La traición de las élites rusas es un riesgo mayúsculo Por Anna Shafran | RT edición en ruso

La traición de las élites rusas es un riesgo mayúsculo Por Anna Shafran | RT edición en ruso
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“La nueva sinceridad” fue inventada por los tecnólogos políticos para atraer a los ciudadanos cansados del lenguaje políticamente correcto. Pero el proyecto hace tiempo que superó sus límites y ahora la nueva sinceridad -sin comillas- es la norma absoluta de los políticos de todos los países. Y muestra muy bien quién es quién y qué tiene detrás.

Por ejemplo, en el caso de Ucrania, la nueva sinceridad se expresa en llamamientos sanguinarios, palabrotas en carteles y sellos postales y blasfemia y satanismo descarados cuando declaran que sus ataques en territorio ruso son una “intervención divina”.

Para los “diplomáticos” europeos, la nueva sinceridad es llamar a la guerra al último ucraniano. Al parecer, durante siglos ha sido habitual que los militares hagan la guerra y los diplomáticos negocien la paz, pero eso es todo, se puede olvidar. Así como el trato respetuoso al enemigo –en los mismos medios de comunicación ucranianos la palabra “Rusia” se escribe con minúscula. También es comprensible el trato respetuoso a los prisioneros y el cumplimiento de las Convenciones de Ginebra firmadas por Ucrania. Pero aquí no son los primeros, los de Hitler lo fueron antes.

No es de extrañar que también haya más franqueza por nuestra parte. Por ejemplo, el Secretario del Consejo de Seguridad de la Federación Rusa, Nikolay Patrushev, en su entrevista a Rossiyskaya Gazeta, habló muy abiertamente sobre el futuro de Ucrania: “El resultado de la política de Occidente y del régimen de Kiev bajo su control sólo puede ser la ruptura de Ucrania en varios estados”.

Y sobre nuestros antiguos “socios” estadounidenses (¡qué bueno que esa palabra ya no se use oficialmente!) Patrushev también habló con bastante franqueza: “Los estadounidenses están acostumbrados a caminar sobre tierra quemada. Desde la Segunda Guerra Mundial, ciudades enteras han sido arrasadas por bombardeos, incluidos los nucleares. Vertieron veneno en las selvas vietnamitas, bombardearon a los serbios con munición radiactiva, quemaron vivos a los iraquíes con fósforo blanco, ayudaron a los terroristas a envenenar a los sirios con cloro. No creo que la vida de los ucranianos preocupe a Estados Unidos, que ha demostrado repetidamente su naturaleza agresiva y antihumana.

Por lo tanto, es obvio que el objetivo de Rusia en la actual confrontación no es sólo y no tanto lograr la desnazificación y desmilitarización de Ucrania. No es un objetivo, sino una tarea aplicada.

Salvar a Occidente de sí mismo

Y nuestro objetivo, como siempre, es remodelar el injusto orden mundial y salvar a Occidente de sí mismo. Así fue en 1812, cuando Napoleón invadió Rusia a la cabeza de Diez Lenguas. Así fue en 1941, cuando la Unión Soviética recibió un golpe de las hordas hitlerianas, que incluían representantes de casi todos los países europeos.

Algunos dirán que en 1812 y 1941 los anglosajones estaban de nuestro lado, ¡pero por supuesto que no! En todo momento estuvieron únicamente de su lado. Por cierto, durante las guerras napoleónicas, Gran Bretaña luchó contra Estados Unidos e incluso tomó e incendió Washington en 1814, por si alguien lo ha olvidado.

Y el infame Lend-Lease (Préstamo y Arriendo, en este caso de armas y equipos de combate) durante la Segunda Guerra Mundial, del que tanto presumen, no era más que una forma de proporcionar pedidos a las fábricas estadounidenses, y Rusia lo estuvo pagando hasta 2006. De nuevo, por si alguien lo ha olvidado.

Ahora el Occidente unido, el “imperio de la mentira”, esperaba aplastarnos al instante, pero calculó mal, como siempre. Rusia toleró durante mucho tiempo, demostró su disposición a acordar líneas rojas, pero por alguna razón EEUU decidieron que eran ellos los que ganaban la guerra fría y que no había nada que acordar. Aunque es obvio para cualquier investigador imparcial que la contribución de EEUU a la caída de la URSS fue mínima, así como la contribución de los servicios de inteligencia británicos y alemanes a la caída del imperio ruso en 1917. Por desgracia, lo hicimos todo nosotros.

Así que ahora no hay la menor duda de que nuestra causa es correcta. Y no importa cuántos miles de millones destinen los estadounidenses y sus satélites a armar a Ucrania, esto sólo conducirá a más sufrimiento para el pueblo ucraniano y a beneficios adicionales para la industria militar estadounidense. No podrán aplastarnos en el campo de batalla, especialmente con las manos de otros, y tienen mucho miedo de involucrarse ellos mismos.

Pero el riesgo de traición por parte de las élites se mantiene. Otro traidor, que ocupaba un alto cargo en uno de los principales bancos, se ha desmarcado recientemente y ha contado lo avergonzado que estaba por trabajar para Rusia desde 2004. Sufrió, pero trabajó, dirigió el banco, recibió el salario y las primas, y sólo después del 24 de febrero huyó del país.

Supongo que hay muchos “sufridores” de este tipo y no todos expresan públicamente sus sentimientos y pensamientos. Esto significa que hay que identificarlos y alejarlos de cualquier posibilidad de influir en las decisiones importantes.

Estoy segura de que ahora que el pueblo apoya masivamente a su ejército y a su presidente, tenemos todas las oportunidades de movilizar y nacionalizar de verdad a las élites para que aquellos para quienes el patriotismo es un sonido vacío, vayan a buscar a Anatoly Chubais (ex funcionario de primer nivel; uno de los mayores responsables del saqueo de las empresas públicas de Rusia en los años 90, quien huyó de Rusia en marzo), o mejor aún, a Alexei Ulyukaev (ex funcionario, acusado y condenado por corrupción) y Mijail Abyzov (también ex funcionario y preso por corrupción). Y entonces Rusia saldrá de la actual prueba no sólo victoriosa, sino renovada y mucho más fuerte que antes. No hay la menor duda al respecto.

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