la OTAN son los enemigos de la paz mundial.

Martin Luther King hizo una observación similar hace casi 60 años. Posteriormente fue asesinado por el estado de seguridad nacional de Estados Unidos.

Washington y sus cómplices occidentales o del Pacífico son la mayor amenaza para todo lo que supuestamente, cínicamente, aprecian. Estados Unidos y su pandilla de lacayos imperialistas en la OTAN han estado anhelando una nueva guerra fría durante las últimas tres décadas.

Cuando la Federación Rusa, bajo el liderazgo del presidente Vladimir Putin, desafió el unilateralismo de la nación canalla estadounidense y sus sátrapas con su histórico discurso de Múnich en 2007, quedó marcada como enemiga.

La intervención militar de Rusia en 2015 para ayudar a Siria –bajo el ataque de Estados Unidos y la OTAN en una guerra encubierta para el cambio de régimen– puso fin a la orgía del gansterismo imperialista dirigido por Estados Unidos. Ese golpe marcó aún más a Rusia como un “enemigo” con el que había que lidiar.

La línea roja de Moscú y Pekín

El golpe de Estado de Washington y la OTAN en Ucrania en 2014 fue otro acontecimiento decisivo. Fue una expansión de facto de la OTAN hasta las fronteras de Rusia con una punta de lanza nazi. ¿Podría ser más provocativo? Pero Moscú trazó la línea roja. A pesar de los reiterados llamamientos a la resolución diplomática sobre Ucrania y la expansión de la OTAN, Rusia se vio obligada a tomar “medidas militares técnicas” neutralizando la amenaza que suponía el régimen de Kiev.

También China ha demostrado audazmente que no está dispuesta a subordinar su independencia al mandato imperial de Washington. Por ello, Washington está abandonando caprichosamente su política de medio siglo de una sola China con el propósito ulterior de enemistarse con Pekín. La provocación hacia Rusia en forma de una Ucrania armada por la OTAN es la misma moneda que la provocación hacia China con un Taiwán armado por Estados Unidos y un creciente cerco de la OTAN en Asia-Pacífico.

Evidentemente, y sin recurrir en absoluto a la hipérbole, se puede decir que la cumbre de la OTAN de esta semana ha sido equivalente a una conferencia de planificación de la guerra. El eje liderado por Estados Unidos ha creado una nueva guerra fría global.

Eso en sí mismo es condenable. En un mundo acosado por las pandemias, las enfermedades, la degradación ecológica, la pobreza, el hambre y el desempleo, las potencias capitalistas están canalizando miles de millones en máquinas de guerra y azuzando una fiebre de confrontación basada en el alarmismo, la fobia y la demonización.

Su mentalidad es demoníaca. El imperialismo dirigido por Estados Unidos ha creado gran parte de las crisis actuales del mundo, incluida una nueva guerra fría. Sin embargo, el mundo ha cambiado drásticamente desde que se fundó la OTAN hace 73 años o incluso desde que terminó la última guerra fría hace unas tres décadas.

En efecto, existe un terrible peligro de guerra caliente catastrófica. Sin embargo, también existe el peligro de que la OTAN cave su propia tumba por sus actividades criminales y sus deplorables contradicciones. Rusia y China, al mantenerse firmes, pueden ser suficientes para empujar al eje estadounidense a la tumba que se merece.

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